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CÚANDO FUE QUE... - EN LA HISTORIA

Un rápido paso por la ciudad bonaerense de San Nicolás y la capital de Santa Fe sirvieron para tocar la historia. La primera atesora la Casa del Acuerdo y el milagro de la Virgen, en tanto la segunda, entre otros encantos, lo hace con una confitería que produce exquisiteces desde 1913. Paseemos un poco, es  bien saludable.

Por Armando Vidal

Más dispuestos a cerrar los puños que a abrir las manos, los argentinos tenemos una única sede para el saludo fraternal, la Casa del Acuerdo en la ciudad San Nicolás de los Arroyos, saludo de provincianos después de la batalla pro británica en la que Urquiza venció a Rosas en Caseros.

Esa casa es un monumento histórico, el tercero en importancia después del Cabildo de Buenos Aires y la Casa de Tucumán, donde se declaró la Independencia. Pero allí mismo, como parte de la misma entraña, está la Biblioteca y Hemeroteca.

En ese lugar, a tres meses del crucial combate -3 de febrero de 1852-, se firmó el Acuerdo entre los representantes de las entonces catorce provincias, incluyendo la de Buenos Aires. Había precedido el gran encuentro una reunión realizada en la residencia de Palermo, propiedad de Juan Manuel de Rosas, donde se instalaría su vencedor, Justo José de Urquiza, de solidos lazos con Brasil, razón por la cual necesitaba ser nombrado encargado de las relaciones exteriores para el cumplimiento de acuerdos ya firmados.

No hay que olvidar que el emperador brasileño Pedro II había aportado diez mil soldados -según otras fuentes fueron más- para terminar en Caseros con el obstáculo que significaba Rosas para Brasil en su pretensión de extender su imperio hasta el Uruguay. Un Rosas potenciado por su decisión de enfrentar el 20 de noviembre de 1845 la incursión naviera militar y comercial anglofrancesa por el Paraná en violación y desprecio por la soberanía argentina.

Una invasión que pudo superar la fiera resistencia en la Vuelta de Obligado (San Pedro) pero que terminó en un rotundo fracaso para pesar, en especial, de los muchos mercaderes que la integraban por todo lo que habían invertido en la aventura.

Rosas, con ello, ya había pasado al nivel de un peligro latente sobre todo para las provincias gaúchas del sur brasileño (Santa Catalina y Rio Grande do Sul), cuya independencia alentaba, siempre entrelazadas en usos y costumbres con orientales y argentinos. Y que ya habían dado muestras concretas de autonomías reprimidas por Pedro II a mediados de ese mismo año.

Volvamos a Palermo, a la casa que ocupa Urquiza para esa citas en la que aparece como gestor Juan Gregorio Pujol, ministro del gobernador correntino Benjamín Virasoro, militar de fuste como sus dos hermanos, basada en la necesidad de unificar criterios entre los gobernadores litoraleños.

Por Buenos Aires participó el gobernador Vicente López y Planes, el padre del Himno Nacional -nombrado para el cargo por el jefe entrerriano después de Caseros- y por Santa Fe el ministro Manuel Leiva.

Lo que se conocería como Protocolo de Palermo consintió en síntesis en la designación de Urquiza, gobernador de Entre Ríos, como encargado de las relaciones exteriores, tal como lo había sido Rosas y, además, realizar los aprestos para la cita con todos los mandatarios provinciales.

El primer punto era la elección del lugar que, por muchas razones, se acordó fuerala ciudad de San Nicolás. Un punto estratégico con el río Paraná pasando ante sus puertas y a equidistante distancia de Santa Fe y Paraná y de Buenos Aires, con Corrientes al norte, siempre lejana, pero con el majestuoso Paraná también ante sus puertas.

