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IMPRENTA, MIENTRAS HABLAN LAS PAREDES

Quizás sea temerario hablar de corrupción pero la información aqui aportada reclama una tajante desmentida o una pronta investigación por parte de las autoridades. Algo está pasando en la Imprenta, dicen las paredes

Por Armando Vidal

Carteles y afiches en las inmediaciones y adentro del Palacio Legislativo, que llevaban el sello de una corriente interna del gremio más importante de los trabajadores parlamentarios, pusieron en duda la transparencia de la reciente venta de varias máquinas de la Imprenta del Congreso de la Nación.

Se insiste: no era un anónimo sino que estaban suscriptos por el sector que fue conducción y seguramente pretende volver

a serlo en las elecciones del próximo año.

"Eran máquinas viejas, obsoletas” dijo un portavoz sindical alineado con la conducción, quien precisamente restó toda importancia a los carteles porque los vio como parte de la lejana brega.

Los carteles aparecieron para recordar la recordada lucha gremial de los gráficos del Congreso cuando los que hoy son oficialismo y los que quedaron en la oposición estaban unidos. La división de los dos referentes –secretario general y secretario adjunto, en su momento-, abrió paso a otros protagonistas. Uno de ellos está instalado con base operativa en la propia Imprenta porque pertenece a ese lugar al que fue llevado por el voto de sus compañeros.

Hace años se registraron en la Imprenta graves hechos que quizás convenga recordar en el futuro ya que la ignorancia suele ser el impulso justificador de los oportunistas, que germian fácil en el Congreso. Y por lo tanto no sólo en la Imprenta sino en otros sectores  de los que pronto también nos ocuparemos llegado el momento.

Los que defienden a los buenos empleados del Congreso –que son los que sostienen su trabajo- siempre lamentaron que los intentos de privatización de la Imprenta se escudasen en buena medida en los malos empleados instalados allí por los mismos políticos como los que en los noventa hicieron de la Imprenta “un agüantadero”.

La lógica de esteproceder es: primero la usan para ocupar puestos sin mérito ni capacidad alguna o por pagos políticos al estilo de los “ñoquis” y, después, cuando todo comienza a desmoronarse porque el arte de Gutenberg no es precisamente el fuerte de los paracaidistas, la quieren privatizar como para no dejar huellas.

Pasó en la gestión de Alberto Pierri como presidente de la Cámara de Diputados, duhaldista entonces y también en la de su sucesor Rafael Pascual, radical.

La ley 24.600 -el estatuto del empleado legislativo- procura poner límites a los ingresos de carácter político y asegurar la carrera parlamentaria pero en el Congreso los mandos son cambiantes y los criterios de rigurosidad, también.

Hoy, el alambrado protector de la ley está caído y a nadie parece importarle demasiado.

Los carteles hacían referencia a la lucha contra la privatización –que haría de la Imprenta un negocio privado-, como muestra de lo que entienden que a este paso se avecina y, a modo de prueba, exhibían las máquinas como vendidas en un remate de apuro ya que en diciembre culmina la gestión de ambos comandos del Congreso: Eduardo Fellner, en Diputados y Julio Cleto Cobos, en el Senado,actualmente a cargo de la administración de la Imprenta (las Cámaras se rotan cada dos años).

Por lo menos llama la atención la adopción de estas medidas sin una planificación prevista que para los conocedores del área no existe. 

Si los hechos de los que hablaron las paredes en estos días se corresponden con los datos recogidos de fuentes de la propia Imprenta es lógico que aumenten las sospechas y el desconcierto, en especial de los buenos trabajadores de la Imprenta, con cuyo esfuerzo se alcanzaron logros ponderados por los propios legisladores en el recinto de Diputados. Esto es lo que se ha venido revirtiendo en los últimos tiempos.

Con el propósito de que haya luz en las sombras de la Imprenta, donde tiene reconocido peso el gremio a través de su representante en ella, se aportan estos datos provenientes de quienes aman las máquinas que dan forma y belleza a las palabras tanto como los viejos maquinistas amaban a sus locomotoras a vapor.

No se trata de las linotipos –cuya música será siempre inolvidable para los viejos gráficos y para los periodistas que se ocupaban de cerrar páginas en el taller y de las que la Imprenta tiene varias en funcionamiento- sino más modernas en la esfera de la impresión en frío.

A saber:

1) Impresora offset marca Heidelberg, modelo Speed Master, medida de impresión 72 x 101, dos colores o frente y dorso simultáneos. Precio de base: $ 45.000 Precio de final subasta $ 90.000 Precio de mercado: 50.000 a 70.000 dólares.

2) Impresora offset marca Adast, modelo 725, medida de impresión 48 x 64, dos colores o frente y dorso simultáneos. Precio de final subasta: 40.000 pesos. Precio de mercado 20.000 a 25.000 dólares.

3) Impresora tipográfica marca Heidelberg, medida de impresión 57 x 82. Precio de base: $ 18.000 Precio de mercado: 12.000 a 18.000 dólares. Se aclara que estos precios son de mercado y que, según las fuentes, han sido consultados en páginas de Internet y con empresas dedicadas a la compra-venta de maquinaria gráfica, tarea esta realizada por quienes conocen muy bien esas máquinas.

* Extraña operación

Las mismas fuentes de la Imprenta hacen referencia también a una compra de una máquina cuyo precio no se correspondería con el del mercado y las posibilidades de descuento por pago contado. Se trataría de una impresora Digital Konica-Minolta, modelo Bizhub C-6501, por la que se habría pagado 90 mil dólares, siendo que el precio de lista financiado es de 78.533, incluyendo el 10,5 de IVA, y sin por lo tanto el importante descuento habitual cuando la operación se realiza al contado como es práctica en la Imprenta.

Esta máquina adquirida a la empresa CBC GROUP en diciembre de 2009 fue entregada a la Imprenta el 8 de diciembre y abonada a las 48 horas, en coincidencia con una renovación de la Cámara de Diputados. Un accidente a los pocos días inutilizó su pantalla y demoró su uso varios meses. Unos 5.000 dólares insumió el arreglo.

A esto continuó la contratación del mantenimiento a cargo de CBC Group por seis meses, incluyendo repuestos pero no insumos, por 174.240 pesos. Fue en enero de este año y sobre la base de 50 mil impresiones mensuales, con lo cual en un año pagaría la Imprenta 348.480 pesos. O sea, dice un entendido, más que el precio de una máquina nueva. Además, si en un año y medio de la compra se habrían realizado unas 110 mil impresiones, ¿por qué una contratación de mantenimiento por 50 mil copias mensuales?

Hay más preguntas pero por ahora habrá que esperar la respuesta de las autoridades.

Esperemos.

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