PostHeaderIcon DALMAU VE UNA LUZ EN LAS TINIEBLAS DE HOY

REPORTAJES y ARTÍCULOS ESPECIALES

Peronista leal, peronista crítico, peronista histórico y actualizado, idóneo en el fluir de las aguas y sus alarmas,  el ex diputado Dalmau cuenta lo que le dijo Perón  poco antes de morir y ve a Cristina -con sus votos- como la guía en horas oscuras

Por Héctor Dalmau

El peronismo, en tiempos de su creador y conductor, Juan D. Perón, era una fuerza política indestructible, superadora de exilios, persecuciones, crímenes y hasta vejámenes  de sus derechos civiles.

Hoy sufre una hemorragia militante por discrepancias ideológicas, metodológicas y hasta morales, que provocan divisiones internas, propias e inducidas, por maquinaciones exógenas, que desde 1974 le hacen perder su identidad, a cambio de nada.

Esa crisis no se puede comprender a golpe de titulares o de frases huecas, que no tapan las ambiciones personales de aquellos que puedan pagar, y/o hacerse pagar, sus inocuas presentaciones mediáticas para instalarse como posible candidato a lo que sea y con quien sea.

Esta realidad parecería marcar el fin de la participación electoral de los seguidores de Perón.

Lo ocurrido en la República Argentina el pasado 22 de octubre, me obliga a pensar en aquellos Idus de marzo”, cuando el asesinato del César sumió al Imperio romano en largas guerras civiles.

Al homologar los acontecimientos, reaviva lo que me expresara personalmente, el General Perón una mañana de febrero, del año fatídico de su muerte,  en la que me recibiera para encomendarme una misión en mi carácter entonces de presidente del Congreso de Municipalidades de la Provincia de Misiones.

Reproduzco mi diálogo con el Presidente en el tramo pertinente, que arrancó con una pregunta atrevida:

- ¿General, usted no se arrepiente de haber vuelto al país?

 El enorme líder, recostándose en su sillón me respondió:

-Las épocas, cambian a los hombres y a los escenarios, y para mí dieciocho años fueron más que una época...

No repregunté. Sentí que esa respuesta era una profesía inapelable.

Lo confirmaron las palabras de despedida, pocos días antes de morir, transformadas en legado, aquel 12 de junio de 1974, en su último discurso en Plaza de Mayo ("...mi único heredero es el pueblo") y mi propia experiencia por haber actuado e interactuado con la mayoría de los desgastados popes residuales de la política argentina,  fundamentalmente del Partido Justicialista.

Ante aquella grandeza, un mercachifleo político imperante, donde las mismas caras aparecen en diferentes rejuntes, diciendo y desdiciéndose, de acuerdo a sus mezquinas conveniencias, ante un pueblo, tan desinteresado, como adormecido por tan incomprensibles tejes y manejes, que superan su capacidad de entendimiento.

De allí, el resultado del 22 de octubre de 2017, fecha para recordar, en la que "triunfó el poder con el voto de sus víctimas" para usar la síntesis del editor en FB que resume la estupidización en la que estamos en el país de los ricos que gobiernan, con mesazas por TV y de pobres que hacen de caballo para tirar diez horas del carro y darle de comer a sus familias.

El problema de los peronistas es la abundancia de maquiavélicos  príncipes (término que deviene de principiante), que pululan tras el poder ávidos de negocios propios en nombre de Perón, mientras otros desparraman doctrina, sin pensar en que el escenario post Guerra de Malvinas ha cambiado totalmente.

Las nuevas generaciones no entienden ese lenguaje de mediados del siglo pasado, setenta años atrás, cuando Perón fijó sus preceptos doctrinarios que hoy deben ser analizados en profundidad, para su adaptación a esta realidad que sigue reclamando un proyecto de país realmente integral e integrador. Deber que en primer lugar es de los peronistas.

En consecuencia, al no poseer las llaves de esta prisión impuesta por la impotencia, me atrevo a creer que avizoro una hendija, por la cual entre la esperanza, que me permita seguir soñando que los peronistas podamos hacer realidad parte de la reconstrucción del país en que nos criamos los octogenarios como yo y muchos argentinos más jóvenes.

Más cerca del amanecer que del ocaso, siento en mi corazón la melodía de la esperanza para impedir que un movimiento gregario como el peronismo divida su masa -pretensión permanente de sus enemigos-, siguiendo a varios conductores.

Hoy, después de Perón, es Cristina Kirchner la que posee el mayor caudal de representación para enfrentar a este modelo comprador de voluntades.

Dos años de aquí en más como la voz más representativa del pueblo en lucha contra el oprobio del neoliberalismo porque así lo decidió también el voto del 22 de octubre.

Y viene en apoyo de tantas ilusiones, don Armando Tejada Gomez que dice:

Por eso yo pregunto, señor: ¿Cuándo es el día? ¿A qué hora, justamente, vamos a rescatarla? ¿Qué hombres vendrán conmigo? ¿Qué canción cantaremos? ¿Qué flores sembraremos donde está la alambrada?

Actualizado (Lunes, 06 de Noviembre de 2017 23:32)