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1972, MASACRE: EL JEFE DORMÍA

El jefe de la base Almirante Zar, Rubén Paccagini, negó cuarenta años después haber dado ninguna orden de matar a los 19 guerrilleros. Fue en su primera declaración cuando dijo que él no se enteró porque dormía en su casa ubicada a 200 metros del sector de los calabozos

 El primer testimonio que se leyó fue el del capitán de navío Rubén Paccagnini, ex jefe de la Base Zar de Trelew. Acusado de cómplice necesario, habría trasmitido la orden de Horacio Mayorga para ejecutar a los presos. El marino recordó que en 1972 la Base estaba a medio construir y su pista era de tierra.

Cuando se produce la fuga de la Unidad Penitenciaria Nº 6 de Rawson y la entrega de los 19 militantes en el Aeropuerto, "llegan órdenes de la Presidencia de la Nación de no restituirlos al penal debido al alboroto que había quedado, y llevarlos a la Base".

Según su descripción, "la U-6 estaba colapsada, su jefe cuestionado tras la fuga y por eso se ordenó dilatar el traslado hasta tanto se volviera a la normalidad".

Paccagnini aseguró que en la Base nunca escuchó quejas de los detenidos pero que casi no tuvo contacto con ellos.

Dormía cuando se produjo la balacera: "Estaba en mi casa a 200 metros de los calabozos con mi esposa y mis tres nenas". No escuchó nada y por eso le preguntaron si tenía problemas auditivos. "Soy aviador naval y no podría serlo en absoluto si los tuviera", explicó.

El oficial de guardia, Agustín Magallanes, le avisó lo sucedido por teléfono. Se puso un capote sobre el pijama y en 3 minutos llegó al sector de los calabozos.

Fue el primero en entrar: halló muertos y heridos.

Se limitó a pedir atención médica y solicitar que se tomen declaraciones de inmediato "para que todo quedara absolutamente claro". Sosa, Bravo y el capitán Raúl Herrera (un contador que fue imputado pero falleció) ya no estaban allí. No recordó muchos detalles más debido al poco tiempo que estuvo en el área -vestido con pijama- y los años que pasaron.

Tampoco ingresó de nuevo a los calabozos ya que "sería morboso volver a ver los cadáveres". Ni sabe nada de los féretros: "Se hizo responsable el Estado Mayor Conjunto y no firmé ningún boleto de pago de los 16 cajones".

Tras el hecho, Herrera le contó al responsable de la Base la versión oficial: por hacer un "escándalo de proporciones", Bravo saca a los presos enojados al pasillo para una inspección de rutina de Sosa; un detenido intenta copar la guardia y no queda más remedio que gatillar.

Aunque compartió poco tiempo con Sosa, Paccagnini lo definió como "un buen hombre que sabía tratar a su gente". El ex jefe de la unidad militar subrayó que "jamás en absoluto" escuchó de malos tratos en los calabozos y que nadie interrogó a los detenidos. Pero admitió que la prisión trelewense era precaria y pensada para castigar disciplinariamente a conscriptos, no para alojar civiles.

Los 19 fusilados fueron los únicos no militares que fueron encerrados en el lugar. "Nunca fui a la justicia por esto porque no intervine y no puedo denunciar algo que no vi -advirtió-. Pero nunca di en absoluto ninguna orden de matar a nadie".

Paccagnini era el oficial de más antigüedad ese agosto. No volvió a saber de sus colegas de fuerza ni de sus destinos.

El relato leído no aportó muchas más precisiones, sí datos de color, como que antes de la fuga "nadie andaba armado en la Base" o que no era nada habitual sacar a todos los presos de las celdas en simultáneo.

 "La excepción era si alguien quemaba un colchón", concluyó Paccagnini, que ante el juez federal Hugo Sastre ayudó a completar un croquis de dónde estaban los calabozos y dónde los cadáveres tibios.

Título y bajada: Dormía a 200 metros y no escuchó un solo tiro / La versión de Paccagnini, ex jefe de la Base Zar

Fuente: Diario Jornada, Trelew, 9/5/02 

 

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