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GRANDES DEUDAS - POL. DE ESTADO

La escuela pública, el mensaje de las Malvinas, la Semana Santa de hace treinta años, Raúl Alfonsín, el presidente que los radicales macristas ya no mencionan, la doctrina Balza, todo  con recuerdos de niño y experiencia de  veterano escriba, nota de editor amargado con el gobierno de Macri.

Por Armando Vidal

¿De dónde viene el amor argentino por las Malvinas? Del mismo acto de usurpación, robo y mentira de Inglaterra desde 1833 hasta hoy. ¿Y de dónde vino la información para que un chico fuera tomando conciencia de lo que hicieron los ingleses con nosotros? Sí, de la escuela pùblica.

Es el caso de quien escribe estas líneas. ¿Fue porque hizo toda la primaria con Perón en el gobierno, salvo los últimos tres meses de la mentirosamente llamada Revolución Libertadora? No.

Ese período de estudio iniciado para él cuando tenía seis años en 1949, año de la reforma constitucional peronista (1) se extendió hasta un poco más del golpe del 16 de septiembre de 1955.

Con el peronismo no hubo cambios en la educación sarmientina, no hubo revisión de la historia oficial, ni diferencia en la estigmatización de Rosas y el rosismo.

Hubo, sí, exaltación de las figuras de Evita y Perón, de los obreros, valores como el trabajo, la familia, el privilegio de los niños y los derechos de los ancianos.

No recuerda el autor ningún acto, ninguna maestra hablando de algunos de esos temas. Sí tiene presente que en su casa leía Mundo Infantil, nunca Billiken y también a sus propios dibujos alusivos como el del trabajador de overol protegido con el gran escudo peronista en gesto de marcha y reclamo, carátula de algún cuaderno de deberes que se lo llevó el tiempo.

En la escuela secundaria pública (1956/1961), la enseñanza de la historia era la de otros pueblos y de otros tiempos porque nunca se llegaba a la historia argentina, ni se llegó. Ni siquiera con las Malvinas.

Pero las Malvinas nunca estuvieron fuera del corazón argentino y tuvieron ingerencia en nuestra conciencia, en especial desde la alocada decisión de la dictadura de ocuparlas hace 35 años como si su grito de protesta contra Londres fuera a sacudir la indiferencia imperialista de sus aliados yanquis.

Así fue y aunque hayan colaborado a lo contrario, aunque hayan sido la excusa de hacer hoy de Malvinas una base de la OTAN frente a la Antártida y en la puerta bioceánica, la sangre derramada en esas tierras, que tienen nombre y apellido de argentinos –no son soldados NN, no son soldados desconocidos-, tuvo una gran gravitación a favor de la endeble democracia.

Democracia que a los treinta y tres años de ejercida no fue capaz de resolver los problemas de fondo de la Argentina –y con este gobierno mucho peor- y cuyos pilares de sostén son haber padecido en dictadura la enajenación de la economía nacional por de José A. Martínez de Hoz, los 30 mil desaparecidos y la memoria activa de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

Difícil es asegurar que nunca más las Fuerzas Armadas querrán repetir la deshonra de los pares criminales y ladrones de la dictadura pero en estos tiempos de un gobierno dispuesto a licuar ese pasado hay claras señales de que todo es posible en la Argentina, incluyendo el olvido.

Se nota en el trámite de los juicios remanentes de aquel período, con la lentitud en la Justicia, la misma de la que se quejaban los radicales luego de  que la Corte, tras el fallo condenatorio a los ex comandantes de las tres primeras juntas (1985) abriese el proceso a jefes y subalternos.

Estos días  en que se cumplen los treinta años del levantamiento militar de Semana Santa de 1987, hay espacio para una reflexión que va más allá de ese histórico juicio, más allá de las leyes de Punto final y de obediencia debida, que virtualmente significó una amnistía a quienes participaron de hechos atroces y aberrantes. Y más allá también de la derogación de esas leyes en el 2000 y de la anulación de las dos tres años después, debut del gobierno de Néstor Kirchner.

Es una reflexión sobre la gravitación de las Malvinas siempre están y que por tanto estuvieron en la invocación a los “héroes de Malvinas” que hizo el presidente Raúl Alfonsín en su discurso ante la Plaza de Mayo, ese jueves 16 de abril, quizás sin pensar lo suficiente pero dicho de corazón, él, justamente él, que se había manifestado contra la guerra en pleno conflicto.

Y lo dijo frente a una multitud bajo la impresión de su valiente visita a Campo de Mayo, donde estaban acuartelados los sediciosos, porque había visto emocionado hasta las lágrimas a uno de esos oficiales que habían combatido en las tierras irredentas y que pidió hablar con él.

Dramáticas y tensas horas en las que Alfonsín, el Presidente, evitó que no hubiera derrame de sangre entre argentinos.

