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1945/1955, EL PERONISMO NACIÓ DOS VECES

En la compleja tarea de explicar el peronismo, se comenta a grandes trazos el origen y reafirmación de esa identidad política a partir de dos fechas que lo simbolizan como nacimiento y reafirmación de las que este año se cumplen 70 y 60 años, respectivamente. Movilización de los obreros, 17 de octubre de 1945, resultado: veredicto cívico en las urnas;  bombardeos al pueblo, 16 de junio de 1955, resultado: golpe militar. El mensaje del pasado y sus miedos  del presente. 

Por Armando Vidal

El peronismo nació dos veces. La primera, el 17 de octubre de 1945, cuando los obreros salieron a buscar al coronel Juan Domingo Perón que estaba preso del propio gobierno surgido de la revolución de 1943, del cual había sido vicepresidente, ministro de Defensa y secretario de Trabajo y Previsión, el gobierno del Gral. Edelmiro Farrell, su amigo.

Esa vez, se consagró como el Día de la Lealtad, que abriría paso a que por el voto del pueblo Perón fuera presidente de la Nación, a sólo 110 días, un récord logrado por el trabajo de Rodolfo Decker, hoy de vitales 95 años y pleiteando por los pasillos de Tribunales (1), entonces un joven abogado de la Secretaría de Trabajo a quien Perón encargó la tarea organizar la estructura legal con la que se presentaría en las elecciones del 24 de febrero de 1946, que ganaría con un margen de  unos 300.000 votos.

La segunda, fue el 16 de junio de 1955, cuando aviones de la Armada y también la Fuerza Aérea produjeron la más absurda y salvaje matanza de argentinos inocentes al bombardear varios sitios de la ciudad de Buenos Aires como la Plaza de Mayo, Casa de Gobierno, inmediaciones y la entonces residencia presidencial en Barrio Norte donde hoy funciona la Biblioteca Nacional.

La misión era matar a Perón a ciegas, donde estuviere, aunque mataran a cientos de personas, quizás 1.500 o más y no las 350 que dijo el gobierno para atenuar el impacto del horror.

Fue el 16 de junio y su correlato, el golpe del 16 de septiembre, tres meses después, ante el que por la dimensión de la locura criminal expuesta, Perón partió al exilio y evitó una guerra civil.

Las dos fechas de ese año son parte de la reafirmación del peronismo, completado con el capítulo de la Resistencia Peronista y un factor exógeno pero compatible con la naturaleza guerrera de nuestras tierras que fue la lucha armada, primero en su versión rural (Uturuncos, Tucumán, 1959; Ejército Guerrillero del Pueblo, Orán, Salta, 1964) y Taco Ralo, Tucumán, 1968) y luego en su versión urbana, con las Fuerzas Armadas Peronistas, en primer término porque Taco Ralo fue su propia experiencia demostrativa de que las acciones directas debían realizarse en las grandes concentraciones urbanas. Fue lo que aconteció con las organizaciones que siguieron en los setenta como Montoneros (organización con la que las FAP no tuvo vinculación) y el ERP.

Pero la guerrilla nunca fue expresión de las mayorías populares, clara lección aprendida para no volver a incurrir en el mismo error que sesgó miles de valiosas vidas de argentinos. La Argentina no era la Cuba de Fulgencio Batista en la segunda mitad de la década de los cincuenta ni la Argelia bajo la bota francesa en la primera mitad de los sesenta.

El 17 de octubre de 1945, los obreros de los sindicatos creados o refundados por Perón a partir de la Revolución del 4 de junio de 1943, en su condición de director de Trabajo –que luego se transformaría en Secretaría-, respondieron a su llamado por la cadena nacional, que por entonces estaba conformada sólo por radios porque la televisión como tal todavía no existía en la Argentina. Fue 9 de octubre. Fue un aviso. Un aviso a los trabajadores, un aviso de estado de alerta, suficiente para movilizarse.

Así fue como ocho días después, los trabajadores  protagonizaron la más trascendente de las movilizaciones en la historia nacional hasta lograr que desde la isla de Martín García, previa internación en el Hospital Militar, apareciera bien entrada la noche en el balcón de la Casa de Gobierno para abrazarlos con su gesto, mostrarles que estaba de pie y entero y pedirles que volvieran tranquilos a sus casas.

