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BEAGLE, LA CONSULTA, EL PJ Y EL BICHO LEÓN

Hace 35 años,  el entonces diputado nacional peronista recuerda pujas y tensiones  por la inesperada consulta popular convocada por decreto de presidente Raúl Alfonsín para presionar la aprobación del tratado por el Beagle en el Congreso. Críticas a propios y elogios al senador radical Luis León.

Por Héctor Dalmau

El 25 de julio, de 1984,el presidente Raúl Alfonsín, apurado por los requerimientos de los vencedores de Malvinas, anunció la convocatoria a una consulta popular para decidir -sí o no- la entrega de la soberanía argentina a Chile sobre el Canal de Beagle y las Islas Picton, Lennox  Nueva.

Se iban a colmar así las aspiraciones chilenas de ser un país bioceánico, según el fallo de un tribunal arbitral bajo la egida de la corona británica, como en 1902.

Era diputado nacional y recuerdo la reacción de todos, absolutamente de todos los diputados del bloque Justicialista, del que era secretario del Interior: fue de total rechazo.

Por eso nos dispusimos a dar una dura batalla parlamentaria, que comenzaría cinco días después cuando los peronistas integrantes de la Comisión de Relaciones Exteriores, nos retiramos  de la reunión con el canciller Dante Caputo porque quería imponer que el llamado a esa consulta fuera privativa del Poder Ejecutivo. O sea que lo que debía decidir el Poder Legislativo, que era ratificar o no el acuerdo con Chile, respondiera a una consulta por decreto de otro poder.

Al otro día, en consecuencia, en reunión del bloque, se decidió que sólo se aceptaría la decisión si era el Congreso el que convocase la consulta por medio una ley específica, que debía ser obligatoria y vinculante, incluyendo el debate de la legitimidad de la deuda externa, que también era un legado de la dictadura y un asunto constitucional inherente específicamente del Poder Legislativo.

El presidente Alfonsín no envió el proyecto de ley y un sector del pejotismo -especie de peronismo residual tomando en cuenta que el último mensaje de Juan D. Perón fue señalar que su único heredero era el pueblo argentino-, representado por el senador catamarqueño Vicente Leónidas Saadi  y el jujeño José H. Martiarena, también se opuso a que la consulta fuera por decreto. Y Martiarena, además,  presentó un proyecto de  rechazo  por inconstitucional que el oficialismo llevó al recinto una vez que contó con los votos para rechazarlo con el apoyo de los los senadores de Corrientes,  San Juan y Neuquén, que se sumaron al oficalismo. Los radicales eran diecioocho,  los provinciales seis y los peroonistas ventitrés, con el formoseño Manuel Vidai, del MID, como aliado pero no en este tema.s

* Las diferencias

Entraron en consecuencia a jugar las ofertas y las demandas de caudillejos y grupos de menor peso en la política argentina,  serviciales a los gobernantes de turno dispuestos hasta democratizar acciones dictatoriales, motivo por el cual no me sorprendió la participación de la Ucedé de Alvaro Alsogaray. Tampoco, las del PC, del PI de Oscar Alende, del MID de Rogelio Frigerio y del Partido Federalista de Centro. Algo de la Unión Democrática de 1946 flotaba en el ambiente.

En el sindicalismo las cosas eran bastante parecidas, ya que uno de los cuatro secretarios generales de la Confederación General del Trabajo, Ramón Baldassini, destacó que la firma del tratado con Chile era un “verdadero acto de integración latinoamericana”, instando a votar por el sí.

Para los que conocemos ese juego de intereses que despierta cualquier posición importante en la política, Biblias y Calefones cambiaban de lugar en los anaqueles de la vidriera peronista,  sin conducción alguna, ya que a la presidente del Partido Justicialista, María Estela Martínez viuda de Perón, nadie consultaba.

Una tarde, la  cúpula pejotista convocó a todos los actores a una reunión fuera del Congreso que no pudo tener mejor comienzo dado que por una discusión menor pero entre dos diputados enfrentados por otros motivos, el ya popular Norberto Beto Imbelloni; acostó de un sopapo al diputado chaqueño Adam Pedrini. Como para calentar los motores.

Una reunión que como reunión es recordada por ese incidente  ya que mientras nosotros estábamos enjaulados en un lugar, en otro, al que no podíamos acceder, autoridades del bloque, partidarios y representantes gremiales, acordaron eñ texto de un escueto comunicado que nos fue leído y que aprobamos por el cual resolvimos declarar una "abstención patriótica". Resolvimos, dije.

En verdad, una artimaña que le permitía al gobierno de Alfonsín realizar el plebiscito en soledad, sin que nadie desde la oposición lo fiscalizara y para que en las actas de cada mesa los escasos fiscales, todos respondiendo al gobierno, pusieran el resultado que quisieran.

Así todas las argumentaciones se esfumaron en las “nubes de Ubeda", expresión que hizo conocida el senador Saadi en un debate televisado con el canciller Caputo, al que muchos veíamos como un agente inglés.

El plebiscito se realizó el 25 de noviembre de 1984, cinco días antes de que se cumpliera un año de la elección del Alfonsín, con la supuesta participación de un 70 por ciento de votantes y un resultado a favor de la política de la Rubia Albión de 82,60 por ciento de votos afirmativos, menos en Campo Ramón, Misiones, donde nos abstuvimos y ganó ampliamente el no.

* Primero, el Senado

La Cámara que abrió el primer debate fue el Senado y consistió en rechazar la propuesta del bloque que presidía Saadi. El proyecto reclamaba que la consulta fuera por ley y que, además, creara una comisión bicameral colaboradora con las negociaciones. El resultado fue 25 a 21, con la abstención del senador radical Luis León, que no acompañó a su bloque. Correntino nacido en Yapeyú, igual que San Martín, pero chaqueño por adopción, León siempre representante del Chaco. El frigerista Vidal votó a favor, pero el neuquino (MPN) Elías Sapag,  del bloque de los seis provinciales, lo hizo por la propuesta peronista. En aquel tiempo eran dos los senadores por cada distrito y no tres, como impuso la reforma constitucional de 1994 

Escribo estas líneas mientras repican en mi memoria las palabras por el rechazo al tratado del admirado Bicho León, quien expresó: “Este tratado es en el fondo el sueño realizado de Pinochet ... Chile siempre esperó que tuviésemos problemas para apuñalarnos por la espalda”. Y añadió: "Antes de hablar de integración latinoamericana, la Argentina debe exigir que Chile devuelva las costas que le robó a Bolivia”, en referencia a la Guerra del Pacífico (1879/1884).

Correntino y chaqueño, sensible como el poeta santiagueño que lo escribió, Homero Manzi, para un tango porteño, al querido Luis podían caberle como a tantos políticos derrotados en su momento aquello de Homero Manzi ..." Arenas que la vida se llevó, pesadumbre de barrios que han cambiado y amargura de un sueño que murió".

Hoy, treinta y cinco años después, con el gobierno de Cambiemos, gobierno radical al que León se hubiera opuesto, los ingleses no cantan, dicen en el año del centenario del Tratado Antártico ..."por acá señores, por acá".

NdE: El PEN remitió el tratado al Congreso en las extraordinarias de 1985 y tuvo su ingreso por la Cámara del Senado que lo aprobó luego de un largo y duro debate en la madrugada del 13 de marzo de ese año, tras lo cual pasó a la Cámara de Diputados que lo transformó en ley.