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HACE 44 AÑOS, GOLPE A LA VIDA

Los 44 años del golpe cívico–militar de 1976 motivan, en la opinión del autor, repensar la importancia de ese capítulo en medio de la cuarentena nacional por la pandemia del coronavirus, enfrentada por el gobierno de Alberto Fernández, gobernadores, jefe de la CABA y el pueblo unido. Aquí el relato de un padre joven desde el calor del hogar, en la primera hora de la veda callejera.

Por Emiliano Vidal (*)

El silencio es total. Adentro y afuera. El Presidente presentó el DNU sobre el Aislamiento Social Preventivo Obligatorio. Escribo cerca de la primera hora del viernes 20 de este marzo 2020, el año belgraniano. Año por Manuel Belgrano, abogado y periodista que no dudó en ser General de una causa y a quien  la historia oficial precintó a la creación de la insignia nacional.  

El decreto es una maraña de normas y tratados ideales para un estudiante de abogacía o un letrado de tendencia constitucional. Es imposible no divagar en aquellos pasatiempos fílmicos o formato de serie de situaciones apocalípticas.

Un libro vuelve a la escena mental. Es La Tierra permanece, de George R. Stewart.

Escrita pos segunda guerra mundial, en la obra no hay guerras ni armas nucleares. Su primera página dice como presentación esta cita: “Si hoy apareciera por mutación un nuevo virus mortal (…) nuestros rápidos transportes podrían llevarlo a los más alejados rincones de la tierra, y morirían millones de seres humanos. W.M. Stanley, Chemical and Engineering News, 22 de diciembre de 1947”.

Un libro que siempre recomiendo y aún se puede conseguir gratuitamente por la matriz de Internet.

Los dos retoños, Facu, quien está transitando la escuela primaria y Eva, con sus dos meses recientes, duermen bajo el ala atenta de su mamá y del felino Titán, nombre en honor al máximo goleador del flamante campeón Boca Junior e inspirador de lo imposible, Martin Palermo. Escribo mientras pienso porque el teclado no es un pantano que traba los dedos. Raros momentos éstos, tantos días en casa.

Nacido en dictadura y criado en democracia, es hora de ayudar a pensar desde mi condición de alumno natural que quiere aprender. Todo. Pienso en ese niño dibujando soldados de Malvinas tras la guerra y reacio a aprender inglés, abrazando la causa del fútbol, que desde hace más de treinta años representan  mis amigos y seres queridos y el astro Diego Armando Maradona tras las dos pepas a los ingleses, que sintetizan el deporte creado por ellos.

Los cuarenta y cuatro años del golpe cívico–militar contra el gobierno constitucional peronista en ese otoñal marzo de 1976, trágica fotografía de una larga película de la globalización, que pretendió dar cuenta del mundo después de la Guerra Fría, y que quedaría asimilada al enorme período de poder de los Estados Unidos. Una etapa que siguió con el llamado Consenso de Washington, cuyo lanzamiento coincidió con el derribamiento del Muro de Berlín, hace treinta años.

En esos años, la Organización Mundial de Comercio, los tratados de libre comercio y los planes de ajuste del FMI permitieron al capital financiero salvaje y a un grupo de grandes corporaciones con actividades muy diferentes, derribar los otros muros, contenedores de los sectores industriales y las economías regionales.

Ese capitalismo global no sólo agrupó a la ex Unión Soviética y al este europeo a sus negocios, sino que hizo retroceder a los llamados países periféricos. En América latina el caso más cruel fue el de México, que en 1994 se sumó al Nafta, el tratado de libre comercio del lado norteamericano, con alto costo en materia de soberanía. El resto de las naciones al sur cayeron, de distinto modo, en los planes neoliberales.

El combo de privatizaciones, desnacionalización del petróleo y los recursos minerales y achicamiento del Estado provocaron que los años noventa convirtieran al continente en uno de los lugares más pobres e injustos con relación a la distribución de la riqueza.

En una Europa copartícipe, con el patio trasero subordinado y con China como un gigante que todavía no irrumpía como un actor fundamental, la oligarquía estadounidense asaltó el poder global, primero con George Bush, después con el hijo de George Bush, con la caída de las Torres Gemelas en septiembre de 2001, tras la invasión a Afganistán.

Con Barack Obama en el poder, el debilitamiento de los Estados Unidos coincidió con la crisis de su principal socio comercial, la Comunidad Económica Europea. Hoy, las relaciones internacionales de poder tienen el tinte de la potencia emergente, China -aliada a Rusia- y la lenta recuperación, al menos hasta ahora,  de los Estados Unidos con el particular estilo de  Donald Trump. También a ellos los alcanzó la pandemia.

La pelea contra la pandemia del coronavirus retorna la antigua disputa entintada por intereses de unos pocos contra el bienestar general de muchos otros. En la Argentina, y en casi toda América latina, hay una lucha entre los anhelos neoliberales y el rol estatal administrado por un gobierno nacional y popular.

¿Debe el Estado intervenir en el libro flujo de la economía?

Con José Alfredo Martínez de Hoz, ministro de Economía de Jorge Rafael Videla (1976/1980, a quien sucedió en el cargo el Gral. Roberto Viola), se promovía por todos los medios la publicidad  que decía que "achicar el Estado es agrandar la Nación". El Estado, única garantía del contralor del mercado.

John Keynes tras la crisis de 1929, comenzó a implementar en los Estados Unidos las teorías del New Deal, que consistían en la intervención del Estado en la economía para favorecer el pleno empleo. Así, el acceso al trabajo garantizó la capacidad de consumo de la población que aseguraría el desarrollo de las industrias. Era un plan proteccionista para el salvataje del mercado interno.

El gobierno de Alberto Fernández intenta generar una dialéctica entre la producción y el consumo. Un mercado interno nacional con el respaldo de un Estado benefactor de los intereses nacionales y de los pequeños y medianos empresarios que producen para ese mercado. Aquello que los neoliberales llaman “populismo” y Mauricio Macri  calificó de “peor que el coronavirus”.

Precisamente, a 44 años del golpe, no hay que dejar de analizar e investigar el trunco paso por el gobierno de la Nación de Mauricio  Macri. Si los popes de aquella Junta Militar fueron el Nunca más tras el histórico juicio de 1985,  a los ex comandantes militares, hay en trámite a un  Nunca Más civil, surgido de las urnas de la democracia. Es difícil los nunca en política y en democracia, pero no, si además de la condena social, se pronuncia en serio la Justicia, con varias y graves causas que tiene pendiente.

El coronavirus no da lugar a grietas.  Una una semana larga, luego otra y vaya a saber qué más. Facu y Eva duermen, y allí sigue Titán, inmutable. ¿Será que la naturaleza nos está dando una lección?

Pienso en el apotegma del ex diputado nacional, el misionero Héctor Dalmau, tan golpeado en estas horas por la reciente partida de su hijo Rolo. ”Dios perdona, el hombre a veces, pero la naturaleza nunca”, dice.

Ya cerca de las dos de la mañana, el teclado va cayendo en manos del cansancio y el sueño.

Gran momento histórico, ardua tarea la de Alberto Fernández, mi querido profesor de Derecho Penal de la universidad pública.

(*) Abogado y periodista. Conductor de De acá para allá,  programa político de Radio Gráfica. Sábados, de 12 a 13.

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