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EL GRITO DE TUCUMAN ES EL DESAFÍO DE HOY

Los 195 años del desafío de Independencia proclamado por un Congreso de diputados en una vieja casona alquilada en San Miguel de Tucumán sigue plenamente vigente porque el empeño de ser una gran nación enfrenta, como ayer, grandes enemigos, externos e internos.

Por Emiliano Vidal

El 9 de julio de 1816, el Congreso de diputados de las Provincias Unidas lanzó desde San Miguel de Tucumán un grito de especial resonancia en nuestros días: Independencia.

El debate no terminó ese 9 de Julio histórico sino que diez días después, en sesión secreta, se modificó la fórmula de juramento de la Independencia. Fue para que quedara plenamente en claro su significado en ese momento y también para siempre. Y por eso en el párrafo que decía que quien la juraba lo haría por una nación libre “del rey de España Fernando VII, sus sucesores y metrópoli” se añadió “…y de toda dominación extranjera”.

En medio de graves circunstancias externas e internas que ponían en riesgo la misma causa revolucionaria, los congresistas iniciaron sus deliberaciones el 24 de marzo, el mismo día que 160 años después, otro 24 de marzo, en traición al ejército sanmartiniano, simbolizaría lo contrario de aquel audaz grito de libertad.

Con antelación fueron llegando esos hombres a Tucumán en representación de sus pueblos, uno por cada 15.000 habitantes. No fueron tantos los que estuvieron, no obstante, en la jornada inicial: veintiuno, de los treinta y tres que habían sido elegidos en pueblos y villas del antiguo Virreinato del Río de la Plata.

La propuesta del diputado por Jujuy Teodoro Sánchez de Bustamante, que el presidente del Congreso Francisco Narciso Laprida y el secretario Juan José Paso pusieron a consideración fue votada por unanimidad: Ser libres e independientes contra los poderes predominantes de afuera y de adentro, lucha que lleva dos siglos.

Constituido en continuidad de los ideales de Mayo, el Congreso tuvo por propósito abonar la institucionalización de un Estado ajena al orden de la colonia española. Un paso que tres años antes no había podido dar la Asamblea General Constituyente, más allá de que algunos de sus integrantes lo hubieran reclamado.

En Tucumán, en cambio, los diputados reafirmaron la soberanía nacional en nombre del pueblo, y no del rey español que a esa altura no sólo había recuperado su trono sino que prometía terminar con la revolución americana. Eludir el unitarismo y centralismo porteño, promover el federalismo de las incipientes provincias y tomar la determinación de deliberar en el Norte y no en Buenos Aires fue parte de la misma estrategia.

Tucumán, la misma tierra que en 1812 había aportado sus hombres al general Manuel Belgrano que conduciría al triunfo en la batalla que lleva el nombre de esa provincia, fue la sede elegida, aunque no sin discusiones. “¿Dónde quieres que sea? ¿En Buenos Aires? ¿No sabes que todos se escusan (sic) de venir a este pueblo de Buenos Aires, a quien miran como un opresor de sus derechos, que aspira a subyugarlos? ¿No sabes que el nombre porteño está odiado en las Provincias Unidas o desunidas del Río de la Plata?” escribía fray Cayetano Rodríguez a su amigo y obispo tucumano José Agustín Molina.

Además, Santa Fe y Córdoba enfrentaban a Buenos Aires, lo mismo que Corrientes, Salta sufría la cercana presencia de los realistas y Mendoza estaba abocada a la preparación del cruce liberador del general José de San Martín. Para la historia oficial, este primer Congreso sólo resume la declaración de la Independencia pero fue aún más: reafirmó la intención de construir un país federal, propugnando, incluso, que la capital de las Provincias Unidas se trasladase a la propia Tucumán y que la autonomía de Buenos Aires fuera igual a la de las otras provincias.

También determinó que la enseña creada por Manuel Belgrano sea la insignia de la nueva nación. Fueron esos mismos diputados quienes plantearon la necesidad de sancionar una Constitución y una forma de gobierno, entre la idea del Belgrano de elegir como emblema de unidad a un monarca inca y, por otra parte, los abanderados del republicanismo.

Además de Tucumán, esos hombres llegados desde Buenos Aires, Mendoza, Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja, Córdoba, Jujuy, Salta, San Juan, San Luis y otros lugares como Charcas y Cochabamba, representaban en su gran mayoría posiciones contrarias al porteñismo.

Pero ante la amenaza del avance español, el Congreso en 1817 debió trasladarse a Buenos Aires, que a la postre se revertiría la situación. Así lo demostraría la aprobación de una Constitución de fuerte carácter unitario de 1819, lo cual generó el rechazo de las provincias y su posterior levantamiento en armas.

El primer Congreso nacional dejó de existir, pero su llama sigue iluminando la determinación de ser libre e independiente. Una lucha permanente para un país tironeado por las fuerzas de la producción nacional con una industria activa y competitiva por un lado y por quienes reducen el papel de la Argentina a mero proveedor de materia prima. Soberanía o dependencia.

Volanta y título: Opiniön/ La llama sigue iluminando

Fuente: Agencia Télam, 8/7/11.