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MÁS DE CIEN DÍAS FUERON MUCHOS PARA IGNORARLOS

Los usuarios y lectores de Congreso Abierto merecen saber que en ciento y pico de días el mundo del editor fue un viaje obligatorio para recuperar esta página de temas políticos y parlamentarios, que estaba fuera de órbita y a un paso del agujero negro. Rescatada y renovada, aquí está, aquí estamos. 

Por Armando Vidal

Diez años  con la misma máquina de Joomla hasta que un día hubo que descender y cambiar la nave para poder volar en ese espacio más rápido que la luz en el mundo de las comunicaciones. Aquí van las nuevas notas de tapa, en esta faz experimental ajena en la ocasión a la realidad de la Argentina y del daño que genera su gobierno. Igual, está su gran archivo, con aportes de distintos autores, ideal para consultas en tiempos electorales y de inestabilidades emergentes.

Aquella primera versión de Congreso Abierto, concebida y diseñada por Mariano Vidal, quedará  sólo reservada para el editor porque su lugar en la ciber lo ocupa ahora esta página que contiene hasta aquí los mismos contenidos pero que, a partir de los nuevos, desde este primer día, comenzará, lógicamente, a ser otra.

El tramite del traspaso parece fácil pero no para un periodista del pasado -la expresión no pretende ser una metáfora-, incapaz de adaptar sus reflejos a los incomprensibles códigos del sistema. Otros periodistas, incluso mayores que quien escribe -no son muchos, por otra parte- lo han logrado. Congratulaciones y aplausos para ellos. 

El día del inminente cambio quedará impreso en todas las notas de Congreso Abierto, de la primera a la última y desaparecerán las fechas de cada una como tenía la vieja página (día, mes y año, con su respectiva hora y los días y horas de los cambios que se le hubieran introducidos al texto original), dato que podría tener importancia  pero que podría salvarse si la persona interesada se lo pregunta al editor. 

Para éso, además del placer de verla en su primera fachada, es que el editor pidió al programador especializado retener la vieja.

El lugar que a pasos agigantados ocupa la tecnología va marginando a los artesanos, como el que escribe, más emparentado con Gutemberg que con sus nietos en el reino de las máquinas y sus manejos.

Una redacción con humo de cigarrillos, gritos cruzados y el concierto inarmónico de los aporreos de las Olivetti, más sobres de archivo con recortes, carillas hechos bolos y ejemplares de diarios por todas partes,  es desde hace rato una referencia arqueológica para los jóvenes periodistas de diarios y revistas.

El gran relator de ese mundo, el entrañable Carlos Ulanovsky, podría dar más y mejores datos acerca de esa usina de usos y costumbres que ya no interesa por imperio de la modernidad insípida pero no inodora. De ello, todavía hoy, algunos gerontes reciclados saben bien de lo que estamos hablando pese al cambio de hábitos y también muchos de ellos de ideología con la excusa de la modernidad y del fin cada vez más cercano de los diarios de papel.

Pero mientras se pueda y se quiera habrá que subirse a toda posibilidad de comunicación, al menos en los casos de los periodistas que honren la condición de mensajero que sigue siendo la misma. De lo que se trata es de llegar, llegar a lo que comúnmente se llama pueblo, llegar, aunque sea en elefante, pero llegar.

En eso procuramos estar.

Atendemos sugerencias, consejos y críticas de todo lector. Es un deber y será un placer.

 

 

 

 

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