PostHeaderIcon UNA PORQUERÍA

GRANDES ESCÁNDALOS - OTROS

Hay más, mucho más para decir, pero aquí va algo de lo que se desprende de una sesión que fue todo un resumen de lo que es y le aguarda a la Argentina. Fue en Diputados. Fue un escándolo. Fue una señal más del rumbo que preanuncian los hechos que desligitiman los votos que tuvo  Macri y lo  acercan, gradual y progresivamente, hacia una dictacracia. Una porquería.

Por Armando Vidal

En la madrugada del jueves 22 de marzo, al final de la sesión -en ese momento en minoría- en la Cámara de Diputados, el presidente de la bancada peronista K, Agustín Rossi, dijo que el bloque oficialista era "una porquería", por haber abandonado el recinto luego de la aprobación de proyectos que reemplazaban al DNU dictatorial del PEN, que así quedó en vigencia, lo cual violó lo acordado. Todo, incluido el escándalo, pasó al Senado donde el ex menemista y ex K, Miguel Pichettto,  representa a los gobernadores pactistas y es clave en tan delicada cuestión.

Rossi le dijo "son una porquería" a Emilio Monzó, presidente de la Cámara, que se quedó al frente de la sesión para absorber toda la indignación opositora. 

Estaba ta enojado Rossi que se desbandó cuando aseguró que al menos por parte de su sector no había que esperar juego limpio de aquí en más. Quiere comerse al caníbal. Mejor sería seguir concentrado en los gorilas.

Además, habría que diferenciar entre los componentes del interbloque Cambiemos -y sus aliados- la proporción del calificativo que le corresponde a cada uno, incluyendo a los diputados títeres de gobernadores de signo peronista, entre éstos un ex ministro de Cristina.

En ese reparto los del Pro son los menos comprendidos en el calificativo porque acatan y piensan por el partido que es de Macri, entre ellos Pablo Tonelli, el hijo de Ideler Tonelli, radical, el ex ministro de Trabajo de Raúl Alfonsín.

Los que se llevan por lo menos el sesenta por ciento del desprecio son los radicales -aquel viejo partido nacido tras la revolución de 1890- que representa mejor que nadie en Diputados el entrerriano cordobés Mario Negri -presidente del interbloque de Cambiemos-, absolutamente desvergonzado en relación con su propio pasado, como joven segundo en su momento del frontal y noble presidente de la bancada radical, Chacho Jaroslavsky. También le llegaron a Negri los ejemplos y enseñanzas de Juan Carlos Pugliese, presidente de la Cámara en la etapa inaugural de la recreada democracia pos Malvinas. Negri ya no se acuerda de lo que hizo y dijo en ese mismo recinto hace años. 

Igual que Oscar Aguad -ministro de lo que no entiende-, su antecesor en el cargo, Negri ni siquiera traga sapos: disfruta los escuerzos de Macri.

Sigamos con el reparto.

Un veinte por ciento del adjetivo rossiano podría concedérsele  a la Coalición Cívica de Elisa Carrió que parece estar atravesando algún problema particular –y no de ahora- porque aumenta cada día la distancia que la separa de la que fue. Esa señora no es ya Lilita. Poco tiene que ver con aquella que sorprendió a Raúl Alfonsín en la convención constituyentes de 1994 al enfrentarlo desde la bancada radical por haber suscripto el ex Presidente el Núcleo de Coincidencias Básicas surgidas del Pacto de Olivos con Carlos Menem.

O con sus luchas contra el gobierno radical de Fernando de la Rúa lo que le valió perder la presidencia de la comisión de Asuntos Constitucionales de Diputados y salir de la bancada radical –quedarse sola- hasta que, solidario, la rescató como un padre el socialista Alfredo Bravo y la sumó a su bloque, base de lo que luego seria la Alianza para la República (ARI) y después la actual Coalición Cívica.

Ahí está Carrió, atenta a lo que dice el patrón, lo mismo que su ex amiga Graciela Ocaña, la hormiguita con alas  que iba saltando ofreciendo sus servicios hasta que arregló y se puso la camiseta de Macri.

El resto de la porquería lo conforman los títeres de los gobernadores, entre ellos diputados de Misiones, Tucumán, Salta y Entre Ríos, más otros solitarios de partidos provinciales.

