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SAN MARTÍN, EL MILITAR DEVENIDO EN POLÍTICO

Este retrato del Gral. San Martín lo saca del marco en que lo puso Bartolomé Mitre para reducirlo a su perfil exclusivamente militar y lo coloca en un plano todavía mayor y complementario: en su papel de hombre político, tan temido como su espada.

Por Emiliano Vidal

En la medida en que se vaya consolidando un pensamiento nacional en la política y en los jóvenes y que se tenga un conocimiento de cuál fue la verdadera historia, el proyecto trunco de crear una gran nación americana de José de San Martín y Simón Bolívar, será realidad.

"Yo soy, por sobre todo, del partido americano", se definió a sí mismo el argentino como bien lo sentía también el venezolano. La historia de estos dos siglos es la historia de esa intencionalidad.

El 25 de Mayo del año pasado, durante los festejos populares del Bicentenario de la Revolución de Mayo de 1810, mediante las políticas orientadas desde el revisionismo, alentadas desde el gobierno nacional para saber quién es quién en este camino, la presidenta Cristina Kirchner inauguraba en la Casa Rosada, la Galería de los Patriotas

Latinoamericanos del Bicentenario, donde se exhiben los retratos de treinta y ocho héroes y personalidades del continente americano.

Adhirieron incluso con su presencia los presidentes Lula Da Silva, Hugo Chávez, Sebastián Piñera, Evo Morales, Fernando Lugo, José Mujica y Rafael Correa.

Los óleos elegidos exhiben como representación de muchos patriotas argentinos a José de San Martín, Manuel Belgrano, Juan Manuel de Rosas, Juan Domingo Perón, Eva Duarte de Perón e Hipólito Yrigoyen.

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, envió los óleos de Francisco de Miranda, Simón Bolívar, Antonio José Sucre y Alcalá, y Manuela Sáenz.

¿Quiénes eran y qué dejaron esos hombres y mujeres que resumen ideales que se construyen a sí mismos y a pueblos que con muchos como ellos construyen países con un ideal político, que logran trascender sus obras y dejan un legado, en especial en esa juventud que se acerca a la política?

Con connotaciones parecidas a 1800, cuando revoluciones de por medio en Europa ardían las monarquías absolutistas, en la actualidad, el viejo continente ve caer en pedazos sus economías y teme por su futuro.

En sus ex colonias, la Unión de Naciones Suramericanas -UNASUR- resolvió garantizar la independencia económica regional y enfrentar en forma conjunta la crisis financiera internacional.

Uno de los grandes pasos en la consolidación de la Patria grande, fue la carta que el 29 de agosto de 1821 José de San Martín le envió a Simón Bolívar en la que el Libertador de Argentina, Chile y Perú le decía al que sería el Libertador del norte, la importancia de continuar con las guerras por la Independencia.

La carta fue el preámbulo del encuentro entre ambos en 1822, en Guayaquil.

Así como la UNASUR nació a instancias de los presidentes argentinos Néstor Kirchner y su par venezolano, Hugo Chávez, y del apoyo de los demás líderes de la región, terminadas las guerras por la Independencia americana, e impulsado por San Martín, junto a Bolívar, Artigas y Sucre, se conformó el Congreso de Panamá de 1826, con la ambición de crear la Gran Federación americana.

Ese Congreso promovía la idea de que las Provincias Unidas del Río de la Plata, los Estados de Perú y la gran Colombia, influyesen para que Brasil también se cobije bajo un sistema representativo y republicano americano.

La corriente histórica liberal, sostenida en toda su obra por Bartolomé Mitre, dice que San Martín quería liberar pueblos pero no unirlos y que las banderas de la unión provenían de parte de Bolívar, propuesta que consideraba desorbitada. Por eso, en la historiografía oficial, San Martín queda limitado al estratega militar, excluido de su papel de ideólogo político.

San Martín militar es el que tras veinte años de servicio en ejércitos españoles, combatiendo en treinta y un batallas contra ingleses, moros y franceses, tras el triunfo ante las tropas francesas en la Batalla de Bailen, emprendió en 1812 un viaje secreto hacia las Provincias Unidas, la tierra en la que había nacido.

Atrás quedaba España sacudida por una conmoción interna.

San Martín también formaba parte de la organización secreta, Los Caballeros Racionales, fundada por el venezolano Francisco de Miranda, cuyo objetivo era reunir, coordinar y orientar los pasos hacia la independencia americana y expandir los movimientos revolucionarios que iban surgiendo en las colonias.

Venía con un plan preciso: acrecentar política y militarmente la Revolución de Mayo iniciada el 25 de Mayo de 1810 en toda America, no reconocida por España como no lo hizo con el gobierno de la Primera Junta.

Así, Montevideo fue nombrada la nueva capital del Virreinato del Río de la Plata. El 3 de febrero de 1813, la Batalla de San Lorenzo marcó un antes y después en las guerras por la Independencia americana porque fue derrotada la flota de Montevideo.

El triunfo fue la presentación de San Martín, que había preparado con los últimos adelantos de la guerra europea al Regimiento de Granaderos a Caballo, correspondiendo al pedido del Primer Triunvirato.

No era sólo un estratega militar ya que convencido de la necesidad de contar con el pleno apoyo de Buenos Aires, nunca generoso, había encabezado un alzamiento, en octubre de 1812, para la creación de un Segundo Triunvirato. Había que sostener política y económicamente al nuevo ejército que entraría en acción.

San Lorenzo fue el primer combate por la guerra de la Independencia y el primero librado por San Martín en territorio americano. Pero ese jefe guerrero era una espada con cabeza que tuvo siempre la misma visión, la de ganar la independencia en el campo de batalla y en los escritorios.

Así, en 1824, procuró el reconocimiento de Inglaterra para los nuevos Estados sudamericanos. El mismo San Martín que había presionado al Congreso de Tucumán, a través de los delegados de Cuyo, para que se declarase la Independencia cuanto antes, ya que para marzo de 1816, a Fernando VII sólo le faltaba reconquistar el ex Virreinato rioplatense.

Un San Martín soldado y político, obligado a convertirse gobernador de Cuyo, cargo desde el cual modificó el sistema impositivo, promovió la agricultura y la metalúrgica con la ayuda del Fray Luis Beltrán, indispensable para la fabricación de armas que requerían los ejércitos de la Patria, y en especial el Ejército de Los Andes para liberar Chile e iniciar el camino de independencia del Perú.

Si Manuel Belgrano, abogado, periodista y economista, fue un civil educado, sensible y valiente que carente del saber del arte militar no dudó en ponerse al frente del Ejército del Perú para defender la Independencia y los ideales de la Revolución de Mayo, San Martín fue el militar devenido en político que comprendió que no sólo se trataba de vencer a los españoles sino crear la Patria Grande.

El mismo hombre, que desde el exilio obligado para no involucrarse en una lucha entre hermanos, no dudó en ponerse disposición de Juan Manuel de Rosas, después de la Vuelta de Obligado.

Una lucha sanmartiniana permanente para los pueblos americanos: ser libres e independientes contra los poderes predominantes de afuera y de adentro. Una lucha que lleva dos siglos.

Fuente: Télam ev-da 16/8/11