Esa cadena, la primera de la historia argentina vinculada a un hecho de extraordinaria trascendencia histórica, fue autorizada por Farrell a pedido del propio Perón que deseaba comunicar por esa vía la a renuncia a sus cargos pero con el propósito de advertir, como en efecto hizo, que se avecinaban tiempos difíciles y que había que prepararse para defender las conquistas logradas desde 1943.

Farrell lo había autorizado porque un pacífico mensaje de Perón  era fundamental para su gobierno dado que en ese mismo momento había un alzamiento en Campo de Mayo, comandado por el Gral. Eduardo Ävalos, que a esa altura estaba confabulado con una operación del traspaso del gobierno a la Corte Suprema de Justicia, lo cual reclamaba sacar del medio a Perón, un hombre, de 50 años, enamorado de una bella muchacha de 26: su Negrita, más conocida luego como Eva y consagrada como Evita.

Vale repetirlo y ampliarlo: del Día de la Lealtad, se desprendería el 24 de febrero de 1946 cuando en las urnas el peronismo con Perón como candidato a presidente y el radical aliado de una corriente renovadora del partido, Hortensio Quijano, vencen en las urnas a la alianza de partidos de la Unión Democrática, promovida y respaldada por el embajador norteamericano Spruillen Braden y de la que participaba el PC de Victorio Codovilla.

Un coletazo interno de la Segunda Guerra Mundial que acababa de finalizar. Con la diferencia que Perón no era Benito Mussolini y mucho menos Adolfo Hitler.

La segunda parte del 16 de junio de 1955, como se señaló mas arriba, iba a ser el golpe definitivo de exactamente tres meses después generado por el Ejército, con sus dos faces: la expresada inicialmente por el Gral. Eduardo Lonardi, que asomaría conciliador con aquello de “ni vencedores ni vencidos”, echado a los 59 días por tibio y el rostro más feroz del Gral. Pedro Eugenio Aramburu, acompañado por el contralmirante Isaac F. Rojas, el de los cañoneos a las destilerías.

Pero no terminaría en 1955 el baño de sangre porque en la noche del 9 de junio del año siguiente fueron asesinados en los basurales de José León Suárez y en la comisaría de Lanús más de treinta obreros peronistas varios de ellos –no todos-, dispuestos a cumplir misiones de apoyo a un intento de rebelión de miembros del Ejército, más identificados con la institucionalidad del sistema que con el peronismo y que pretendían devolver el poder al pueblo.

Estos dignos exponentes militares fueron fusilados sin juicio previo, comenzando por el Gral. Juan José Valle que no llegó siquiera a leer su proclama democrática. La paradojalmente llamada Revolución Libertadora mostraba con Aramburu y Rojas su rostro más feroz después de haber quitado como un estorbo al Gral. Eduardo Lonardi, el 13 de noviembre de 1955, su primer conductor acusado de blandura en la determinación de exterminar al peronismo.

Dos fechas, 17 de octubre de 1945, con su convalidación democrática con las elecciones del 24 de febrero siguiente y el 16 de junio de 1955, con su correlato golpista del 16 de septiembre, dos fechas de las que se cumplen 70 y 60 años, respectivamente.

Dos fechas que generaron algo más. Generaron la reacción. Así nació la llamada Resistencia Peronista, con sus caños de dinamita llegada desde Neuquén (por la siempe ocultada colaboración de los hermanos Elías y Felipe Sapag, sirios libaneses peronistas de la primera hora), accionados siempre contra cosas, nunca contra la gente, en señal de protesta contra la dictadura por la proscripción del peronsmo, por el decreto 4161 de Aramburu con el castigo de cárcel por la exhibición de símbolos peronistas y la vulneración para ellos de sus derechos  y libertades.

