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PODERES, DESPODERES Y TRAMPAS

Enrique del Valle Iberlucea, precursor de nuestra legislación social, primer senador socialista de América en 1913, no culminó su mandato: lo desaforaron por pedido de un juez que lo condenó por una opinión con el voto de los radicales antipersonalistas.

Por Rubén Giustiniani (*)

El 30 de agosto (NdE: 2004) se conmemora el 83º aniversario de la muerte de Enrique del Valle Iberlucea, a los cuarenta y cuatro años, muy joven, lo que no fue óbice para que dejara marcada una profunda huella.

Una profunda huella en la vida política y social argentina de las primeras dos décadas del siglo pasado. Su joven vida malograda, resultó hondamente trágica por las circunstancias políticas y sociales que le tocó vivir durante su enfermedad y agonía.

Y lo extraño, y anormal es que sus padecimientos morales los vivió por su condición de socialista miembro del Senado de la Nación, al que había llegado por voluntad expresada mediante el voto democrático del pueblo de la Capital (NdE: ganó la elección capitalina de 1913).

Enrique del Valle Iberlucea fue desaforado por el Senado del que formaba parte, un mes antes de su muerte, en uno de los procedimientos más vergonzosos de la historia parlamentaria argentina.

Enrique Del Valle Iberlucea, que había nacido en España en abril de 1855, emigró a la Argentina en 1877 (NdE: se corrige la versión oficial del Senado donde aparecen invertidos los mencionados años), radicándose en la ciudad de Rosario, ciudad a la que estuvo ligado por lazos familiares y amistosos toda la vida. En Rosario no sólo completó sus estudios secundarios sino también comenzó a destacarse por su espíritu combativo e inquieto, ávido de cultura y acción.

A poco de obtener su diploma de abogado en Buenos Aires publica un trabajo al que titula Fundamentos científicos del divorcio.

Por entonces los problemas relativos a la emancipación de la mujer y la lucha por su igualdad con los hombres, convocan sus mayores esfuerzos. Es así entonces que el Centro Socialista Femenino lo invita a afiliarse al partido en 1902.

En 1908 fundó junto a una joven Alicia Moreau de Justo la Revista Socialista Internacional, que desde 1910 adoptó el nombre de Humanidad Nueva.

Su marxismo kautskiano, su critica al revisionismo de Bernstein, y su denodado énfasis en mantener una estrecha vinculación entre socialismo y filosofía, serán los núcleos ideológicos que plasmará en dichas publicaciones.

En 1913 se convertirá en el primer senador socialista de América, derrotando en la Capital Federal al candidato radical Leopoldo Melo y a los conservadores Beazley y Ceballos.

El joven socialista se incorporaba así al Senado, reducto de una oligarquía que no terminaba de aceptar la trasparencia del sufragio, y mucho menos la introducción de las nuevas ideas de progreso social.

Si los triunfos radicales habían hecho pensar a muchos en la necesidad de revisar la ley Saenz Peña, el triunfo socialista causó entonces una gran alarma.

Los senadores del régimen, se reunieron privadamente en la antesala de la Cámara de Senadores para considerar el peligro que significaba dicho avance.

Sería finalmente el senador José Camilo Crotto el encargado de oponerse formalmente a la incorporación del senador socialista, aduciendo que el ciudadano electo era contrario al principio de nacionalidad.

La acción parlamentaria de Enrique del Valle Iberlucea fue una verdadera síntesis de acción, sin mengua de la tarea cotidiana de esfuerzo político tras reformas parciales que no desdeñó.

Pese a encontrarse en un ambiente político hostil, como el Senado de la segunda década del siglo pasado, cuyos miembros eran los representantes de los intereses económicos de las oligarquías provinciales, desarrolló una importante tarea legislativa.

Entre sus primeras iniciativas parlamentarias, podemos señalar las que propiciaban la derogación de las llamadas leyes de residencia y defensa social, ambas de marcado contenido antiobrero y contrarias a la libertad.

En 1916 presentó un proyecto de ley para suprimir la pena de muerte en nuestra legislación penal. Posteriormente, en 1919, tuvo activa participación en la elaboración del Código Penal.

Fue de gran trascendencia su participación en históricos debates como el de el presupuesto de 1915, el de las transgresiones a las leyes del trabajo, el del comercio con los indios, el de las leyes orgánicas de los territorios nacionales y de la ciudad de Buenos Aires, en el de la ley de educación general, salario mínimo para los trabajadores, intervenciones federales, etcétera.

