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PostHeaderIcon CUANDO SE REMATÓ EL SUEÑO DE MOSCONI

GRANDES DEUDAS - POL. DE ESTADO

La sesión de privatización de YPF en  1992 en Diputados tuvo serias irregularidades como, por caso, la  conformación del quórum. La situación del diputado latorrista Ricardo Molinas que sugestivamente colaboró a último momento con la estrategia del menemismo.

Por Armando Vidal

La primera irregularidad fue desconocer que la sesión especial convocada para el 16 de setiembre había caído por falta de número, lo que invalidaba su continuación, tal como protestaron por nota los diputados De la Rúa, el socialista Alfredo Bravo y el bussista Fernando López de Zavalía.

Otra fue la larga espera el miércoles 23 para su comienzo ya que se negociaba la participación de los diputados gremialistas, mientras los legisladores provinciales y ucedeístas esperaban con paciencia oriental, salvo Clérici que se removía en banca. La sesión especial fue convocada para las 13.30. Eran las 16 y estaba en veremos. No alcanzaba el número. No había forma de convencer a Humberto Romero, Víctor Sodero Nievas, y Dante y Graciela Camaño para que participasen en defensa de su propio dictamen, presentado con gran despliegue (incluso con una solicitada de una página en Clarín).

Rato después -a las 16 y 24-, Pierri dijo:

 - Con la presencia de 130 señores diputados queda abierta la sesión la sesión especial.

La espera, la hora y el clima hacían recordar a los cronistas la tarde del 26 de marzo cuando se produjo el asalto de los intrusos que querían privatizar Gas del Estado.

Igual que ese día, José Estenssoro, pariente del ex presidente boliviano Víctor Paz Estenssoro, estaba en el palco.

Matzkin aprovechó:

- Puede decirle a los radicales que se acabó el juego, que ya tienen piedra libre-, dijo dirigiéndose a Pierri.

Alberto Albamonte se burló también de los radicales al pedir que se repartieran copias del proyecto entre los diputados patagónicos y de provincias petrolíferas, que aguardaban en el Salón de Pasos Perdidos, porque no salía de su asombro que no estuvieran en el debate por cuestiones partidarias.  

El luego trasvestido en justicialista y convencional constituyente del partido de las víctimas del ‘55, dijo:

- Me parece que está bien que sean leales al partido político al que pertenecen, porque todos tenemos lealtad con el partido al que representamos, pero aquí estamos presentes los diez representantes de la Unión del Centro Democrático, que somos leales a nuestra plataforma y también fieles a lo que hemos venido predicando siempre desde la fundación del partido.

* Galván entra a escena

- ¡Se votó sin quórum, señor presidente!- gritó de pie el radical Raúl Galván, que había ingresado de golpe de atrás de las cortinas, mientras aparecía dando quórum para votar el plan de labor. Y pidió una cuestión de privilegio, que reclama consideración inmediata pero que Pierri desatendió, en medio de gritos y protestas, y el deseo del neuquino Oscar Parrilli de ganarse algún galón con su fundamentación a favor de privatizar la empresa más importante de la Argentina.

Ingresaron los radicales y Baglini advirtió que la sesión se había iniciado sin número reglamentario, que fue, aclaró, lo que había ido a denunciar Galván.

 - Por otra parte -prosiguió-, hace largo tiempo venimos presentando quejas acerca del funcionamiento del tablero electrónico de la Cámara. En muchas de las votaciones que se han realizado se pudo advertir que no reflejaba el movimiento de los señores diputados. Este hecho ha dado lugar, incluso, a noticias en los diarios.

Seguían las protestas pero el revuelo era lo de menos: lo grave era la forma empleada para sacar las leyes.

Pierri presintió que se venía un baldón de críticas contra él y aceptó el requerimiento de Baglini de leer la lista de los presentes, entre los que estaban Galván y Ricardo Molinas y faltaban varios oficialistas.

­- ¡No me complique en la entrega del país!, gritó Galván, mientras su correligionario Gastón Ortiz Maldonado aseguraba que Molinas no estaba presente en el momento que se izó la bandera.

En todo lo que sea asistencia, Pierri se maneja por lo que le dice Juan Carlos Cora, su asistente personal de tarea clave en la ampliación de miembros de la Corte Suprema y en el escarnio del diputrucho, como ya se vio.