* La visita

Primer mensaje a tono con los tiempos, la Casa del Acuerdo estaba cerrada por refacciones. Luce espléndida por fuera pero su entramado eléctrico parece urgir atención, una de sus necesidades. Está así desde fines del año anterior y no hay noticias de cuándo volverá abrir sus puertas. Todo depende de una dirección del Ministerio de Cultura de la Nación, que es de desear tenga la capacidad de eludir los recortes al Presupuesto impuesto por el FMI y el propio presidente Macri. Lo ideal sería que arreglen lo que hay que arreglar y no hagan otra cosa para evitar la tendencia de cambiar lo que no es necesario.

Pero si la intención es contar una historia con dibujitos animados, que todo quede como está, porque los que deben aprender primero son los gobernantes y los aspirantes a serlo. En esta misma página hay una sección dedicada a los grandes acuerdos en nuestra historia. No son muchos, más bien lo contrario.

La Casa se ve espléndida y bien atendida por personal amable, eficiente y conocedor, dependiente del municipio que está en manos del macrista Manuel Passaglia, quien como concejal peronista asumió el cargo que dejara su padre el año pasado, Ismael José, ex ministro de de Salud (es médico cirujano) de Felipe Sola y ex presidente de la Cámara de Diputados bonaerense, que decidió ser parte del gobierno de María Eugenia como titular del Instituto Provincial de la Vivienda.

Mérito de los Passaglia, se presume entonces, que esa Casa sea una reliquia en todo sentido porque en ella existe una gran biblioteca, una de las primeras en importancia de nuestro país, con más de 60 mil volúmenes, una hemeroteca con diarios desde fines del siglo XIX y un archivo documental de unas diez mil piezas, datos extraidos de folletos y de la página museodelacuerdo.cultura.gob.ar.

Una pena no entrar a recorrerla para poder imaginar a quienes concedieron el poder absoluto –otra que Rosas- al decidido enemigo hasta ese momento de Buenos Aires, Urquiza, asesinado probablemente sin querer en su Palacio de San José, en 1870, por una tropa de su ex lugarteniente Ricardo López Jordán –el hermanastro de Pancho Ramírez-, que tampoco murió de viejo aunque sí viejo para la época. López Jordán tenía 67 años. Lo asesinaron en Buenos Aires, en 1889.

Esta costumbre argentina de matarse entre argentinos.

La Casa del Acuerdo, que puede conocerese por Internet, en la que estuvieron las catorce provincias de ese tiempo, incluyendo a la de Buenos Aires, cuya capital entonces era Buenos Aires hasta que en una guerra fratricida, en 1880, gobierno del tucumano Nicolás Avellaneda, se la arrancó de las manos con un costo de unos tres mil argentinos muertos.

Así Buenos Aires fue la Capital Federal, la capital de todos. Que tiene la particularidad de transformar en porteños a todos los provincianos que llegan a ser Presidente.

La provincia de Buenos Aires estuvo en la Casa del Acuerdo, representada por el gobernador López y Planes y el diputado Pico. pero el resultado de esa convención, o sea el acuerdo, no fue ratificado por la legislatura bonaerense - cuyo recinto subsiste y puede visitarse en la Manzana de las Luces-, motivo por el cual la gran provincia no participó en la constituyente de Santa Fe de 1853, boicoteada por Bartolomé Mitre.

De allí que Buenos Aires tuvo que ser vencida otra vez  en Cepeda, 1859, por el propio Urquiza, para terminar con la secesión porteña, encabezada por Mitre para plasmar en representación de la oligarquía vacuna la República del Plata y ser dueños únicos de la Aduana y del puerto. Luego llegaría la batalla de Pavón (1861), en la que Urquiza le dejó el campo orégano a Mitre para que ganara por abandono.

