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PRIMERO, EL PROGRAMA

Un programa de acción de gobierno como resultado de una suma de ideologías suena utópico pero un programa de los mismos actores  sobre los asuntos medulares de la Nación  es, siendo prácticamente lo mismo, más factible. “¿Habrá alguna forma de coincidir en un programa común, una base sólida sobre la cual construir la Nación Argentina del Siglo XXI?. La realidad parece pedirlo, por momentos en forma de grito”, dice el autor de este trabajo antes de llegar a las conclusiones que son las que aquí se publican.

Por Guillermo Ariza (*)

No podemos prescindir de la ideología. Ella nos confunde, es cierto, pero también nos simplifica la vida y en cierto modo nos permite vivir sin tener que están indagándolo todo hasta las últimas consecuencias.

Lo importante es que aprendamos a reconocerla, como se reconoce el vino malo respecto del bueno al degustarlo. La metáfora del vino es útil con la ideología porque muchas veces viene en barriles nuevos la agria mercancía de siempre, la que insiste en que nos adaptemos a nuestra condición de país periférico. Hay, ciertamente, una lucha ideológica pero ella ocurre en el plano simbólico.

 Donde siempre hay vencedores y vencidos es en el terreno áspero de los hechos, donde han prevalecido en las últimas cuatro décadas las políticas que intentan convencernos que debemos ser “pobres pero honrados” cuando ello es un imposible ontológico en la realidad social y cultural actual.

Si esa lucha existe, no podemos dejar de librarla, desnudando todas las medias verdades que se presentan como absolutas y mostrando en el despliegue de las diversas propuestas, por seductoras que ellas sean, sus consecuencias prácticas para cada uno de los argentinos.

El caso arquetípico es el que sostiene que el futuro del país es la producción agropecuaria y en el mejor de los casos la exportación de los productos de ese origen, cuando a poco de analizarlo resulta claro que con ello no tendría trabajo la mitad de la población y que sin una vigorosa industria que suministrara agroquímicos, maquinaria, energía, medios de transporte, infraestructura y biotecnología, sería imposible expandir sustancialmente sus volúmenes exportables.

Sin perjuicio de la lucha ideológica, que en gran medida se confunde con la lucha política misma, el gran antídoto es el programa nacional.

Una victoria de todos

Nadie tiene que vencer y ser derrotado en su elaboración y puesta en práctica.

Será una victoria de todos, a la que se opondrán sólo los pequeños grupos vinculados a los negocios de importación y a las transacciones financieras internacionales que han utilizado y utilizan a la Argentina como banco de operaciones y pruebas. Esos grupos son pequeños, es verdad, pero tienen un poder enorme y determinan políticas, leyes, publicaciones y no pocos eventos de naturaleza “académica”. Están allí, sólo hay que desenmascararlos.

Y la mejor manera es confrontarlos con un programa que beneficie a todos los habitantes y a aquellos hombres y mujeres de otras geografías del mundo que quieran sumarse.

(*) Políticólogo y periodista, ex editor del Suplemento Cultura y Nación del diario Clarín, al que ya no pertenece y donde trabajó muchos años, incluso en la sección Política. Desarrollista, es miembro de Encuentro del Pensamiento Nacional. 

Fuente: Argentina 2010. Esperanza o frustración. Análisis y propuestas desde el Encuentro del Pensamiento Nacional. Varios autores, Ed. Lumiere, 2008. Conclusiones del capítulo ¿Hace falta un programa o una ideología?, de Guillermo Ariza.