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GRANDES DEUDAS - EDUCACIÓN

Una voz, que es la voz de la gran mayoría de los docentes de todo el país,  dirige esta carta a sus alumnos, con quienes tiene una relación de trabajo y respeto en el aula, para hablarles del conflicto planteado por el gobierno nacional y el bonaerense que afecta en particular a la escuela de todos.

Por Maestro Protegido (*)

Queridas y queridos estudiantes: Hoy, miércoles 12 de abril, un mes más tarde de lo previsto, por fin me reencuentro formalmente con ustedes. Con muchos ya nos vimos durante las mesas de examen de febrero y en las distintas convocatorias que realizamos los docentes de la escuela en el marco del paro.

Algunos vinieron para conmemorar el Día de la Memoria, por la Verdad y la Justicia. Otros estuvieron cuando trabajamos por el Día del Veterano y los Caídos en la Guerra de Malvinas. Están quienes participaron de las reuniones realizadas con las madres y los padres, para explicar el conflicto que atravesamos y aquellos que se acercaron a las volanteadas en la Plaza de Budge, destinadas a la comunidad en general.

Este reencuentro nos alegra, ya que para los docentes, ustedes no conforman un distante y genérico “nuestros chicos”; como sucede con la gobernadora Vidal y sus funcionarios. Entre nosotros, nos conocemos por nuestros nombres, caracteres, historias y sueños.

Ellos desconocen la realidad escolar y a sus protagonistas.

Sin embargo, su ignorancia no justifica la prolongación del presente conflicto. Esto ocurre por la decisión política de los gobiernos de la provincia (NdE: aunque es obvio, mejor precisar que se trata de Buenos Aires) y de la Nación. Tal vez hablar aquí de la cuestión salarial parezca fuera de lugar. Pero sus familias forman parte de la clase trabajadora y muchos de ustedes conocen sobre estos temas.

Durante dos meses se mantuvieron seis reuniones paritarias para abordar este problema. El gobierno provincial presentó distintas “propuestas superadoras”, que sólo lograron profundizarlo.

¿Acaso elevar en un punto porcentual la oferta (de 18 a 19 por ciento y reducir en una cuota (de 4 a 3) el pago puede considerarse como algo serio, frente a un pedido de aumento salarial del 25 por ciento para el año en curso y la recuperación del 10 por ciento perdido en 2016?

Esto sin mencionar el ofrecimiento de sumas fijas “por única vez”, que afectan la escala remunerativa y, principalmente, el salario de los jubilados docentes.

O, más grave aún, la provocación que supone reasignar fondos a partir de la “reducción del ausentismo de los docentes”.

Les cuento esto porque algo quedó muy en claro tras estas intensas semanas. La apatía por solucionar una demanda salarial de sus maestros y profesores demuestra una cuestión más grave: el notorio desinterés gubernamental por la Escuela Pública.

Como ustedes saben, en el transcurso de los dieciséis meses que llevan la gestiones del gobierno en la provincia y en la Nación, en nuestra escuela no hemos recibido ni un solo lápiz, birome, block de hojas, mapa, libro, DVD, mesa, silla, netbook o material para las clases de artística y educación física.

El Plan Mejora, con el que se pagan las horas de apoyo y talleres en contra turno fue financiado sin regularidad en los giros, con las consecuentes dificultades para sus sostenimiento.

Los programas socio-educativos, como Mi primer vuelo o Jóvenes y Memoria fueron eliminados o recortados en su extensión.

La capacitación docente en servicio, en cuyos cursos estábamos inscriptos, ya no existe. Lo peor es que nada de esto mejorará, si no que se agravará.

Sucede que para 2017 el presupuesto provincial destinado a educación disminuyó de un 26 a un 23 por ciento A lo expuesto se agrega el deterioro de las políticas públicas más generales, que benefician a sus familias, en condición de ciudadanos y habitantes de nuestro país y hacen más vulnerable la situación de los estudiantes en las aulas.

Como si lo descripto hasta aquí no alcanzara para deteriorar la calidad de la educación que reciben, debemos sumar el maltrato a sus educadores.

Confieso que en veintisiete años de docencia en escuelas públicas de la provincia de Buenos Aires nunca me sentí tan agraviado por un gobierno; en este caso, el provincial y el nacional conjuntamente.

