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CRISIS Y OPORTUNIDAD

Lúcido análisis desde lo profundo de su pasión argentina de quien se destacara como Francois Lepot, corresponsal de Clarín en Europa durante muchos años, y que aquí desmenuza la crisis que estalló en el 2008 y el proteccionismo salvaje impuesto por sus propios responsables, lo mismo que niegan a los países emergentes. Un llamado a la unidad nacional como principio rector de cualquier voluntad de cambio al cual puede estimular el Bicentenario si la dirigencia argentina -no sólo la política- no se empantana en los meandros de la coyuntura. Como la prensa tiene un deber fundamental en ese cometido aquí va un aporte para ayudarla a atender las esencias en favor de los sueños de San Martín y Bolivar por la Patria Grande que espera.

 Por Enrique Oliva

 Empecemos por reconocer una verdad innegable: los salvatajes bancarios son una forma cruel de proteccionismo, pues significa privilegiar a los financistas en primer término, como tales delincuentes a nivel planetario. Mientras no se para de hablar hasta por los codos de eliminar el proteccionismo, se lo está aplicando acelerada y descaradamente.

Comenzó con el primer salvataje del presidente George W. Bush, por 700.000 mil millones de dólares, aunque los doce dígitos no cabían en las computadoras. Luego Barack Obama, que en un principio criticó el proyecto de su antecesor, pidió a los senadores demócratas que lo aprobaran y él mismo volvió a ocupar su banca y votar a favor. Una vez en la Casa Blanca el nuevo presidente, acordó otro salvataje mayor con el mismo fin, por más de 800.000 mil millones. A ellos se sumaron fondos de países europeos. Y los salvatajes que siguen siendo insuficientes.

Ese derroche y las nacionalizaciones, se realizan a cielo abierto.

El pasado lunes 23, anunció Obama un nuevo salvataje a los bancos, adquiriéndoles “pasivos tóxicos”, es decir, muy difíciles de cobrar. La agencia alemana Deutsche Welle del 12 del actual, transcribe la opinión editorial de Wremj Nowoste (ruso). “Los 20 grandes –dice- no poseen ningún instrumento para asegurar la implementación de las metas propuestas ". Recordemos que los participantes del primer encuentro de los 20 en noviembre 2008, en Washington, se comprometieron a no dictar ninguna medida proteccionista. Pero más tardaron en llegar a sus países que hacer justamente eso: introducir medidas proteccionistas de los mercados nacionales, incluido el de Rusia.

Las decisiones del G20 se pasan por alto la realidad. En lo que concierne a la reestructuración de los bancos en Rusia, no se pueden esperar mejoras.

Por desgracia involuntaria, en el G20 los países de América del Sur están en minoría y la mayoría tiene múltiples alianza, instituciones y poderes a su favor, mientras nosotros no concretamos un Banco Suramericano con moneda propia para desligarnos en lo posible del peligroso dólar para comerciar en el área. Mientras el festival de salvatajes no termina, se ha puesto en marcha una operación mediática a nivel planetario de promoción del liberalismo, como “única forma de progreso en libertad”.

Esta maniobra debe haberla inspirado la discreta dura mano de la Reserva Federal que con su red financiera internacional, utiliza a tiempo completo a personalidades de la política, la ciencia y cultura que viajan de continuo dando conferencias y haciendo declaraciones para desasnar a los “populistas” del Tercer Mundo.

Es el caso de. José María Aznar, quien en un seminario de la OTAN sentenció solemnemente con su frase favorita: “Para salir de la crisis es necesario más liberalismo”.

Barack Obama ha enviado al Congreso otra ley en dura discusión, disponiendo la obligación de utilizar solo hierro y acero nacional en las obras de infraestructura programadas para frenar el desempleo. El proyecto despertó duras quejas de Canadá y Francia por ser fuertes exportadores de esos elementos a los EEUU, por tener precios más bajos.

Al respecto, Dan Ikelson, subsecretario del Centro de Estudios de Políticas Comerciales del conservador Instituto Cato dice: “Es una idea terrible que no sentará bien a nuestros socios comerciales, y solo conseguirá que ellos respondan de igual manera, presenten demandas contra EEUU ante la OMC (Organización Mundial del Comercio) y desatará una guerra comercial”.

