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¿LANUSSE ORDENÓ LA MASACRE?

Mientras se espera para octubre el fallo del tribunal que juzga en Rawson a los responsables de la Masacre de Trelew, cometida en la base naval Almirante Zar, con el saldo de dieciseis guerrilleros muertos y tres heridos graves, el periodista que sigue el juicio entrevista aquí al juez que instruyó la causa, Hugo Sastre, quien está convencido de que la orden de matar la dio el presidente Alejandro A. Lanusse. "Una decisión tomada en pleno convencimiento", remarca.

 Por Rolando Tobarez

Hoy no sólo se cumplen cuarenta años de la Masacre de Trelew. Otro 22 de agosto pero de 1991, Hugo Sastre pisó por primera vez el Juzgado Federal de Rawson como secretario penal interino. ¿Quiere otra casualidad? En 1980 lo sortearon, le tocó el 994 y derecho a la colimba. Le tocó Infantería de Marina de la Armada Argentina, la misma división que en la Base Almirante Zar capitaneó Luis Emilio Sosa, el símbolo de los fusilamientos del ´72.

En medio de la parafernalia de homenajes a los 19 guerrilleros, este juez que investigó desde la nada lo que sucedió aquella madrugada se sincera: no sigue el juicio por la Masacre. “Para mí ya está, se terminó, ni sigo los debates ni leo lo que sucede porque lo conozco; tengo una visión, estoy convencido de lo que pasó y conozco foja por foja y prueba por prueba. Tengo mi cabeza puesta en otras causas de derechos humanos para trabajar y la labor diaria de este tribunal, que es muy complicado”.

Hasta lo invitaron a las audiencias en el Cine Teatro José Hernández de Rawson. No fue.

Ni lo histórico lo atrae: fue de los pocos que escuchó cara a cara las versiones de Sosa, Emilio Del Real, Carlos Marandino, Jorge Bautista y Horacio Mayorga.

Está satisfecho. Le quedaron dos deudas: indagar al ex presidente de facto Agustín Lanusse porque está convencido de que ordenó la matanza. Y sentar en el banquillo al teniente Roberto Bravo, el otro símbolo del 22 de agosto. La muerte del militar impidió lo primero. Para lo segundo hay una puerta abierta pese al fracaso de la primera extradición.

 “Estoy insistiendo mucho y volvimos a pedir la extradición a EE.UU.”, le contó a Jornada. Hubo un trabajo interminable de Astrid Hughes, la traductora que convirtió la investigación al inglés para que la Cancillería argentina le explique al país del norte de qué se lo acusa a Bravo. “Para un juez de EE.UU. es muy difícil pensar como pensamos nosotros, traducir las cuestiones técnicas y entender nuestro idioma procesal”.

Foja por foja, Sastre y la traductora lograron hacerse explicar pero no convencieron al juez. “Traducir por qué decimos lo que decimos y preguntamos lo que preguntamos fue muy complejo. Ellos no entienden y dicen que ya hubo una ley de amnistía, lo juzgó una junta militar y no se puede juzgar dos veces. No lo critico: vemos un mismo punto desde dos objetivos”.

Bravo se hizo millonario con la venta de insumos médicos y odontológicos al Pentágono. Es ciudadano estadounidense. Interpol lo detectó y lo detuvo en La Florida, fue liberado y un juez negó su entrega a la justicia federal argentina.

“Yo abrigaba esperanzas de que rápidamente el proceso judicial lo resolviera para poder traerlo”, admite Sastre. “No pierdo las esperanzas de poder traer a Bravo a este tribunal argentino para continuar con el proceso; de hecho volvimos insistir y estamos trabajando muy bien para aportar otras pruebas”.

Que el juicio esté en marcha es una ventaja porque le demostraría a EE.UU. que ya varios jueces coincidieron con que la causa es sólida. “Hasta la Corte Suprema de Justicia de la Nación dio el puntapié inicial para llegar a esto, ¿entonces por qué no? No lo dijo un juez solo, entonces se puede convencer a un magistrado de que lo traiga y que se le darán todas las garantías para que se defienda y nos explique cuál fue su rol. Yo tenía y tengo esperanza, hay que perseverar y todo este tiempo seguimos trabajando con lo que quedó para lograr su extradición”.

El pedido actualizado ya está en Cancillería y de un momento a otro viajará al norte.

- ¿Por qué tanta esperanza?

- El trabajo es serio y tenemos firmeza de argumentos como para poder lograr la extradición; no es algo antojadizo ni arbitrario y se motiva en una prueba firme. Uno no puede dar nada por perdido y es mi trabajo, me pagan para hacerlo y debo honrar la confianza que se deposita en mí. Lo digo en el buen sentido: no veo la hora de no tener más causas de Derechos Humanos y de que mi trabajo esté terminado. Creo que este año finalizamos todos los procesos que tenemos.

- ¿Le gustaría interrogar a Bravo?

- Por supuesto porque conozco la causa, sé cuál fue su rol y en definitiva tengo la convicción de que conmigo tendrá las garantías que tuvo todo el mundo de traerlo a proceso. Y de hecho lo voy a intentar. No digo que soy el que más conoce la causa pero la conozco porque la trabajamos foja por foja. Uno sabe por dónde debe ir y creo que soy la persona correcta.

- ¿Lanusse ordenó los fusilamientos?

- Por supuesto, lo dije en mi resolución y lo sobreseí por su muerte, si no estaría en el banquillo de los acusados. No fue un hecho aislado de un grupo de personas que hizo una macana en una reacción espasmódica: fue una decisión absolutamente tomada en pleno convencimiento de la cúpula del gobierno de facto con él a la cabeza. Si hubiese estado vivo lo hubiese indagado.

Título y bajada: A cuatro décadas, mano a mano con el juez de la Masacre de Trelew / El titular del Juzgado Federal de Rawson, Hugo Sastre, habló del caso de agosto de 1972. Dice que no sigue el juicio "porque lo conozco, tengo una visión, estoy convencido de lo que pasó y conozco foja por foja y prueba por prueba". Sastre en su despacho. Sueña con sentar en el banquillo al ex capitán Bravo para que explique qué hizo la madrugada del 22 de agosto

Fuente: Diario Jornada, Trelew, 22/8/12