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CARTA A CRISTINA DE UN PERONISTA NO K

Que el peronismo es un sentimiento profundo que en determinadas circunstancias iguala diferencias entre peronistas lo demuestra esta carta dirigida a la jefa de Estado Cristina Kirchner por parte de uno de los políticos más honrados surgidos de ese movimiento, dos veces diputado nacional, especialista en temas ambientales y no precisamente K.

Por Héctor H. Dalmau (*)

Distinguida Señora:

Morir en primavera, cuando las llanadas, los montes, los cerros, los ríos y hasta las nieves relucen de colores como un himno a la vida.

Morir en primavera cuando el barco, ese barco que conducían usted y su esposo con su pesada carga superaba las borrascas

invernales para navegar tal vez en aguas calmas, más serenas, sin necesidad de atarse a ningún palo mayor como Ulises ante el canto de las sirenas.

Morir en primavera, como un brote que fuera tronchado por algún retrasado viento de un invierno  retrasado.

Morir en la primavera de una corriente a la que no adhiero quizás por no entenderla desde mis muchos propios inviernos.

Morir en la primavera de sus hijos, para transformar en otoños a sus sueños.

Morir en primavera cuando, al decir de Nervo, la vida como Julieta enamorada te grita ¡no te vayas todavía!

Morir en primavera…me parece tan poderosamente injusto, que si no fuera tan creyente apostrofaría al Supremo hacedor por su insanía.

Sí,  señora. Nuestros caminos son hoy yuxtapuestos. Y la desgracia ha golpeado a su puerta, y ha enlutado a las almas, que se nutren solamente de amor; sin los odios propios de los miserables, ni los rencores enfermizos de las lacras.

Y el dolor que sienten usted, sus chicos y millones de argentinos, sus argentinos, se transforma por iguales que somos en nuestro dolor, que sabemos que no le será nada fácil soportar la carga total de vidas que hoy dependen de la fuerza de sus manos al timón para enfrentar a mares encrespados por fortalecidos vientos de proa.

Qué ironía… hoy le toca sufrir el dolor de la impotencia, ante los designios de Díos que así lo quiso y asumir ese pesar que sufriremos como lo hacen los metales en las fraguas de las que salen los aceros de arados y de azadas.

Y a la fuerzas de sus manos en las que Dios puso los destinos de la Patria, súmele la todos los argentinos que por amor, necesidad y/o incertidumbre, le ruegan al Señor que la ilumine más aún, porque él ya la iluminó al entregarle el timón.

¿Parece mucha carga, verdad señora?

Pero yo se que puede por criolla y argentina, como aquella “criollita de Los Toldos”,  como aquella “Juana de las llamas” , como el correntino  Bien Maceta Cabral que dio su vida por salvar a la Patria.

Se que puede señora.

Y permítame que de atrevido haga mía palabras de don Armando Tejada Gómez, y le diga desde mi alma. Yo que he visto la noche sobre el campo, su condición de estrella, su silencio pesado, digo que no es cierto que puedan alquilarla, que le alambren el dorso, que le vendan la espalda.

Su barco señora, no era el mio; tampoco su derrotero, mi camino, yo nado hacia el opuesto con fiereza en soledad y sin navío.

Seguiré en ese rumbo con antenas sobrehumanas conectadas a la estela que surja de la proa del que usted conduce, que es la Patria.

Y no lo dude señora que mi pecho se pondrá siempre entre usted y las balas.

Título: Por iguales que somos