RÍO URUGUAY, EL DE LA VIDA QUE YA NO ES

Este es un viaje sin tiempo de un niño en las aguas de la vida que fueron las del río Uruguay, hoy condenado a una lenta e inexorable extinción por, en primer lugar, las represas brasileñas, luego por Salto Grande y quizás también por Botnia. Un viaje de quien llegaría a ser un alto funcionario nacional y que siguió añorando lo que ya no será. Las razones del profundo daño están detalladas en la segunda mitad del artículo. El autor, que tiene casi la edad de Pepe Mujica, podría dedicar este bello texto al presidente oriental, hermano de la otra orilla. Un paseo para disfrutar y sufrir por lo perdido.
Por Héctor H. Dalmau (*)
Mamá preparaba a sus cinco hijos para entregarlos limpitos y almidonados a papá cuando, en aquellas mañanas de sábado, los llevaba al puerto, de la Concordia natal. El sólo hecho de llegar, de ver sus instalaciones y la costa uruguaya con sus cerros, así como las playas y las aguas azules, representaban a mis siete u ocho años un cuadro de bellezas que jamás podría olvidar.
Recorrer las ocho cuadras que separaban a nuestra casa del puerto, hacía que con cada paso palpitaran más rápidamente nuestros corazones. Es que en ese puerto íbamos a encontrarnos con el vapor de pasajeros que recorriendo el río Uruguay unía nuestra ciudad con Concepción del Uruguay y Buenos Aires.
Y lo que realmente nos fascinaba era que veríamos acuatizar al hidroavión, que luego de las maniobras de descarga y carga de pasajeros, volvía a despegar, con las aguas divididas que se elevaban a sus costados hasta casi taparlo, carrera excitante por el rugir ensordecedor de los motores que era mayor en el despegue. Realmente, espectacular.
Actualizado (Jueves, 29 de Julio de 2010 09:38)
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