La lista de hechos es extensa. Para graficar, sólo menciono algunos:

• el anuncio inicial que convocaba a voluntarios para reemplazarnos, desvalorizando nuestro rol y formación específica;

• el mísero intento de dividir a los compañeros en las escuelas, “premiando” a quienes no adhieran al paro con una suma de dinero y “castigando” a quienes si lo hacemos con el ilegal descuento en los haberes;

• la difusión de supuestos resultados de cuestionables pruebas internacionales, con el objetivo de responsabilizar exclusivamente a los docentes de las escuelas públicas por el deterioro en el nivel de la enseñanza;

• el tono bélico con el cual se abordó el conflicto, lo que dio paso al insulto gratuito en redes sociales y en manifestaciones públicas de simpatizantes gubernamentales;

• el hostigamiento policíaco, expresado en la solicitud a directivos de listas de adherentes a las medidas gremiales y en tareas de espionaje en distintas asambleas sindicales y movilizaciones callejeras;

• las amenazas sufridas por el secretario general de SUTEBA, compañero Roberto Baradel, destinadas a su persona y a su familia, peligrosamente avaladas por la liviandad con que el Presidente Macri se refirió a ellas, en el marco de la Asamblea Legislativa;

• la tramitación de multas y del quite de personería gremial a los sindicatos docentes, acción propia de tiempos de dictaduras cívico-militares; • la aviesa campaña mediática, presentando a los docentes como “ausentistas crónicos”, carentes compromiso pedagógico y social; materialistas insensibles que perjudican a miles de niños y sus familias sin motivo, o iletrados rebaños conducidos por tramposos dirigentes que persiguen proyectos personales o intereses partidarios. Lamentablemente, este domingo las ofensas se agravaron con la represión policial.

En estos dos meses, las autoridades de los distintos niveles de gobierno vociferaron a los cuatro vientos sobre la necesidad de seguir tratando el diferendo “con los chicos en el aula”.

Cuando esto ocurre y el conflicto se encauza en una nueva etapa, producto de la consulta democrática a miles de docentes, sobreviene la brutal represión en la Plaza de los Dos Congresos.

La excusa fue la falta de una firma para autorizar el montaje de una Escuela Itinerante. De allí a promover el uso de la violencia física y la detención de los educadores hay un abismo. Las imágenes son elocuentes. A diez años del asesinato del maestro Carlos Fuentealba, el límite atravesado resulta alarmante.

Y luego de la represión, nuevamente la estigmatización, la manipulación en las redes sociales, la campaña de corporaciones mediáticas ejecutada por “honorables periodistas”, lo ya conocido.

Habrán escuchado que ahora las autoridades nos llaman a cumplir con las normas. Al respecto, revisar sus biografías sería la mejor forma de responderles.

Pero optamos por recordarles que este conflicto se generó debido a que son ellos quienes incumplen las normas. Desde el año 2007, la convocatoria a la paritaria nacional docente, establecida por la Ley de Financiamiento Educativo, dio el marco a las negociaciones provinciales. Esto fue así aún el año pasado, con la actual gestión de gobierno. Pero este año decidieron desconocer esta instancia y, con ello, transgredir una ley del Parlamento nacional. Y lo hacen porque pretenden disciplinar a toda la clase trabajadora y tomarnos como “caso testigo” en la aplicación de sus políticas de ajuste y reducción del déficit fiscal.

Esto ya lo conocemos, lo hemos vivido recientemente. Sabemos hacia donde nos dirigen y cuáles son los resultados de las políticas que reducen las partidas para Educación, a la vez que aumentan fondos para el pago del endeudamiento externo.

Es por eso, queridos estudiantes, que estamos luchando. No se trata de meros intereses individuales y egoístas. Ustedes nos conocen. Sus docentes estamos peleando para defender nuestros derechos, que son los de ustedes. Sabemos los inconvenientes que causamos con nuestras medidas. Pero también somos conscientes de los daños que producen estas políticas educativas y públicas si no las enfrentamos y logramos detenerlas.

Juntos, todos los que aquí estamos somos la Escuela Pública. No nos hemos caído en ella, si no que elegimos estudiar y trabajar aquí. Formamos parte y estamos orgullosos de pertenecer a ella.

Todos los que la conformamos conocemos el valor de nuestra tarea conjunta. Sólo los que la integramos sabemos de la Solidaridad que nos une, de la Igualdad que practicamos, del Compromiso inquebrantable que nos impulsa y de los Sueños colectivos que abrigamos.

No esperemos otra cosa de quienes la desvalorizan y difaman con fines mercantilistas. Nadie puede amar lo que desconoce. Defendamos la Escuela Pública.

Nos corresponde a todos preservar los derechos del trabajador docente junto al derecho a una educación pública libre, laica, gratuita y de calidad; hoy más que nunca, en riesgo.

Se trata de una lucha fundamental para el futuro de nuestra Patria.

(*) Maestro Protegido es seudónimo elegido por el editor de Congreso Abierto para resguardar  a quien la escribiera y que firma la carta como "Docente de la Escuela Pública", fechada en Lomas de Zamora, el 12 de abril de 2017, el día mencionado en el texto.

Actualizado (Lunes, 17 de Abril de 2017 01:14)

 
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