La Casa es un museo que tiene distintas salas todas destinadas a un tema específico con la exhibición de todo lo alusivo. Entre ellas está la de Pedro Alurralde, el juez de paz que adquiera la vieja y enorme casona, con mobiliario de la época; la sala del combate de Caseros, con fusiles, pistolones y lanzas, además de ropas, entre otros aportes ilustrativos de la histórica batalla; la sala de Cándido López, con cuadros de la guerra contra el Paraguay (1865/1870) pintados con la mano izquierda por quien fuera soldado que, en la masacre de argentinos en Curapaytí, mal conducidos por el general Mitre (como siempre), perdiera su brazo derecho.

Y entre otras salas no menos interesantes, la propia del Acuerdo, en la que los catorce gobernadores firmaron el pacto, tras lo cual rompieron la pluma de la lapicera con la cual lo hicieron y que se expone allí, así comoa  otros aportes que reconstruyen lo acontecido en ese mismo lugar el 31 de mayo de 1852.

 Estuvimos. No lo vimos. Volveremos.

* La Virgen de los milagros

Los misterios del espíritu, la fe religiosa, la creencia de los necesitados, la cultura de los pueblos, la suma de ésos y otros factores, movilizan cada 25 de septiembre a crecientes multitudes hacia la vera del río Paraná en la ciudad de San Nicolás de los Arroyos, donde una impresionante Iglesia de cemento, que a la distancia parece una gran nave llegada del espacio, fue construida en un descampado en honor a la Virgen María del Rosario de San Nicolás, una advocación de la Virgen María, la madre de Jesús.

No es una reliquia de los siglos, es una obra de amor nacida con la recuperada democracia en la Argentina pero no como hija de la política sino del testimonio de una mujer humilde que el 25 de septiembre de 1983 vio y sintió la presencia de la Virgen María, que volvería a presentarse ante ella pero sin decirle nada hasta que el 13 de octubre le habló por primera vez. Y muchas veces más, lo mismo que Jesús.

Gladys Herminia Quiroga de Motta, nacida el 1° de julio de 1937, vive con su familia en un barrio obrero, madre de tres hijas y esposa de un trabajador jubilado de Somisa, entonces una empresa del Estado privatizada en la gestión de Carlos Menem y que tuvo por interventora a María Julia Alsogaray, fallecida el año pasado.

Doña Glayis, una mujer sencilla y madre ejemplar, hoy abuela, sigue siendo la misma recatada persona, que vive en su fe, en el mismo lugar y con el mismo entorno social, sin que nada le haya cambiado haber sido la vidente ocasional de la Virgen María que la hizo portadora de sus mensajes.

Todos mensajes reunidos y publicados con la aprobación de la Iglesia Católica.

El primero fue el deseo María de contar con un templo, un santuario en su nombre. Y en otro de esos primeros mensajes (fueron varios) para señalarle que había una imagen de ella, María del Rosario (rosario en latín quiere decir rosedal), con un niño en sus brazos, arrumbada en el campanario de la Catedral de San Nicolás, la que fue rescatada del olvido, restaurada y hoy es exhibida en el santuario, meta de cada peregrinación y destino de los pedidos de los fieles.

Una secuencia que estremece con solo imaginar a las columnas de gente que ingresan al templo para ver a la Virgen y su niño en el primer piso que semeja un balcón sobre el altar, donde los creyentes le hacen con ruegos sus pedidos.

Entre creer y no creer, mejor creer con los otros, para compartir, para ser, para nunca sentir el peso de la soledad.

El sacerdote, teólogo, escritor y periodista francés René Laurentin, fallecido hace diez meses en su país, a los 99 años, destacado mariólogo y autor del libro María del Rosario de San Nicolás, apariciones de la Virgen, dice en sus primeras páginas: “Las apariciones no son dogmas de fe; no se imponen; son propuestas de amor. Cada uno deberá preguntarse con total libertad si este llamado de la Virgen le está dirigido y en qué medida puede transformarse para él, como para muchos, en fuente de vida” .

Los mensajes fueron escritos por la misma vidente, analizada a fondo -ella y su letra- por los especialistas, incluyendo a médicos psiquiátras- que ponderan la calidad humana de esa “hija de su pueblo” como dice el libro de Lauretin.

