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LA ASAMBLEA QUE LOS MEDIOS OLVIDARON

Los medios recordaron el 25º aniversario de la insurrección carapintada pero omitieron la  asamblea legislativa en la que en esas horas de miedo el entonces presidente Alfonsín dijo que no haría concesiones  a Rico y su gente.

Por Armando Vidal

Esa noche temblaban las sombras en el viejo Palacio. La democracia se acorralaba en el Congreso. Se esfumaban las ilusiones. Otra vez el pasado. El jueves 16 de abril de 1987, los palcos y galer¡as estaban colmados en el recinto de la Cámara de Diputados desde mucho antes de que el presidente Raúl Alfons¡n hablase ante diputados y senadores

convocados de urgencia a una virtual asamblea legislativa.

Tronar de tribunas, gritos y aplausos en las bancas, flashes, camarógrafos, gente apretujada adentro y afuera, todo era parte de la misma vibración cuando Alfons¡n dijo que no har¡a concesiones ante presión alguna "que pretenda limitar, condicionar o negociar el igualitario sometimiento de todos los ciudadanos, con uniformes o sin él, a los dictados de la ley''.

La democracia, en el Congreso, se defend¡a con palabras. El conato golpista sólo aparec¡a atenuado cuando sus desconocidos autores dec¡an que no atentaban contra el sistema sino que reclamaban una solución "pol¡tica'' para terminar con la persecución judicial de los subordinados. Cada testigo de aquella noche sab¡a que la moneda de cambio eran leyes que pudieran disfrazar una amnist¡a.

"No he de hacer concesiones'' repitió más de una vez Alfons¡n en su corto discurso.

Cincuenta mil personas se hab¡an concentrado en la calle entre peronistas, radicales y otras fuerzas, una movilización que se perder¡a en la memoria frente a la trascendencia del último acto: la convocatoria a Plaza de Mayo del domingo de Pascuas.

La noche del Congreso -las horas más tensas e inciertas de la historia parlamentaria- también se diluyó en el recuerdo, con relación al acto en el ágora porteña, cuando Alfons¡n, tras ir a dialogar con los insurrectos en Campo de Mayo, salió al balcón de la Casa Rosada para hablarle a la multitud que esperaba expectante.

Inició su discurso con un: "!­Compatriotas!... ­compatriotas!...­compatriotas!... ­Felices Pascuas!'', frase que compite en celebridad con otra al final que pretend¡a sellar el litigio contra la insurrecci¢n: "La casa está en órden y no hay sangre en la Argentina''.

En el medio de su breve mensaje aclaraba: "Los hombres amotinados han depuesto su actitud. Como corresponde serán detenidos y sometidos a la Justicia. Se trata de un conjunto de hombres, algunos de ellos héroes de la Guerra de las Malvinas, que tomaron esta posición equivocada y que reiteraron que su intención no era provocar un golpe de Estado''.

Un final sorprendente para todos, más extraño aún que el que desorientó a los entusiastas alfonsinistas que dos años atrás -el viernes 26 de abril de 1985- hab¡an acudido con sus bombos y banderas rojiblancas a la plaza llamados para defender la democracia y terminaron siendo el auditorio del llamado del l¡der a una  "econom¡a de guerra'' (1).

Derechos humanos, crisis económica, inestabilidad pol¡tica, datos perennes de la identidad nacional.

En la tarde de ese domingo, mientras la gente aguardaba en la Plaza, Alfons¡n vio de frente a militares acorralados que dec¡an que sus mandos, los que dieron las órdenes en la lucha contra la subversión, los abandonaban en manos de la justicia. El jefe de ellos era un teniente coronel que pod¡a más que generales.

"Lo primero que debo aclarar es que no queremos ni promovemos un golpe de Estado. Respetamos su investidura y esto que estamos haciendo estácircunscripto a una cuestión interna del Ejército'', dijo Aldo Rico. Alfons¡n le creyó (2).

Volver¡an a verse las caras siete años después en Santa Fe como convencionales constituyentes.

  
(1) El debate pol¡tico del jueves 25/4/85 en Diputados estuvo orientado en sentido inverso al llamado presidencial porque desde el oficialismo se aseguraba que el sistema se hallaba en peligro mientras desde la oposición se demandaban llamados a una concertación que "nos encuentre juntos'', planteados por José Luis Manzano en uno de sus duelos con Leopoldo Moreau, el orador de fondo del oficialismo. Por su lado, el gobierno padec¡a cr¡ticas por su falta de iniciativas en el terreno económico, el pa¡s se hallaba en la puerta de la hiperinflación, los salarios acusaban creciente retraso y se firmaba un acuerdo con el FMI por la deuda externa luego de declamaciones en sentido contrario. "Esperé demasiado tiempo para pronunciar ese discurso" confesar¡a mucho después Alfons¡n como si se hubiera olvidado sus alarmistas expresiones sobre el riesgo de la libanización de la Argentina o, sin ir más lejos, el discurso pronunciado cuatro d¡as antes (22 de abril) cuando denunció intentos golpistas de sectores que no identificó. Ese 22 comenzaba el juicio a los ex comandantes, Alsogaray afirmaba que los desaparecidos eran muertos en combate y radicales como Tróccoli en Interior y Jaroslavsky, El senador Antonio Berhongaray y Fredi Storani en Diputados se impacientaban porque la Justicia no defin¡a "con precisión'' el concepto de la obediencia debida para que sean juzgados algunos y excluidos los otros. "Quiere decir que aqu¡ puede restablecerse la tranquilidad y creo que el gobierno necesita volver a prestigiar las Fuerzas Armadas, porque son una institución indispensable para la vida ordenada'' declaraba Tróccoli, mientras Jaroslavsky se mostraba partidario de una consulta popular para ver si se segu¡a adelante o se pon¡a un "punto final'' a los juicios, en tanto que Berhongaray consideraba jur¡dicamente inconveniente una amnist¡a y Storani hablaba de acortar el trámite judicial. Todav¡a no hab¡a arrancado el proceso contra los ex integrantes de las primeras tres juntas cuando los más calificados exponentes del gobierno hablaban de terminar de una vez con el problema.
2) Participaron además el jefe de la Casa Militar, brigadier Héctor Panzardi y el teniente coronel Enrique Venturino, en tanto que el capitán Gustavo Breide Obeid tuvo una intervención emotiva al final. Los detalles de la reunión pueden leerse en Felices Pascuas­, de Jorge Grecco y Gustavo González. Ed. Planeta, Pag 220 y ss.  

Fuente: El Congreso en la Trampa, Armando Vidal, Planeta, 1995.