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GRANDES DEUDAS - DEUDA EXTERNA

Desde el golpe de 1955, cada vez que fue gobierno, el peronismo siempre pagó la deuda contraida por otros. La elite mandante -hoy, como ayer en dictadura-, contrae deuda para someter a su pueblo. La historia.

Por Emiliano Vidal

Según el Observatorio Fiscal Federal,  desde hace dos años la Argentina se endeuda a razón de 1204 dólares por segundo, aumentando el gasto constantemente. La deuda presente ayer, encrudece hoy.

Lo que sigue es una síntesis del correlato histórico de esta problemática y el papel de los gobiernos venideros con relación al futuro de generaciones de argentinos.

La deuda de la Argentina no es únicamente un conflicto entre lo propio y lo externo. Para el historiador Sergio Wischñevsky, es el resumen por el cual las elites locales generaron condiciones para obtener la riqueza de los sectores populares.

La historia de la deuda externa argentina es de antigua data. Se inició en 1824, tras recibir Buenos Aires un préstamo de la Baring Brothers de Londres a instancias del hombre fuerte de ese tiempo: Bernardino Rivadavia, quien prometía utilizar el dinero para encarar un puerto principal, brindar agua corriente a la ciudad y fundar localidades porteñas.

Sucede que del millón de libras que el Gobierno porteño pactó, sólo se obtuvo 560 mil. El resto quedó en el camino como adelanto para los intermediarios y acreedores.

La guerra con el Brasil fue el destino del empréstito final que recién en 1904, ocho décadas después, se terminó de cancelar abultadamente producto de los intereses.

Los ingleses señalaban el caso como el desastre de los “gaucho banking”.

Nicolás Avellaneda, aquel joven abogado que culminaría su presidencia con dos revólveres en la cintura, producto de la última guerra civil, esta vez entre porteños y bonaerenses por la federalización de la ciudad homónima de la provincia de Buenos Aires, había señalado que pagaría “aun con el hambre y la sed de los argentinos”.

La Argentina no fue ni es el único país sumergido en deuda.

Hacia fines de 1902, las costas de Venezuela fueron bombardeadas por buques de Inglaterra, Italia y Alemania, exigiendo al gobierno local, el cobro de las deudas con empresas europeas.

En esas instancias, el entonces canciller argentino Luis María Drago, propulsó el argumento central de su doctrina fundada en que la deuda pública no permite la intervención armada ni menos la ocupación material del suelo de las naciones americanas por una potencia europea.

Con el tiempo, varios estados adoptaron la medida, inmortalizada como la Doctrina Drago.

En la llamada “década infame”, la Argentina se subsumió a los pedidos de Inglaterra encrudeciendo la deuda. Hasta que en 1952, con el pago de 12.649.471 pesos moneda nacional, el gobierno de Juan Domingo Perón canceló el endeudamiento externo.

El golpe de 1955 y los posteriores acuerdos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) reanudaron el proceso de deuda.

La llamada “Revolución Libertadora” del tándem Pedro Aramburu-Isaac Rojas, pergeñó un nuevo préstamo externo para financiar las importaciones, obteniendo con varios bancos europeos un crédito de 700 millones de dólares, luego imposible de cancelar.

El Ministerio del Tesoro francés culminaría elaborando una oficina para las futuras gestiones de cobro a nombre de los países acreedores: nace el Club de París.

Con los Estados Unidos ungidos en policías del mundo tras la derrota de la Alemania nazi, la Argentina sufrió un bloqueo económico pensado en que ambos países, ubicados en los extremos del continente americano, norte y sur, son competitivos en cuanto los mismos productos.

La Argentina, tras el golpe cívico/militar de 1976 fue coaccionada a obtener del FMI un préstamo de 110 millones de dólares y en poco tiempo después, otro de 260 millones de dólares, constituyendo la mayor prestación brindada a un país latinoamericano.

Es decir, que entre marzo de 1976 hasta el año 2001, la deuda se multiplicó, pasando de menos de 8 mil millones de dólares a cerca de 160 mil millones, incrementada por las políticas del Consenso de Washington hacia los estados latinoamericanos durante la década del 90.

La deuda externa pareciera retornar una y otra vez.

Se equivoca el gobierno de Mauricio Macri si transita la administración del país desconociendo el espejo de la historia.

Las medidas de protección al mercado interno y el estímulo de la demanda son fundamentales en concordancia con incentivos a la transformación industrial.

Un país sin industria, endeudado, subsumido a la exportación de soja y carne, con políticas subordinadas a los demás estados, está condenado a repetir el mismo fracaso.

Título: La deuda interminable

Fuente: http://opinarg.com/la-deuda-interminable.html

Actualizado (Viernes, 27 de Abril de 2018 12:20)

 
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