El nuevo papel del sindicalismo puesto que los dirigentes gremiales comenzaron a canalizar al peronismo político proscripto, tarea que comenzó primero con una lucha de posiciones contra dirigentes gremiales comunistas y socialistas, en primer lugar –naturales adversarios en las pujas sectoriales- porque el régimen prefería a hombres de esa extracción para acompañar las intervenciones militares en los distintos gremios.

También nació una generación política de jóvenes que provenían en muchos casos de familias no peronistas e, incluso, antiperonistas que comenzaron a extremar sus posiciones con la sucesión de atropellos y violaciones como la proscripción del peronismo en las compulsas electorales, tal como aconteció con las constituyentes de 1957, con la cual la dictadura de Aramburu-Rojas quiso lograr el aval popular a su obra y se encontró que los votos en blanco del peronismo fueron más.

Aun así, esa convención realizada en Santa Fe, a la que se prestaron el radicalismo y el socialismo, dejó impreso un cambio vigente en la actual (el Art. 14 bis) y la anulación de la reforma de 1949 realizada por el peronismo.

Con votos peronistas, el 23 de febrero de 1958 fue elegido el radical intransigente Arturo Frondizi, derrocado el 28 de marzo de 1962, por un golpe militar del mismo cuño ideológico del ´55, luego del triunfo del gremialista Andrés Framini en las elecciones por la gobernación de la provincia de Buenos Aires.

Con tantos atropellos, que continuarían en los sesenta, más la influencia ejercida desde el triunfo de la revolución cubana en 1959, la violencia ejercida desde arriba fue consolidando la idea de que no había otra posibilidad que la de las armas con lo cual nacería la guerrilla en la Argentina, primero en sus versiones rurales y, después, en las urbanas.

El 12 de octubre de 1963, el radical Arturo Illia asumió el gobierno tras vencer al ex dictador Aramburu devenido en político en las elecciones de abril de ese año y en la que, con la proscripción del peronismo, el médico cordobés ganó con el 25 por ciento de los votos. Cayó por un golpe militar antiperonista y fascista, el 28 de junio de 1966. El 29 de mayo se produjo el Cordobazo, insubordinación popular de origen gremial y estudiantil que terminaría con el gobierno del Gral. Juan Carlos Onganía pero no con la llamada Revolución Argentina.

El 29 de mayo de 1970 fue secuestrado Aramburu, a quien una organización armada que tomaría en nombre de Montoneros, lo mató con una tiro en la cabeza. tras un simulacro de enjuiciamiento por las barbaries cometidas.

Lo que continuó fue una sucesión de hechos de una salvaje criminalidad, propia de argentinos del siglo XIX que incluirían la matanza de guerrilleros en Trelew en 1972 y la de Ezeiza, con el retorno de Perón a la Argentina, el año siguiente, cuando el peronismo era gobierno y el presidente era su ex delegado personal, Héctor J. Cámpora, quien tras ello presentó la renuncia al cargo al que había accedido por la proscripción de la candidatura de Perón y siguiendo sus instrucciones.

Estas referencias, más la Triple A lopezreguista tras la muerte de Perón en ejercicio de la presidencia, en 1974; el golpe contra su viuda Isabel Martínez, en 1976 y los crímenes de lesa humanidad de la dictadura que siguió con sus treinta mil desaparecidos y robo de niños son parte de la historia de este presente.

En 1945, la clase obrera encontró su líder; en 1955, la juventud comenzó a comprender lo que aquello significaba al ver lo que eran y cómo actuaban los enemigos de Perón. Quizás ello explique por qué muchos veteranos peronistas apoyan al gobierno kirchnerista, en tanto otros toleran sus defectos. Y no por aquello de que es mejor malo conocido que bueno por conocer  sino porque temen lo peor: el triunfo de los derrotados del 45 y de los golpistas triunfadores del 55.

(1) Por su intensa obra del armado electoral en torno del partido Laborista, el Dr. Decker fue elegido por el propio Perón para que sea diputado de la Nación y presidente del primer bloque peronista. Uno de sus primeros proyectos, aprobado e implementado por Diputados, primero y luego por el Senado, fue el juicio polìtico y remoción de cuatro de los cinco miembros de la Corte Suprema de Justicia, desarrollado entre 1946 y 47.