No necesitaba al servidor en ese momento porque había visto a Molinas entrar sigilosamente y quedarse en una de las bancas del fondo, en lugar de avanzar hacia el medio del recinto para ocupar la que le pertenece, que era lo que él le indicaba desde el estrado.

Molinas, con cierto balbuceo, aclaró que cuando ingresó el tablero marcaba 131.

Dos opositores, en síntesis, daban quórum: el radical Galván y el ex demoprogresista Molinas, que suele seguir los pasos del socialista Guillermo Estevez Boero, y firmante con éste de un dictamen de rechazo total a la ley.

Molinas, además, eludió concurrir los dos intentos anteriores de formación de quórum, lo cual acentuó la extrañeza al verlo donde dijo que no iba a estar.

Según Pierri, Molinas entró cuando había 131, en el momento que salía el bussista tucumano Rafael Topa, con lo cual el santafesino quedó como el artífice de la obtención del quórum.

El debate en torno de una privatización que no había sido requerida en 1989 y, por tanto, no estaba incluída en la ley de reforma del Estado, caminó por dos veredas.

Una incluía la historia (el papel de YPF nacida para limitar a Esso y Shell, poco antes de la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay) y el futuro (el dispendio de recursos no renovables); la otra vereda, era más pedestre: el quórum trucho.

El neuquino Parrilli hizo méritos para fundamentar los beneficios del proyecto pero la tensión lo alcanzó cuando finalmente reflotó el conflicto inicial.

Baglini sostuvo que el radicalismo estaba convencido de que la sesión se había iniciado sin quórum.

Y puso en duda la honorabilidad del justicialista santacruceño y partidario de la ley Rafael Flores -dos años después era uno de los bordonistas que se fueron del bloque y del partido- por tener su pierna enyesada sobre una banca.

La nómina de presentes a las 16 y 24, hecha leer por Pierri, incluía, como se dijo, a Galván y Molinas.

Pierri explicó que cuando ingresó Molinas salía en ese mismo momento de Topa, quien a su vez aseguró que cuando el tablero marcaba 130 se levantó unos minutos para hablar con Baglini, fuera del recinto.

Molinas aclaró después que cuando él ingresó Galván estaba haciendo su reclamo de pie y que, por eso, se sentó al final, lo cual era estrictamente cierto.

Galván vuelvió a la cargar para que no queden dudas de su posición y reiteró que la sesión se había iniciado sin quórum.

Un coro de gritos recibió por respuesta.

 - Estoy aclarando que no he formado quórum para entregar YPF...-, se desgañitaba Galván. Que fue lo que le gritó el menemista Jorge Yoma cuando su comprovinciano entró para decir que se había votado sin el número reglamentario para hacerlo. 

Pierri no le replicó que, pese a lo que decía Galván, sí había formado parte de ese número porque  era admitir que la sesión había arrancado antirreglamentariamente al contar con sólo 129 presentes.

- Ya está aclarado-, le dice Pierri al riojano radical, mientras aumentan los gritos, ahora de varios oficialistas contra él.

* Comienzan los discursos

Habló a favor de la ley el justicialista mendocino Nicolás Becerra y el neuquino radical Rodolfo Quezada desgranó un detallado discurso en contra.

Después de una cuestión de privilegio del peronista disidente Moisés Fontela (Grupo de los 8, a esa altura reducidos a cinco miembros) en respuesta a otra en la que el justicialista Oscar Lamberto lo había llamado “botón” (1), retornó la puja en torno de la trasparencia de los procederes.

El liberal Clérici confesó su “cansancio moral” y recordó:

 - Desde hace meses está bajo sospecha el normal funcionamiento de la Cámara y su decoro. Primero fue el caso del diputado trucho, que aún no ha sido aclarado adecuadamente. Después fue la acusación vaga y generalizada del señor diputado Saadi, seguida inmediatamente por acusaciones similares del señor diputado Mendoza.

Clárici está cansado. Y se nota. 

Flores, molesto porque sospecharon de su integridad, explicó que su yeso se debía a que tenía cortado el tendón de Aquiles y que no gravitó en el tablero depositar su pierna sobre una banca cuando la diputada Marcela Durrieu habituamente no consigue que registre sus 45 kilos de peso.  

