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GRANDES DEUDAS - EDUCACIÓN

Toda una lección del destacado periodista y querido compañero del diario Clarín de otros tiempos, sobre la incapacidad del gobierno de Mauricio Macri para entender que convenio significa "venir con" que es lo que emana de la ley de Financiamiento Educativo y no  imponer su voluntad  como pretende.

Por Carlos Eichelbaum

La excusa para la intransigencia gubernamental frente a la reiterada y gigantesca protesta docente (NdE: alusión a la marcha del martes 28/3/17) parece resumirse en una diferencia de interpretación -de "comprensión de textos"- de la formulación del artículo 10 de la Ley de Financiamiento Educativo. Vaya la pregunta:

¿Exige o no la constitución y desarrollo de una "paritaria nacional docente" con la participación del Gobierno nacional, el Consejo Federal de Educación y los sindicatos de nivel nacional que representan a los maestros?

El Gobierno sostiene que esa paritaria nacional, que se venía reuniendo todos los años desde la propia promulgación de la ley 26.075 -en enero de 2006- incluso en 2016, el primer año de gestión macrista, fue un mero ejercicio de hecho, pero no una exigencia de derecho.

Sostiene además que sería inútil reunirla porque cumplimenta con la obligación, que sí reconoce en el texto legal, de establecer un salario mínimo para los docentes de todo el país mediante el recurso de fijarle una cifra dinámica equivalente al 20 por ciento del salario mínimo vital y móvil vigente en cada momento.

Es contundente, por el contrario, la opinión unitaria de los gremios docentes nacionales de que la paritaria nacional del sector es una obligación fijada por le ley, única herramienta capaz de garantizar un piso salarial digno para los maestros de cualquier lugar del país en el momento de discutir el tema en cada distrito provincial.

La irrevocabilidad del desacuerdo quedó patentada en la simultaneidad entre la más multitudinaria marcha docente de la que se tenga memoria, el miércoles, y la comparecencia del jefe de Gabinete Marcos Peña a la Cámara de Diputados para desafiar, frente a los reclamos opositores, que "no mientan más, la ley no habla en ningún lado de paritarias".

Paralelamente, Macri y sus ministros vinieron agitando teatralmente supuestas pruebas del desastre, sobre todo para la "compresión de textos", que brindaría la educación pública en la Argentina, esa en la que se ven obligados a "caer" los pobres -con cuya condición, claro, el Presidente no dice tener nada que ver- en lugar de, por ejemplo, poder gozar de los placeres educativos del "Jean Mermoz" como lo hace su niña Antonia.

Pero, ¿qué implica comprender en un texto?

Desde Ferdinand de Saussure, pasando por Roman Jakobson, y hasta Roland Barthes, Jacques Derrida, Georges Deleuze, Julia Kristeva y Paulo Freire -el ministro Lino Barañao diría: "todos con escasos aportes a la ingeniería o a la matemática", y es cierto- se sabe que un texto se comprende a partir de distintos parámetros, distintas "funciones" del lenguaje, desde la literalidad de las palabras que lo organizan, desde su textualidad.

También, imprescindiblemente, desde su contextualidad: el momento y el lugar en los que se generó el texto, las características de quien o quienes lo generaron, la historicidad que arrastra el contenido del texto, los signos que segrega hacia afuera de sí mismo.

Si esto es así, hay que establecer un hecho de la literalidad del artículo 10 de la Ley de Financiamiento Educativo: su texto no contiene la palabra "paritaria".

Dice ese artículo: "El ministerio de Educación juntamente con el Consejo Federal de Cultura y Educación y las entidades gremiales docentes con representación nacional , acordarán un convenio marco que incluirá pautas generales referidas a: a) condiciones laborales, b) calendario educativo, c) salario mínimo docente y d) carrera docente".

Otro hecho, el texto habla de "convenio marco". La "comprensión" de ese concepto no parece ofrecer demasiadas opciones de disparidad, aun para los que provienen de ámbitos tan pedestres como una primaria, una secundaria y una universidad públicas.

 "Convenio" refiere a "venir con" a caminar juntos, dos o más partes, hacia un acuerdo determinado.

También a "conveniencia", a provecho común, a mutua concesión de esas partes.

Por cierto, es imposible "comprender" "convenio" cuando se plantea la imposición de algo a otro, desde una situación de hegemonía, de fuerza.

Por lo tanto, "convenio" implica acuerdo de partes que llegan a él en situación PARITARIA, jerárquicamente igualada.

La "comprensión" textual y contextual -la única correcta- del contenido del artículo 10 de la Ley de Financiamiento Educativo contiene, por lo tanto, el concepto de "paritaria".

Para que lo acordado como "marco" -de alcance para todo el universo aludido y continente de cualquier acuerdo particular en el interior de ese universo- siga mostrando su condición de "convenio", si una de las partes que lo suscribió denuncia alguna de las partes que lo componen, necesariamente deberá instrumentarse una nueva instancia de acuerdo, de "venir con" entre las partes para restaurar un "convenio".

De otro modo, lo vigente dejaría de ser convenio para transformarse en una imposición de alguna de las partes sobre la otra.

Todas estas ulterioridades necesarias del concepto "convenio marco" estaban, obviamente, en el espíritu de los legisladores que elaboraron la ley, hasta tal punto que lo que la sanción y promulgación del texto generó como consecuencia inmediata natural fue, precisamente, la puesta en práctica de lo dispuesto en su artículo 10 a través de la paritaria nacional docente reunida durante diez años.

Ahora queda, como nuevo desafío intelectual, la "comprensión del texto", las verdaderas razones, de la reiterada negativa macrista a cumplir con la Ley de Financiamiento Docente.

Actualizado (Lunes, 17 de Abril de 2017 01:20)

 
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