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GRANDES DEUDAS - IMAGEN PÚBLICA

Desde diciembre, con el latrocinio a los jubilados, Macri viene en caída, en medio de otros problemas. Aquí, una mirada tras el acto de Moyano y el hit del verano merced a los hinchas santos de Boedo.

Por Emiliano Vidal

El Gobierno demuestra una enorme debilidad, realidad que es la única verdad. Sucede desde mediados de diciembre, tras los incidentes por la reforma previsional debatida en el Congreso de la Nación.

La dimisión del subsecretario general de la Presidencia, Valentín Díaz Gilligan, es astilla en ese trayecto. Si el comportamiento de los mandatarios se mide sobre todo en tiempos de crisis, Macri es un mandatario con enormes problemas ante los problemas.

Hay diferentes maneras de plebiscitar la política de un gobierno. No solo con las urnas. Y más en el país de los Diego Maradona y Lionel Messi. El fútbol es impredecible y la política también. Se puede perder en el último minuto. Macri fluctúa entre dos realidades futboleras.

En el pasado reciente, su figura se acrecentó políticamente desde aquel Boca Juniors ganador de todas las copas y la demostración de repudio actual prende en las canchas.

El “Mauricio M… la puta que te parió” que entonaron miles de hinchas de San Lorenzo el 4 de febrero pasado tras un empate con Boca, transita en esa línea. Lo mismo en el estadio Monumental, con el público de River Plate cantándolo a coro.

¿Se puede perder en el último minuto?... Vaya paradoja, vaya canto… Si, se puede.

El Gobierno nacional palpita que su escenario de maniobra no es ascendente como hace dos años. El acto convocado por Hugo Moyano trasciende la pelea colosal entre un sector del sindicalismo y el Poder Ejecutivo. Asoman vientos nuevos a tener en cuenta: El dirigente bancario, el radical Sergio Palazzo, se asoma al timón de la Confederación General del Trabajo.

Un hombre proveniente del radicalismo autóctono que no se traicionó por cargos o poder político municipal. Su presencia fortalece el movimiento nacional y popular. Otros radicales ya no tienen retorno.

Eugenio Zaffaroni surge desde las huestes de los poderes mediáticos de facto como un golpista confeso. Si el juez Ariel Lijo ordenó la captura de la entrevista con un temible operativo policial en Radio Caput es por su inocultable obsecuencia a los medios dominantes.

Que Zaffaroni haya expresado su deseo de que este gobierno termine cuanto antes “porque nos está llevando a una catástrofe social” no es la reivindicación de ningún delito ni tampoco las declaraciones del propio Macri cuando en agosto de 2010 dijo que “habría que tirar a Kirchner por la ventana porque no lo aguantamos más”.

El potencial riesgo de un final abrupto del gobierno está relacionado directamente con el 2001, comienzo del actual siglo y no de los años veinte.

Esa es la preocupación de un jurista de la talla de Zaffaroni. En el tiempo del “que se vayan todos”, lo políticos estaban escondidos y asustados, y eran quienes  ante la crisis institucional debían suscribir acuerdos para sofocar el incendio que ellos mismos habían generado.

Con sus declaraciones, el ex juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación alerta sobre la necesidad de concebir un potencial sostén organizado.

Tras la caída de la anterior Alianza UCR/Frepaso, se recurrió de urgencia a Eduardo Duhalde, derrotado en las urnas dos años antes- 1999- por el propio presidente en fuga dos años después, Fernando de la Rúa. Se recurrió a Duhalde, entonces senador, por ser la cara más representativa de la estratégica provincia de Buenos Aires y quien terminaría escapando del gobierno tras las muertes de Darío Kosteki y Maximiliano Santillán.

En los comicios adelantados se ungió a Néstor Kirchner primer mandatario en 2003, quien así terminó para siempre con las pretensiones de volver de Carlos Menem. 

Es necesario que la clase política en su conjunto esté preparada. No para reemplazar a Macri sino para evitar la catástrofe.

¿Y el peronismo?

Este movimiento se moderniza ante la presencia de gobiernos de extirpe antiperonista. Los dirigentes justicialistas están encarando enormes esfuerzos para comprender esta situación política. La propia ex presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, lo está haciendo más con sus silencios que con su presencia.

La suma de los factores obliga a juntarse más allá de las convocatorias.

Esa línea fue la que profundizó el acto de Hugo Moyano, al margen de sus problemas con la Justicia y de su pelea con Mauricio Macri.

Título: Perder en el último minuto

Actualizado (Lunes, 05 de Marzo de 2018 21:20)

 
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