Esos legsisladores, uno por uno, componentes de una mayoría precaria, avalan la política de endeudamiento que compromete a varias generaciones y a todos los gobiernos en el futuro, y que el actual gobierno ni sabe cómo hará pagar a partir de este mismo año; la desindustrialización premeditada con la política de importaciones de productos con mano de obra extranjera (al estilo de como lo hacía la Venezuela de Carlos Andrés Pérez en los setenta); el aval y fomento de la cultura de la dictadura en el campo de los derechos humanos para aniquilar lo mejor de lo logrado en democracia, con sus idas y con sus vueltas; reprimir y avalar matar por la espalda a los organismos de seguridad; el abandono de una política exterior propia no atada al imperalismo cuyas acciones siempre son en desmedro de nuestro país (Malvinas y los atentados son ejemplos demostrativos); el reparto arbitrario de los recursos impositivos en mayor beneficio de los que más tienen como es el campo terrateniente y las mineras; el ataque sistemático a la educación y sobre todo a sus defensores, como es el sector docente, lo mismo que a toda organización sindical que no sea obsecuente con el poder, además del abandono de las políticas sociales en apoyo de los más necesitados que ensanchan su dimensión con los perversos aumentos en los servicios públicos, y tanto aquelarre en la misma dirección.

Todo en nombre de un liderazo concedido a Macri. No sea cosa que que se haga realidad aquello del rey que estaba desnudo.

En un retrato sobre la maldad, el escritor Olivero Coelho escribió:

En otros casos, la maldad es una condición natural para equilibrar una desventaja congénita, y se instala en el interior de la personalidad como un rasgo tan metamorfoseado que su portador no lo percibe e, incluso, lo celebra en bailecitos impostados. Según compañeros del actual presidente en el Cardenal Newman, el joven Mauricio Macri era el peor alumno de la clase, aunque su bajo coeficiente era inversamente proporcional a su maldad. No era la maldad de un matón, sino la de un niño que compensa su falta de astucia con arranques de crueldad y dubitativo sadismo. Algo que a lo largo del tiempo prevaleció y debió haber premoldeado la relación tensa con Franco Macri, que padeció en carne propia esos arranques de maldad cuando su primogénito intentó declararlo persona mentalmente insana. Se explica así por qué, en décadas, Macri fue el único capaz de comulgar con la mentalidad escabrosa de Lilita Carrió por más de un año. No sorprende a la vez la reacción de mandatarios cínicos como Vladimir Putin, que en un encuentro bilateral el año pasado, al escuchar hablar a Macri, le preguntó a su intérprete “¿éste es o se hace?”, algo para lo cual parte de la población, miembros arribistas de gabinete, asesores y sobre todo compañeros de aula, hace rato ya tienen respuesta.

(Apuntes en Viaje/Diez segundos para correr, Perfil,  28/5/17. Ver aquí en: Reportajes…/Políticos y… )

Ese era el candidato que eligió primero el poder para vencer en las elecciones del 2015 y este es el gobierno que hace Macri que los diarios oficialistas no reflejan.

Nunca pasó que a la representación política de ese gobierno en la Cámara de Diputados, un presidente de un bloque opositor le dijera al presidente del cuerpo que le perdía el respeto por haber sido cómplice de una maniobra artera y calificar al conjunto del oficialismo con el categórico…”son una porquería”. Y eso que no tienen la mayoría, como señaló Graciela Camaño, en nombre de un alicaido massismo. "Ellos nos prepoteaban porque tenían los votos ganados en las elecciones y no quiero imaginar lo que harían ustedes", les reprochó recordando, de paso, a los kirchneristas,  a los que siente seguramente más cerca que a sus criticados. Calificó de "mamarracho" lo que habían hecho los oficialistas y dijo que la República se había acabado, corraborando la impresión que tanta grosera vulneración a las leyes y a la Constitución, tanto ataque a la Justicia, va transformando la democracia en una dictadura al estilo de Brasil, una dictacracia argentina.

Inimaginable pensar algo así por el peronismo con el radical  Pugliese como presidente de la Cámara. Y a ningún radical se les ocurrió decir lo propio a Alberto Pierri, su sucesor durante diez años en el cargo con el menemismo, que sí hizo porquerías.

Porquería el oficialismo, porquería la oposición colaboracionista, porquería el periodismo de porquería.

Cambalache y deuda eterna.

Qué porquería.

Actualizado (Sábado, 24 de Marzo de 2018 14:46)