Quien habló con él en primer término fue el entonces coronel Aldo Rico, que estuvo en el campo de batalla de las islas, quien años después se entregaría a la política hasta ser diputado, constituyente en Santa Fe e intendente de San Miguel, transformado en peronista (2).

Malvinas, quizás Malvinas, lo ayudó a Alfonsín a encontrar las palabras y expresar sus sentimientos que vistos desde aquí, treinta años después, no dejan de conmover como fue escucharlos en la Plaza, más allá de las lecturas políticas que puedan hacerse y que el autor dejó en varios textos.

Sí, Malvinas ayudó porque también movilizó a militares comprometidos con la democracia para al menos atenuar heridas del pasado como Martín Balza, que luego sería jefe del Ejército y que en los hechos de aquel jueves de hace treinta años estaba presente en la Casa Rosada.

Balza, combatiente de Malvinas, tres años después de aquel día (3/12/1990), enfrentó sin titubear, sin otro diálogo que el de las armas, hasta la rendición incondicional, a sus camaradas comandados por el mesiánico coronel Mohamed Ali Seineldin, que también estuvo en las islas y por cuya locura de asaltar el edificio Libertador, sede del Ejército, hubo muertos y heridos y él fue a parar a la cárcel con prisión perpetua de la cual fue indultado por el presidente transitorio Eduardo Duhalde, tres días antes de entregarle el gobierno a Néstor Kirchner (3).

“Ocurrió lo que, en mi opinión , será considerado para siempre como un punto de inflexión en nuestra historia política y en el accionar institucional del Ejército. Ese día –escribió Balza- la Fuerza terminó con protagonismos individuales, con el cacicazgo y las internas. Las sublevaciones de Semana Santa, Monte Caseros y Villa Martelli –recordó- finalizaron con negociaciones y acuerdos con los sublevados, en 1990 el resultado fue rendición incondicional”. (4)

El 4 de noviembre de 1991, casi un año después, Balza asumió la jefatura del Ejército y el 29 de mayo siguiente, en el día del arma, sostuvo: “Nunca se ordenará hacer algo inmoral y si alguien cumple u obedece una inmoral dejamos el terreno de la virtud para entrar en el terreno del delito.

Conclusión: las órdenes ilegales no deben ser cumplidas. Doctrina militar escrita con sangre de argentinos, comenzando por las víctimas de crímenes de lesa humanidad. Doctrina que en el campo de las fuerzas de seguridad también debe ser cumplida, lo mismo que en el institucional, político y social.

Doctrina ignorada con cada represión fuera de la ley de parte de un gobierno que avergüenza con su política internacional, su sumisión a Washington, sus prepotencias con Venezuela y sus flojedades con las Malvinas.

Que son argentinas, Macri.

(1) Todo dirigente gremial tenía un ejemplar de bolsillo, hecho en la Imprenta del Congreso de la Nación, grabado con su nombre, como fue en el caso al menos de la Asociación Obrera Textil para Armando Vidal (1914/1991), de la seccional Quilmes.
(2) “Pase, no tenga miedo” le dijo el veterano cronista al flamante diputado Aldo Rico que miraba desde la puerta de la Sala de Periodistas. “¿Miedo?” y entró. Su rasgo natural son sus nervios. Le temblaba la pierna izquierda. Con una sonrisa, el cronista se lo hizo notar. Rico miró al periodista, como midiendo las intenciones que no fueron otras que sondear su espíritu democrático y darle referencias acerca de la cobertura de la información parlamentaria. Volvieron a encontrarse en la convención constituyente de Santa Fe, en 1994, en la que el cronista junto con Alberto González Toro, le hizo una nota. Era el jefe de la bancada del MODIN y se alojaba en el campo de deportes del sindicato de la UPCN, entrevista en la que habló bien de Lula, aspirante a presidente de Brasil en las elecciones cercanas (“miren lo que le están haciendo a Lula. Su programa es la raíz de lo que nosotros proponemos, por eso los Estados Unidos ahora lo están desautorizando”). Nota en Clarín (29/5/94) ilustrada con una fotografía de Ricardo Cárcova, con Rico debajo de una especie de pérgola cuyos travesaños ese mediodía de sol generaban sombras largas que le pintaron la cara. A los treinta años de aquella Semana Santa, hoy Rico, separado de su primera esposa, casado y nuevamente padre, parece distanciado de la política y, dicen, ejercita su vocación de cantante de tangos.
(3) Mohamed Alí Selneldín murió a los 75 años de un paro cardiorespiratorio. El entonces presidente Carlos Menem fue el primero en indultarlo en 1989 al año siguiente del alzamiento del cuartel de Villa Martelli (4/12/88). Fue un fanántico católico de confusas ideas nacionalistas.   
(4) Dejo constancia,  memorias de un general argentino.  Martín Balza, Planeta 2001. Pag. 199

 

 

 

Actualizado (Martes, 18 de Abril de 2017 08:07)

 
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