Baglini aclaró que no le quiso atribuir una conducta fraudulenta y no pensó en pedirle que demostrase la liviandad de la que hablaba sino que prefirió otro enfoque:

- Lo que hemos dicho claramente es que en más de una oportunidad efectuamos la observación de que el tablero electrónico, así como no refleja la pierna del señor diputado Flores, tampoco indica el momento en que me levanto; no hay duda alguna de que mi banca debería ser sensible a mi peso-, señaló el voluminoso legislador mendocino.

Luis Zamora acotó que la denuncia de Saadi sería apenas la punta del iceberg y con citas frecuentes de Adolfo Silenzi de Stagni describió un multimillonario negocio en desmedro de YPF.

 ­- ¡Vayan a decir a Pérez Companc que el petróleo ya se ha reemplazado por otras fuentes de energía! ­¡Vayan a decir a los miles y miles de iraquíes masacrados por la política de los Estados Unidos y por el vergonzoso apoyo del gobierno de Menem que el del petroleo es un problema ya superado! ­¡Miren los libros de contabilidad de Bulgheroni o de la Shell para comprobar que éste es un problema superado!-, gritó.

La votación se produjo al día siguiente, luego de una sucesión de discursos.

En ese momento se retiró la bancada radical  en medio de gritos como “ladrones, pasen a llevarse las valijas”, mientras algunos justicialistas respondían con insultos y la perenne invocación a la “huida” del gobierno en 1989.

La Cámara volvió a quedar con 131 presentes, de los cuales diez votaron en contra (el porteño Andres Fescina, el jujeño Pedro Figueroa, el tucumano Alberto Germanó, el sanjuanino Carlos Gómez Centurión, el mendocino Alberto González, el formoseño Anibal Hardy, el tucumano Julio César Ibarreche, el santafesino Alberto Natale, el tucumano Rafael Topa y el santafesino Mario Verdú, salvo el primero todos ellos pertenecientes a partidos provinciales que hubieran sumergido la ley a la cual decían oponerse de haberse levantado de sus asientos un par de ellos.

Germanó, Topa e Ibarreche fueron a la sesión, pese a que el presidente de la bancada, Fernando López de Zavalía, fijó posición en contra.

A la sesión siguiente nadie hizo mención al episodio pese a que el radicalismo contaba con una reconstrucción fotográfica del momento en que los justicialistas se ponían de pie, cuando el tablero marcaba 130 y Pierri abría la sesión.

* No había quórum

Según las cuentas, los presentes eran 128 legisladores sin contabilizar a Molinas.

Apenas 48 horas antes de la sesión del controvertido quórum, Clarín había informado de un pedido de desafuero al diputado Molinas requerido por el juez federal Miguel Pons por supresión y adulteración de documento público cuando desempeñaba la Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas.

Se trataba del mismo juez que le había dictado la prisión preventiva por exanciones ilegales a su hijo, Fernando Molinas, su secretario personal en la Fiscalía y también involucrado en la causa de Neri (2). No había motivos para vincular una cosa con la otra. Y en el caso del representante de los jubilados, Juan Carlos Sabio, ex empleado de YPF, que apoyó la ley y que a diferencia de Molinas la votó a favor, tampoco.

Distinto fue con la reforma previsional.  

(1) Fontela lo había criticado duramente en distintos programas de televisión. Lamberto reivindicó su condición de peronista y de ex miembro de la JP. Dijo que los peronistas perseguidos de ayer y los que transformaban hoy el país tenían “los atributos viriles necesarios”. Dos veces llamó “botón” a Fontela, quien prefirió no ahondar el conflicto a la hora de responder.
(2) El 21 de enero de 1984, el entonces ministro Aldo Neri designó a Carlos Edgardo Giuliani como interventor en OSECAC. Se trataba de un procesado por defraudación. El adjunto de Molinas, Jorge Quaglino, tomó declaración a Neri, tras lo cual redactó un dictamen en el que responsabilizaba al ministro por violación de los deberes públicos. Al volver de una licencia, Quaglino comprobó que la declaración que estaba en el expediente -y que no era comprometedora para el ex ministro- no era la misma que él le había tomado a Neri. Después de tomar declaracion a funcionarios de la Fiscalía, el juez Pons pidió el desafuero de Molinas (Clarín, 21/9/92). La Cámara de Apelaciones revocó el fallo de Pons por considerar que Fernando Molinas no era autor del delito imputado.

Fuente: El Congreso en la trampa, Armando Vidal, Pags. 221/224.

Actualizado (Martes, 19 de Febrero de 2013 08:16)

 
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