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GRANDES DEUDAS - AGUA, MINERÍA Y REPRESAS

Dos veces diputado nacional, subsecretario de Medio Ambiente de la Nación, el autor es un especialista en el tema. Nunca ha conseguido que le prestaran suficiente atención los medios porteños. Pero no es hombre de arredrar y aquí vuelve a la carga contra la indiferencia y los negociados. Primero advierte la razón de la creciente sequía en Brasil y Bolivia, que afecta a los ríos que alimentan al Río de la Plata, asegura el grave problema de la falta de agua en Buenos Aires en un cercano futuro y varias provincias y, al final, formula una propuesta superadora.

Por Héctor Dalmau

El País de los ríos muertos, un libro de mi autoría de hace cuarenta años, advertía sobre la condena que resulta para la Argentina ser un país de aguas abajo en la Cuenca del Río de la Plata. La sentencia se está cumpliendo. El Río de la Plata, que los porteños ni miran, está agonizando porque no llegan los suministros de sus principales colectores, como el Bermejo (tomando como parte importante de su existencia al Río Grande de Tarija, uno de sus formadores), Pilcomayo, Paraguay, Paraná, Iguazú y Uruguay. Ninguno de ellos, ninguno de los seis más grandes cursos de aguas dulces, que culminan formando al Río de la Plata nacen en la Argentina.

Hace un tiempo leí que el presidente Mauricio Macri había cedido a los pedidos de Uruguay (1) y que, en consecuencia, “Montevideo será el principal puerto del Río de la Plata y el país perderá US$ 5.000 millones".

La información añadía: “La Comisión Administradora del Río de la Plata habilitó al puerto de Montevideo para que realice un dragado de 14 metros en su principal canal de acceso. Esto otorga facilidades al puerto uruguayo por sobre el argentino abandonando la igualdad de condiciones”.

Esta noticia que de por sí nos habla de la muerte de la actividad portuaria más importante de la Argentina, ya que limitaría en extremo las operaciones de los amarraderos de nuestra hidrovía Paraguay-Paraná–Plata, oculta una realidad mucho más grave aún: la extinción de los caudales de todos los cursos de aguas de doce provincias, además de la ciudad de Buenos Aires.

Como la realidad es la verdad y la verdad no se dice, los medios de comunicación no advierten la gravedad extrema de lo que ello significa. Hace ya quince años Paraguay y Brasil sufren la temida sequía. Es hora que los medios oficialistas y también los que no lo son, rompan el silencio.

Son multimillonarias las pérdidas en dólares. Pasa tanto en el medio y alto Paraná, como en el Uruguay, situación perfectamente verificable con sólo consultar los informes que publica la Prefectura Naval Argentina dos veces al día, todos los días del año. Está en la web.

Debe saber el lector que cuando bajan los niveles de los ríos colectores, todos sus afluentes sufren un efecto tobogán que los hace volcar más volúmenes de lo que naturalmente hacen para mantener su sustentabilidad. Es decir que una bajante del Plata, repercute, por ejemplo, en las nacientes del Pilcomayo, en la cordillera boliviana. Eso sucede cuando se rompen los equilibrios naturales.

No sé si muchos tienen en cuenta, además, que la Alta Cuenca del Río de la Plata, que abarca ocho estados brasileños, más todo Paraguay y gran parte de Bolivia, supera los 110.000.000 de habitantes, cuya sobrevivencia depende de las aguas dulces mermadas en forma creciente por la falta de lluvias debido a la tala indiscriminada y casi total de las selvas, iniciadoras del ciclo natural de las aguas.

Donde no hay árboles el cielo no riega.

En compensación, todos esos ríos, antes de entrar a la Argentina, son regulados por más de ochenta represas, que permiten a esos países hidrogenerar, regar plantíos, mover industrias, alimentar minas a cielo abierto, abastecer a la población y hasta navegar más de 2.000 kilómetros.

Según estimaciones, esa población se duplicará en cuarenta años, por lo cual sus habitantes superarán los 220.000.000.

¿Seguirán bajando las aguas hacia la Argentina cuando sean 220 millones? Este simple maestrito de Campo Ramón asegura que no.

¿Entonces…?

¿Para qué están empeñados en agrandar el poder de retención del brazo Añá Cuá, de Yacyretá? (NdE: ver en esta misma sección, por el mismo autor, la nota Yaciretá, el diablo espera en la cueva).

¿Para qué profundizar el puerto de Montevideo, al que quieren transformar en el único de un estuario en extinción?

Para la primera pregunta no hace falta mucha explicación… un curro del año cero.

Para la segunda, puedo pensar que ya han estudiado que los flujos de las aguas del Atlántico cubrirán los caudales que ya no bajarán. ¿Y cómo navegaremos nosotros el Paraná para llegar a Montevideo? ¿Se lo preguntaron Macri y los orientales?

Antes que obras y dragados tan inútiles –Macri, con Yaciretá y los uruguayos con su puerto- deberían aprender algo sobre la no sustentabilidad de las cuencas hidrográficas.

Si la hidrovía no tiene agua, el puerto de Montevideo será algo así como la Costanera sur de la ciudad de Buenos Aires, donde en nuestra infancia –y me incluyo- se bañaban los pobres porque las aguas generosas llegaban a sus muelles, que hoy limitan con la Reserva Ecológica, nacida de los sedimentos que arrastró en décadas un río sin fuerzas.

* La propuesta

Todo lo dicho, admite opinión en contrario pero no desmentida alguna. Los datos y los hechos son reales, concretos y verificados.

Por eso, ya señalados los factores que perturban la llegada al Plata de las aguas dulces que vienen del norte –siempre hay que tener presente la diferencia de altura que, por ejemplo, con Brasil es de 226 metros desde Itaipu al Plata-, lo que hay que evitar es que esas aguas sigan su viaje hasta perderse en el mar.

Y la única manera de asegurar la sustentabilidad del Río de la Plata, es construyendo una represa que una el oeste montevideano con la provincia de Buenos Aires. No sólo generaría el freno de las aguas y produciría energía, sino que, además de ser un vehículo de comunicación, al asumir la obra ambos estados quedaría afuera todo manejo foráneo.

De este modo, se transformaría un aciago futuro en una realidad inmediata de trabajo y de enormes perspectivas porque haría navegables todos los cursos fluviales desde Jujuy hasta el Río Negro, conectando a éste con el sistema Vinchina, Desaguadero y Colorado. Y cuando digo todos los cursos digo todos.

La Argentina y la República Oriental del Uruguay tienen lazos de hermandad por ser parte de un mismo pueblo con sus rasgos y diferencias entrelazadas en un mismo origen, un mismo espacio y una misma cultura,

Esa represa, ese puente, esa obra de grandeza es el símbolo de unidad de don José Gervasio Artigas.

(1) NdE: El autor alude aquí al Tratado del Río de la Plata entre la Argentina y Uruguay, de 1974, con el que el tres veces presidente de los argentinos, Juan D. Perón, cedió en la postura de limitación de las aguas, a cambio de tener la soberanía de la isla Martín García y de compartir con el hermano país una comisión binacional que tratase todos los asuntos concernientes a esas aguas en cualquiera de sus orillas. El decreto de Macri reclama la aprobación de ambos Congresos. 

Actualizado (Miércoles, 24 de Octubre de 2018 09:21)

 
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