Tony Clemen, ministro de industrias de Canadá, afirma: “Siempre nos preocupa cuando hay presiones proteccionistas en EEUU”. La Comisión Europea, por medio de un vocero advierte que “no se quedará mirando”. México, otro socio del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, también ha protestado.

Hilary Clinton, la Secretaria de Estado de Obama, en medio del hervidero de contradicciones, sin nombrar el proyecto de ley sobre el hierro y el acero, declaró: “EEUU no puede resolver solo los problemas más urgentes, pero el mundo tampoco puede hacerlo sin los Estados Unidos”.

¿Habrá que interpretar esas palabras como “primero salvar a EEUU mediante el reconocimiento mundial de utilizar ellos solos el privilegio del proteccionismo?

Vale la pena agregar algunas consideraciones más a la justa apreciación de Marx sobre las crisis del capitalismo tal como se evidenció en 1929 y en la actualidad.

En mi nota del 22 de este mes de marzo, transcribía unas líneas por él escritas en 1867 en su obra El Capital en 1867. Al respecto es de recordar que Marx murió en 1883. Es decir, 46 años antes de la crisis de 1929.

Decía así: “Los dueños del capital estimularán a la clase trabajadora para que compren más y más bienes de consumo, viviendas y tecnología, haciéndoles deber cada vez más, hasta que su deuda se vuelva insoportable. La renuncia al pago de la deuda llevará a los bancos a la bancarrota, por lo que tendrá que ser nacionalizados y el estado dirigir la economía”.

Ahora bien, es sabido que Marx popularizó la expresión “lumpen”, incorporada al diccionario de la Real Academia Española, definiéndola como “capa social más baja sin conciencia de clase”.

El término lo usó con vehemencia contra México, al ver justificada la invasión y anexión de la mitad de su territorio a mediados del siglo XIX por parte de EEUU. Es que Marx estaba convencido, y lo repetía, que la revolución de clases se daría en un país industrial avanzado, dando por ejemplo a Inglaterra, Alemania y Estados Unidos. No creía en la capacidad de pueblos de lumpenproletarios como veía a México.

Por eso cuando unos socialistas le hablaron de hacer la revolución en Rusia, consideró la idea como un disparate. Creo necesario pensar que esta crisis actual puede llegar, como abundan las opiniones en esa dirección, a provocar el fin del capitalismo salvaje.

El desempleo y hambre ha generado, como lo vemos en la historia reciente del siglo pasado, convulsiones caóticas que pueden llevar al poder a oportunistas con fuerzas políticas minoritarias pero con el dominio de las calles. Eso se dio en dos ocasiones con la revolución rusa y el nazismo germano, que sin contar ninguno de ellos con la mayoría para llegar por vía eleccionaria al gobierno, tanto los bolcheviques como los nazis lo lograron.

Sin especulación política alguna, por otra parte imposible con mi cercanía a cumplir 86 años, me atrevo arriesgar el ridículo al recordar cómo y por qué el General Juan Perón fue plebiscitado por tercera vez presidente, hasta con votos de ex enemigos acérrimos.

Fue por ser el único político capaz de lograr un mínimo de orden para encaminar al país con la consigna popular de “ni yanquis ni marxistas, peronistas”.

Además con las tres banderas que siguen significando toda una genial síntesis de política nacional expresada en seis palabras: soberanía política, independencia económica, justicia social. Desgraciadamente la muerte se lo impidió y volvimos a las desuniones.

¿A nadie se le ocurre que pueda repetirse en este siglo (o mañana o pasado) una situación caótica generada en un gran país industrializado a raíz de una crisis a nivel planetario? ¿Estamos los argentinos preparados para unirnos y salir con políticas de estado lo mejor posible de los males que afectarán al mundo, convenciéndonos que la vía es la Patria Grande Suramericana que soñaron San Martín y Bolívar? Esta posibilidad se hace más creíble por la carencia en estos momentos dramáticos de verdaderos estadistas a niveles internacionales.

La caída de un dólar sin respaldo por el exceso de emisión descontrolada, con masiva desocupación, carencia de techos familiares, saqueos de hambrientos y encima discriminaciones raciales ¿no crearían una revolución social o simplemente una convulsión caótica en algún país altamente industrializado, como pensaba Marx?

Nota: Texto del 26/3/09.