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REPORTAJES y ARTÍCULOS ESPECIALES

Podría tomarse como una constante que al peronismo lo reviven sus enemigos cuando entra en franca lucha y sacude su lomo para sacarse a sus componentes más serviles al poder que enfrenta. Pasó y volverá a pasar.

Por Armando Vidal

Hace 45 años el símbolo de la P inserta en la V anticipaba el futuro, pese a todas las fuerzas en  contrario. Cada dictadura sucumbió frente a lo que tanto odiaba: el peronismo. Pasó en 1955, 1966 y 1976.

El peronismo siempre vuelve.

En 1958, el fusilador Pedro Eugenio Aramburu cerró el oprobio de la Revolución Fusiladora al ponerle la banda presidencial al radical intransigente Arturo Frondizi que ese mismo año, gracias a Rogelio Frigerio, había pactado con Perón que los votos peronistas iban a ir a las arcas de ese correntino que consagraría en la memoria el cántico de la palabra desarrollo. (De nuevo: gracias a Rogelio Frigerio, el padre de Octavio y el abuelo del ministro del gobierno macrista neoliberal que lleva su nombre y apellido).

En 1973, el dictador reivindicado después del juicio a los ex comandantes, el Gral. Alejandro Agustín Lanusse, derrotado por Perón en una  partida de ajedrez político en medio de la sangre derramada, le puso la banda presidencial a Héctor J. Cámpora, el Tío, peronista fiel, debido a la proscripción que pesaba sobre Perón.

En 1983, el hoy preso por delitos de lesa humanidad, Gral. Reynaldo Bignone, le puso la banda al radical Raúl Afonsín, que supo captar los votos antiperonistas y también de muchos peronistas. La quiebra de lo que debió ser y no fue y abrió paso a Alfonsín se debió –además del mérito del ganador de captar votos de todos los terrenos- a los errores peronistas en la elección de su tibio candidato, Italo Argentino Luder y también de su candidato a gobernador bonaerense, el hosco Herminio Iglesias.

En todos los casos, la razón de los golpes militares, lo mismo que el primero de 1930 contra Hipólito Yrigoyen, radical que los alvearizados radicales olvidan, fue la corrupción, las denuncias de corrupción sostenidas por los diarios de la época, igual que hoy.

Estos treinta y cuatro años de democracia emparchada en 2001 y quasi vaciada a partir de 2015, protegió libertades, consagró los derechos humanos y amplió derechos sociales -en especial durante el kirchnerismo- pero fue groseramente incapaz de definir un perfil industrialista de la Nación que superara una decimonónica Argentina agro exportadora-importadora, hoy reivindicada por el gobierno más dependiente y extranjerizante de la historia argentina desde la última década de ese mismo siglo XIX que, con la llegada de la inmigración, dio lugar al nacimiento de los partidos poltícos (UCR y PS).

La garantía de la sumisión de la Argentina tierrateniente es la incomensurable deuda externa contraida en dos años por la secta cipaya de los CEO. País endeudado, país atado.

Ese fue el fracaso más profundo, agravado con Macri, el poder financiero, las empresas transnacionales y la prensa complice.

 “Échenme la culpa a mí” dijo alguna vez Cristina Kirchner sobre la derrota electoral de 2015 y tenía razón. En ese año,, Daniel Scioli fue Luder y Aníbal Fernández fue Iglesias.

Néstor Kirchner y Cristina Fernández llegaron a la Casa Rosada, en la que él no dejó sus convicciones en la puerta. Lo dijo cuando asumió y cumplió.

Todo un movimiento de intelectuales acompañó la gestión. Sabían quienes eran los Kirchner, de dónde venían, qué habían hecho y qué querían, lo mismo que los que votaron por Macri. 

En el camino él perdió la vida y ella perdió el gobierno, con peligro de pérdida de bienes, tranquilidad familiar y hasta de la libertad.

En 1955, Perón estuvo en el exilio durante dieciocho añoso. En 1976, a su viuda María Estela Martínez, Isabel,  vicepresidenta a cargo del gobierno por la muerte del tres veces jefe de los argentinos, se la llevaron de la Rosada en helicóptero al avión y del avión a prisión durante cuatro años.

Ahora Cristina, recibida de abuela, volvió. Volvió a la Cámara que eligió para su retorno, el Senado, con el voto de casi 3.500.000 bonaerenses, medio millón menos que el candidato oficialista Esteban Bullrich, incapaz de difierenciarse de su virtual anonimato. A Diputados, volvió Graciela Ocaña, manoteadora de banca ajena cuando retuvo por años la que dejó sin renunciar en su etapa kirchnerista, primero como interventora en el PAMI y después como ministra de Salud de la Nación en el gobierno de Cristina, a la que ahora quiere mandar a la cárcel como hicieron con Julio De Vido y el ex vicepresidente Amado Boudou, en grosera violación a la ley sobre desafueros.

Nadie recuerda a Luis Botet, el despreciable juez que mandó a la cárcel por traición a la Patria y asociación ilícita a los diputados y senadores peronistas que votaron delegaciones de poder parlamentario en fav or del PEN.

Ni siquiera lo recuerda Cristina.

Las arbitrariedades de hoy, son precedentes del mañana que el peronismo podrá consignar si quiere revertir su tradición de no hacerlo. El macrismo se lo merece.

Después de la jura de su banca el 29 de noviembre –día para recordar por la impresionante movilización de protesta por las leyes contra los jubilados, virtual condena a muerte por inanición para muchos y de indignación para otros y la ley patronal contra los trabajadores -, Cristina eligió la Cámara de Diputados para expresar su rechazo a la paupérrima resolución política del juez todo servicio Claudio Bonadío al pedir su desafuero por “traición a la patria” por el tratado con Irán, ratificado por ley del Congreso de la Nación por imperativo constitucional.

 “Una causa inventada para intimidar y disciplinar a los opositores”, dijo. Y atribuyó directamente a Macri ser el promotor de la persecución sistemática que padece, lo mismo que contra otras víctimas, a las que prefirió no nombrar.

“No nos van a asustar” remarcó.

Volvió Cristina, el Congreso será otro.

Volvió Horacio Verbitsky. Sin él, ni la política ni menos el periodismo, es lo mismo.

Ojalá exhiba la necesidad de liberar también su capacidad para transmitir sus emociones más tiernas, heredaras de su padre, bellas e inolvidables notas al estilo de las publicadas muy de vez en cuando en Página/12.

A Francisco le van a gustar.

Actualizado (Jueves, 11 de Enero de 2018 20:17)

 
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