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BELGRANO, QUERIDO Y NO TAN BIEN RECONOCIDO

Recordado y homenajeado por el gobierno de Cristina Kirchner, Manuel Belgrano sigue siendo, pese a todo, una figura escamoteada en la valoración tradicional de nuestra historia, eje de este artículo por parte de quien disimula su enojo y malestar por ello.

Por Emiliano Vidal

Una fuerte escamoteo de sesgo militarizante en su legado, un manto de oscuridad en su condición de gran economista, un silencio en su labor como periodista y un freno en su empeño en hacer ancho y extensivo el acceso a la educación pública, sufre la figura de Manuel Belgrano, el civil que tomó las armas como un soldado.

El hijo de la Patria –para la jefa de Estado, Cristina Kirchner, uno de los Padres de la Patria- no tiene día que lo recuerde en el calendario oficiaL pues el de su fallecimiento,  20 de junio de 1820, y por la ley N° 12.361 sancionada en la Década infame (1938), se celebra el Día de la Bandera.

Allí, en ese papel, en el del creador de la Bandera, nada más, preferirían dejarlo.

El cambio en su valoración es reciente, aunque el cariño del pueblo haya sido permanente por ese hombre que a los 36 años se involucró en la defensa de una nación emergente, desde la participación en la lucha contra las invasiones inglesas en 1806 y 1807 hasta liderar ejércitos sin ser militar, invirtiendo su salud y todo su capital económico. Murió en la pobreza: todo lo había dado a la Patria.

Los días 12 y 13 de febrero de 1812, Manuel Belgrano comenzó hacer realidad la creación de un símbolo (al margen de la Presidente en el acto de Rosario ¿el Bicentenario de la Bandera tuvo la evocación que merecía en los medios?). Una bandera para aglutinar y estimular a la tropa a su cargo.

Fue durante las expediciones libertadoras del Paraguay, poco antes de hacerse cargo del Ejército del Norte, que había sido creado a instancias de Mariano Moreno semanas después del 25 de mayo de 1810.

El flamante distintivo tenía los colores de la “escarapela nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata”, aprobada por el primer Triunvirato a instancias del propio Belgrano, quien se hacia cargo de esos soldados criollos con las intenciones de transformarlos en una milicia ordenada y regular.

El 27 de febrero de 1812, luego de inaugurar una nueva batería militar, denominada Independencia, en la ciudad santafesina del Rosario, el negro Cosme Maciel, soldado,l quedaría inmortalizado como el primero en izar la bandera a instancias de Belgrano, vocal de la Primera Junta de Gobierno y devenido por las circunstancias en general de la Revolución.

La flamante insignia inquietó al entonces secretario del Triunvirato, Bernardino Rivadavia, preocupado en no lastimar los intereses de Inglaterra, tan relacionados con los hacendados de Buenos Aires, prohibiendo su uso para continuar bajo la bandera española.

La igualdad de oportunidades para el hombre y la mujer, la enseñanza estatal, gratuita y obligatoria, el aprendizaje de las tareas agrícolas y ganaderas, la importancia de disponer de una fuerte industria, eran las eternas luchas que Belgrano venía planteando desde los días en que se hizo cargo del Consulado en 1794 y con la pluma  en el primer diario que se editó en Buenos Aires (1801), el Telégrafo Mercantil del Río de la Plata.

La misma injundia que en las batallas o en la confección del Plan de Operaciones, que erróneamente se atribuye exclusivamente a Mariano Moreno.

En ese recordado 27 de febrero, Belgrano hizo oídos sordos a los reclamos porteños con Rivadavia a la cabeza de retornar las tropas a Buenos Aires por temor a una invasión española.

De haber cumplido, la futura Argentina hubiese perdido a manos de la contrarrevolución las provincias norteñas.

La bandera fue bendecida el día del segundo aniversario de la Revolución de Mayo, en 1812, en la catedral de Jujuy, por el sacerdote Juan Ignacio Gorriti. La enseña nacional, que comienza a usarse con franjas horizontales celeste, blanca y celeste y, poco después, cuenta con la presencia del Sol Inca, en un reconocimiento de Belgrano por los primeros habitantes y al Dios Inti, que significa Sol en quechua.

La bandera, que supo brillar en las victorias de Tucumán y Salta, en enero de 1813 fue avalada por la Asamblea General Constituyente y aprobada por el Congreso que declararía la Independencia de España tres años después.

Al igual que con su creación, la reivindicación inca y la defensa de los pueblos originarios le costaron a Belgrano no pocos encontronazos con los dirigentes porteños. El proyecto de la monarquía constitucional incaica, tenía un objetivo principal: ganar las masas indígenas y ampliar la base social de la Revolución.

“Me parece realmente admirable el plan de un Inca a la cabeza; las ventajas son geométricas”, decía José de San Martín en apoyo a la propuesta que finalmente no fue.

Manuel Belgrano murió en soledad, pobre y olvidado.

“Espero que los buenos ciudadanos de esta tierra trabajarán para remediar sus desgracias”, fue su último deseo.