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PostHeaderIcon LAS MUERTES DE UN PERIODISTA

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Extrema dureza, falta de amor por los que sufren, fracasos recurrentes de las clases dirigentes, gobierno de aventureros offshore que mata a los que todavía no nacieron, la Argentina, así, es un fracaso condenada a la mutilación de riquezas y territorios. Esta nota es de un periodista muerto de tristeza escrita en homenaje a Julio Blanck, que pudo ser heredero de otro tiempo, de otro periodismo imprescindible,  ante la irremediable necesidad de comenzar de nuevo.

Por Armando Vidal

Entre el diario que fue Clarín y el que es hoy han pasado diez años que parecen un siglo. Uno de los últimos exponentes destacados de aquel diario a éste fue Julio Blanck, buen compañero cuando uno fue su jefe y buen compañero cuando fue al revés. Más de una década separaba a este remoto hijo de la imprenta de Gutemberg del recién llegado de la PC, como era Julio. Hablaron poco pero se entendieron siempre.

Julio era curioso y quería saber. Estuvo en Deportes y, como otros, pasó a la sección Política para cubrir la actividad del partido radical, que entonces tenía vida, para seguir en particular todo lo referido a la Coordinadora. Siguió los consejos del ahora diputado nacional K, Leopoldo Moreau, en los días clamorosos del alfonsinismo del que el Marciano fue el mejor exponente en la Cámara del inolvidable maestro Juan Carlos Pugliese.

Julio creció en los años de la redacción post Marcos Cytrynblum, el gran jefe entre 1975 y 1990, cargo cubierto tras su precipitada salida por Roberto Guareschi, cuya misión se extendió hasta 2003. Desde entonces está en el sitial cumbre Ricardo Kirschbaum, el Coloradito que la Triple A y el genocida Bussi expulsaron de Tucumán con su familia por la misión social y política de su padre, Mauricio Kirschbaum, médico defensor del hospital público, presidente del Colegio de Médicos de esa provincia, médico afín a las lecturas del socialismo nacional de Jorge Abelardo Ramos.

Los Kirschbaum terminaron fuera del país y Ricardo en Buenos Aires, trabajando para El Cronista Comercial del siempre recordado -por los periodistas, sólo por ellos-, el empresario secuestrado y desaparecido Rafael Perrotta, más delegado gremial de los trabajadores que el propio secretario de la comisión interna, Alberto Dearriba, uno de los periodistas más queridos de aquellos tiempos que siempre lo cuenta y ríe cuando lo cuenta en homenaje a ese hombre rico y sensible.

El Colorado Kirbo tiene su historia, como Ricardo Roa –hijo de una mítica madre del peronismo porteño de los sesenta- tiene la propia, lo mismo que Blanck, en su caso guardada bajo las piedras del demolido muro soviético.

Buenas y sufridas historias para periodistas de otros presentes.

Compañeros de Julio, sus compañeros que escribieron con mucho cariño sobre él como su amigo Eduardo van der Kooy, un sarcástico (lo dice él) que esconde su ternura (lo digo yo), que escribió con un dolor redoblado por el recuerdo de la muerte de Oscar Raúl Cardoso, del 1° de julio de 2009, a los 35 años de la muerte de Perón.

Al año de la muerte de Oscar, con el libro en la mano Querido Gordo Cardoso, de Nancy Sosa y Silvia Mercado, murió Claudio Andrada, en brazos de quien escribe, tras el acto de presentación realizado en la ex Biblioteca Nacional, hoy sede de la SADE.

Murió de emoción por el cariño recibido de sus viejos compañeros de los que estaba distanciado desde hacía algunos años. Sensibles de corazón son los periodistas. Algunos, pocos, lo son de su bolsillo.

El desenlace en el caso de Julio fue previsible tras un duro proceso que enfrentó con enorme dignidad y valentía, tal como detalló Van der Kooy.

Julio se merecía ese reconocimiento y no hizo mella a la vista aquello de “periodismo de guerra” como había definido la labor del diario, frase cuya importancia se acrecentará con el tiempo. Y que ahora colaboró a que propios y extraños compartieran el mismo pesar por su pérdida en plena juvenil madurez. Una de esas muestras provino de Eduardo Valdés, en su programa del último domingo Un poco nomás, de la 750, y de Página/12, el mismo día.

Por si algún escolar pasa por estas líneas, vale recordar que Julio habló en un programa de cable no convencional del periodismo político acerca de la relación del diario con el gobierno de Cristina Kirchner. Aludía a lo sucedido desde la sanción de la ley de medios audiovisuales en octubre de 2009, que agudizó el entrevero entre las partes derivado del conflicto con el campo del año anterior por las retenciones sojeras.

Retenciones a la que el gobierno quiso darle jerarquía de ley, al estilo de lo que hizo el gobierno de Arturo Frondizi con un decreto de Aramburu en favor de la educación universitaria privada, de eso hace 60 años en estos días. Laicos vs. libres, 300 mil pibes y pibas a favor de los primeros contra el tercio de la manifestación de los que perdieron afuera pero ganaron adentro del Congreso. Primera lección parlamentaria para un chico de 15 que había tomado el comercial de Quilmes.

En el 2008,  lo impidió el voto negativo al desempatar como titular del Senado, el vicepresidenteJulio Cleto Cobos, elegido por Néstor como compañero de fórmula de Cristina. Votó en contra del PEN que integraba y, encima, no renunció. Siete meses de gestión y tres años y medio con un enemigo en el comando supremo. Muestra de la moral de un ex gobernador mendocino, luego vice, después diputado y ahora senador con la Presidente traicionada.

Esa guerra contra Cristina continúa, ahora a cargo de un lobo estepario. Quieren ponerla la presa, como a Milagro Sala. A ella, por lo que significa y temen; a la jujeña, por lo que representa en esa área cultural y política de un mismo pueblo con distintas fronteras.

Un capítulo clave dentro de un capítulo que trascurre a cargo de un Presidente no auscultado como si lo hicieron los psiquiatras norteamericanos con Donald Trump.

Un capítulo parangonado con las persecuciones y crímenes de la Revolución Libertadora, de improbable extensión comparada con aquella, si llegamos a la hora de las urnas, si llegamos, dentro de poco más de una año, pero sí, y mucha, en sus consecuencias.

Es tan increíble lo que está pasando, tan increíble que hasta parece cierto que nos esté gobernando Macri.

Mejor, no seguir, volvamos a Julio, aunque sea difícil escribir, con esa pérdida clavada en la garganta, porque es normal que un periodista muera antes de su muerte, que muera en soledad, entre libros, papeles amarillos y olvidos porque ya cumplió su misión.

Pero es demasiado arbitrario que muera en plena vida cuando falta el desenlace de una historia de cual Julio era uno de sus mejores herederos.

Si rezar por Francisco ayuda, recemos por nuestros queridos muertos y por la Patria a la que están, estamos, matando.

Actualizado (Martes, 11 de Septiembre de 2018 22:08)

 
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