En 1913, 1915 y 1916 presentó sendos proyectos que establecían la jornada de ocho horas para todos los establecimientos industriales, oficiales o particulares que existieran en el territorio de la República.

También se planteó la necesidad de reglamentar el trabajo a domicilio por lo que presentó un proyecto en 1913, que luego reiteró en 1915. Estas iniciativas se vieron sancionadas en la ley 10.505 de octubre de 1918 conocida como de trabajo a domicilio e industrias domésticas.

En 1914 propuso modificar la Constitución Nacional para democratizar la forma de elección y la composición del Senado. El proyecto establecía que los senadores fueran elegidos por el voto popular y duraran en su gestión seis años.

Ochenta años después, la convención reformadora de Santa Fe, recogería la idea de Enrique del Valle Iberlucea y la plasmaría en los artículos 54 y 56 de la Carta Magna.

Otra de las más sensibles preocupaciones de Del Valle Iberlucea era la situación que vivía la mujer, sometida de hecho y de derecho al hombre, y en su condición de trabajadora, a peores condiciones de explotación.

De esta forma, continúa la labor de Alfredo Palacios respecto de leyes protectoras del trabajo de las mujeres y niños y ensaya sancionar un verdadero código de protección a los derechos de la mujer, incluyendo en el cuerpo legal su emancipación civil.

En 1919, el senador socialista presentó su proyecto de ley sobre la emancipación femenina, acompañado por la firma de 7000 mujeres, encabezadas por Alicia Moreau de Justo, solicitando de los legisladores el apoyo y aprobación del proyecto.

En septiembre de 1920 propuso al senado la creación de un Consejo Económico del Trabajo. Se trató como diría Julio V. González, del "primer proyecto legislativo de planificación en la Argentina".

Se trataba de un mecanismo de participación de los trabajadores en el control de las industrias y de los servicios, asesorados por un consejo técnico. Al presentar el proyecto, el legislador socialista sostuvo: "La socialización consiste en poner en manos de órganos representativos de la sociedad y en elementos productores, la administración de las industrias y de los servicios públicos".

Dio enorme impulso al órgano partidario La Vanguardia que dirigió entre 1916 y 1917.

Fue desde esa tribuna periodística que planteó sus ideas en torno al papel que el partido debía llevar adelante en relación a la terrible guerra que consumía y desangraba a Europa.

Un hecho relevante de su vida política será sin dudas su discurso del 9 de enero de 1921 en el IV Congreso Extraordinario del Partido Socialista en Bahía Blanca, en el cual exaltará la revolución rusa.

A raíz de este discurso, el juez federal Emilio Marenco, le inició una causa judicial, y sin ninguna autoridad moral, solicitó su desafuero, la anulación de la carta de ciudadanía y su posterior expulsión del país.

Se iniciaba de esta forma uno de los mas crueles y deshonrosos procedimientos parlamentarios de la historia política argentina. Enrique del Valle Iberlucea fue condenado por un "delito de opinión". El odio y el ensañamiento primaron sobre la debida imparcialidad y se castigó la primera y más elemental de las libertades, la libertad de pensar.

La resolución del Senado -que votó su desafuero- conmovió a la opinión pública; gremios de trabajadores, centros estudiantiles, organizaciones culturales y vecinales repudiaron la resolución, y el Partido Socialista, que había estrechado filas detrás de su primer senador, organizó el 23 de agosto de aquel año de 1921 un multitudinario acto de solidaridad en el Teatro Coliseo de Buenos Aires que colmó su recinto y se extendió a la calle.

Cuando Del Valle Iberlucea realizó una conmovedora defensa de la banca socialista en el recinto del Senado, ya padecía una grave enfermedad que poco tiempo después lo llevaría a la tumba, por lo cual, como señala Sánchez Viamonte, "el juicio y la condena de éste adquiere ciertos contornos épicos, y su defensa trae a la memoria la defensa de Sócrates".

Enrique Del Valle Iberlucea moría a los 44 años de edad. Sus ideales no.

Su vida es un claro ejemplo de que en todo hombre de acción hay en el fondo un poeta, que toda ideología es en su origen una posición sentimental, y que todo idealismo necesita de una fuerza motriz que no sólo está en las ideas sino en el carácter.

Por las consideraciones expuestas solicito se rinda este más que merecido homenaje al Dr. Enrique del Valle Iberlucea.

(*)  Fundamentos del proyecto de resolución del entonces senador Rubén Giustiniani, aprobado por el cuerpo.

Actualizado (Lunes, 06 de Noviembre de 2017 23:28)

 
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