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ADIOS AL VIEJO CONGRESO

Aunque en los hechos nada sustancialmente cambió en los usos y costumbres, en las formas que se avecinaban con la reforma constitucional de Santa Fe, que todavía no había comenzado, algo nuevo diferenciaba a un Congreso del otro concebido en 1853. Aquí se presenta el momento en que el presidente Carlos Menem inaugura el último período de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación antes de la reforma constitucional que se realizaría ese año. 

Por Armando Vidal

El Congreso que iniciará mañana (1/5/94) su 112º período de sesiones ordinarias con el discurso del presidente Carlos Menem no es cualquiera sino el último.

El último tal como fue concebido por la constituyente de 1853.

Será también el último 1º de mayo que un presidente brinde su informe y proceda a declarar abierto el tiempo en que los legisladores pueden tratar proyectos de su autoría porque desde el próximo año el calendario de trabajo se extenderá desde el 1º de marzo hasta el 30 de noviembre.

Será el último Congreso sin jefe de ministros con responsabilidad política bajo su órbita, sin comisión bicameral para recibir los decretos de necesidad y urgencia y sin el tercio de nuevos senadores por la minoría que han sumido a esa Cámara en un pleito por los espacios físicos porque cada una de esas variantes estarán incorporadas en el nuevo Congreso como resultado de la convención constituyente que deliberará a partir del 25 de mayo.

Parece grande el cambio si se miden por algunos efectos visuales: se prevé, por ejemplo, la desaparición de los taquígrafos a lápices para ser reemplazarlos por los taquígrafos de máquina, una máquina cuyo importador, aseguran, está en el Congreso.

Menem le dirá mañana adiós al viejo Congreso.

Fuente: Texto para Clarín del 29/4/94 para ser publicado al día siguiente.