Una mujer de educación primaria que escribió uno por uno los recados –1804 de la Virgen y 68 de Cristo-, entre el 13 de octubre de 1983 y el 11 de febrero de 1990- que aparecen vinculados con conocimientos bíblicos profundos, con una caligrafía clara puesta a prueba por grafólogos como el experto miembro de la Comisión Pastoral quien destacó las virtudes de la señora Gladys, en primer lugar: “Una notable inteligencia que no lo fue dada cultivar; una inteligencia natural, sin intelectualismo”.

Uno de los mensajes de Cristo dice: Donde pongas tus pasos pisas maldad, eso justamente tienes que hacer, pisarla y la eliminarás.

La Virgen, que habla siempre como madre y en tercera persona, también genera milagros con casos que allí se mencionan incluyendo los nombres de médicos, milagros y curaciones que muchos peregrinos hacen constar en el Llibro de Testimonios.

La próxima peregrinación será el 25 de septiembre, martes, día inamovible por el carácter religioso que tiene el acontecimiento, a diferencia de otros hechos sujetos al turismo más que a las razones que motivan su realización. Quizás sea que para evitar confusiones, ese día de fiesta dejó de ser precedida por un espectáculo de fuegos artificiales de la noche anterior.

Si fue por razones económicas, con seguridad los comercios nicoleños tendrían una alcancía para recaudar fondos, tal como lo hacen con los llamados perros comunitarios que se pasean abrigados por la ciudad con ese nombre impreso en la prenda que los protege.

Todo estimula a sentir, el día señalado, la presencia de la Virgen y su Hijo en esa iglesia sin paredes que es el pueblo en tiempos en que lo percuden y martirizan.

* Sabrosos resplandores

En la ciudad de Santa Fe, caminemos por su calle céntrica comercial y peatonal que lleva el nombre de San Martín que está en refracción, donde se ven los restos de una distinción edilicia perdida como pasa en toda la Argentina y detengámonos a tomar un té o café o lo que se desee en en la confitería ubicada en la esquina de San Martìn 2898 para acompañar los sabores más exquisitos en masas, repostería, facturas o sus imperdibles alfajores Gayali, cuya fábrica eastá al lado por la calle Hipólito Yrigoyen.

No hay palabras para tanto arte en repostería, una fiesta de buen gusto para los paladares más exigentes.

La abrieron dos hermanos gallegos en 1913 y está allí levantada al estilo de lo que era la confitería Del Molino en Buenos Aires que, enfrente del Palacio Legislativo, en 1996 cerró sus puertas víctima de la agitación social que hizo del Congreso de la Nación el muro de la furia popular. Como para que pudieran sentarse plácidamente sus clientes a disfrutar un té con masas con acechantes multitudes sonoras de bombos, gritos y bombas, sin contar el riesgo que corrían de ser confundidos con algún diputado o senador en tiempos de Domingo Cavallo y la gesta de las privatizaciones del converso Menem.

No es eso lo que le pasa a Las Delicias, maravilla artesanal de bocados de reyes para el pueblo, que si no reluce como en otros tiempos es porque nada brilla en la Argentina y no sólo por la perversidad del gobierno de Macri.

Tercera generación de dueños, por lo general no forjados en el sacrificio de sus ancestros, podrían, piensa uno, caer en tentaciones de negocios financieros especulativos y echar al arcón de las nostalgia la tesonera obra de padres y abuelos. Acaba de pasar con la confitería La Ideal, en Buenos Aires, aunque en ella se veía venir desde hace varios años, probablemente por la disparidad de criterios de sus treinta y dos dueños.

Pero no impregnemos amarguras este momento porque Las Delicias, de Santa Fe, inolvidables delicias, está de pie. Y resistirá la tormenta macrista.

Que así sea querida María del Rosario de San Nicolás.

Actualizado (Jueves, 02 de Agosto de 2018 11:42)

 
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