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CINCO AÑOS

Cinco años pueden ser parte de una curva para el cambio, cinco años entre la ley de medios  aprobada por el Congreso de la Nación y un presente jaqueado por la justicia norteamericana y la situación económica, en la puerta de una elección clave, todo bajo la mirada atenta del Papa Francisco. Cinco años también es la edad de Congreso Abierto, página pensada para periodistas.

Por Armando Vidal

En cinco años cambiaron el Gobierno y Clarín, transformados en enemigos irreconciliables desde la ley de medios audiovisuales. En el intermedio emergió contra la Argentina un octogenario buitre blanco, Thomas Griesa, cuyas arbitrarias decisiones  hacen lamentar, una vez más, la falta de coraje del radicalismo al oponerse a investigar la legitimidad de la deuda en 1983.

Además, cerca del final de esa etapa, la Iglesia dio al mundo un Papa argentino y de formación peronista que respalda la posición de nuestro país en un conflicto de imprevisibles derivaciones nacionales e internacionales.

Cinco años agitados, que incluyen, al comienzo, la muerte de Raúl Alfonsín y cierta sensación de desemparo al haberse ido el último exponente de la generación política que superó el odio entre peronistas y contreras del pasado.

La historia podría resumirse tras la crisis con el campo (2008) y el rechazo a la transformación en ley de la resolución 125, que derivó en que casi de inmediato Cristina Kirchner se deshiciera de Alberto Fernández, el hombre del gobierno en Clarín (o al revés) y que al año siguiente, tras la derrota electoral, promoviera -y lograra- la ley que significaría la declaración de guerra contra los tradicionales medios hegemónicos.

Después, febrero de 2010, reveló con tono de denuncia la relación oculta de Héctor Magnetto con el gobierno cuando Néstor Kirchner era el Presidente (aquella docena de cenas en Olivos).

En octubre de ese año murió inesperadamente Kirchner y, tras ello, Cristina profundizó sus desplantes contra Hugo Moyano hasta lograr que en el estadio de los quemeros, en 2011, el dirigente camionero rompiera relaciones con el Gobierno y se aliara con Clarín, blanco preferido de sus aprietes en tiempos de Néstor.

Fueron tantos los cambios en estos cinco años como grande el corte que dividió en dos bandos la realidad política nacional: de un lado los que estaban con Cristina; del otro, los que optaban por Clarín, referente indiscutido de la oposición para no definirlo como su conductor, según el tilde K.

Ello implicó profundizar el deterioro de los políticos en su conjunto, en especial en la propia oposición por su incapacidad para generar liderazgos que ahora se esperan que emerjan de figuras que pertenecieron y fueron aupadas por la propia Cristina.

Es el caso de Sergio Massa que en 2003 pasó por la Anses llevado de la mano por la diputada duhaldista Graciela Camaño y que, antes de que su suegro, el Pato Galmarini, pudiera impedirlo, había aceptado ser jefe de Gabinete para suceder, precisamente a Alberto Fernández, el 23 de julio de 2008.

Entre esos saltos, Elisa Carrió se hizo devota de Mauricio Macri y Pino Solanas se alió con la encantadora Pitonisa chaqueña para llegar al Senado y comenzar andar del brazo con los radicales de Ernesto Sánz y los socialistas de Hermes Binner. Se olvidó de Claudio Lozano, se abrazó con Julio Cleto Cobos.

Hace cinco años pero antes del ingreso y tratamiento de la ley de medios, quien esto escribe dejó de ser una incomodidad en el Congreso y sólo mantuvo con el diario en el que trabajó más de 42 años su relación como lector.

También ello significó un cambio porque Clarín se asumió como la versión en tabloide de La Nación, su socio en Papel Prensa.

Si Clarín, en tiempos de conducción ideológica del frigerismo, había logrado en 1976 que el más importante portavoz liberal se hiciera proteccionista, La Nación, por su lado, captó al diario de Noble para la defensa de sus mismos intereses, en especial los del campo, fuente de recursos para la clase del poder que hizo este país como es, con los tropiezos que significaron en sus respectivos momentos Yrigoyen, Perón y, en su medida, también Cristina.

En 2009 nació Congreso Abierto, refugio de un periodista que no quiere ni necesita avisos, un hombre libre identificado con un diario que ya le cuesta reconocer y que, sin ser kirchnerista, tiene muy presente lo que significaron los golpes de 1955, 1962, 1966 y 1976 como para sumarse a una campaña de agitación, peor aún a la que terminó desbarrancando al pobre Alfonsín.

Si alguien olvidó la obra de demolición contra Perón, Frondizi, Illia e Isabel, basta con ver la lista de los enemigos de Cristina para recordarlo.

Mucho de ese modo de sentir y pensar refleja este sitio que acumula notas de archivo para colaborar con los periodistas, antes y después de las noticias, mientras transcurre la agitada historia del Bicentenario argentino.

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