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CIEN AÑOS DE ANSIEDAD

La decisión de las urnas de este 22 de noviembre es vista aquí desde la experiencia inaugural del voto popular hace un siglo atrás, con el debut de la ley Sáenz Peña, que ganara el radical Hipólito Yrigoyen. Después de avances y golpes, de crímenes oprobiosos y deudas externas consumadas por el neoliberalismo, los mismos que en 1930 lo derrocaron quieren otra historia. 

Por Armando Vidal

En 1916, el colegio electoral puedo haber elegido otro presidente en lugar del radical Hipólito Yrigoyen, por ejemplo quien representó a la Democracia Progresista –hoy con Mauricio Macri- y tuvo el declarado apoyo de los conservadores, el santafecino Lisandro de la Torre, ex radical.

En esa primera elección presidencial realizada con la ley Sáenz Peña de 1912, la del voto secreto, universal y obligatorio -la ley de un conservador odiado en su momento por los conservadores- votó el 62,71 por ciento del 1.189.254 en condiciones de hacerlo, sólo hombres pues las mujeres votarían a partir de 1951 por la ley de 1947 impulsada por Evita.

Lo que se elegía, tal como fue hasta 1989, eran electores surgidos del número de votos obtenidos por las respectivas fórmulas para que fueran ellos los que eligieran al presidente y vicepresidente de la Nación.

Los electores en disputa eran 300, de los que la fórmula radical Hipólito Yrigoyen-Pelagio Luna obtuvo 141; la fórmula demócrata progresista Lisandro de la Torre-Alejandro Carbó logró 75 y el partido Conservador, que iba sin fórmula propia, 69.

Había un cuarto partido que había cosechado 19 electores: la UCR disidente de Santa Fe, la provincia de De la Torre.

Como el binomio presidencial debía ser votado por la mayoría absoluta, o sea 151 electores, los que decidieron la historia que llegaría hasta aquí fueron esos 19 electores que votaron Yrigoyen-Luna.

Por ello, Yrigoyen fue el primer presidente elegido por el voto popular –la reforma constitucional de 1994 puso fin al Colegio Electoral-, quien cumplió su mandato de seis años, con los conservadores en contra, incluyendo a los conservadores radicales alvearistas que controlaban el Senado.

Si Yrigoyen pasó esa barrera, tras la gestión de su sucesor Marcelo T. de Alvear (1922/1928), no pudo con la segunda, pues a los dos años de su nuevo gobierno, un golpe militar terminó con él y el sistema.

En el ´30, se inició así la llamada Década Infame –una década de trece años, infestada por el fraude patriótico, con los alvearistas como cómplices, hasta que llegó la Revolución de 1943 y con ella el peronismo, o sea Juan Domingo Perón, derrocado en 1955 tras una lluvia de bombas contra la gente.

Pero aun frente a tanto odio y como blanco de fusilamientos, cárcel y proscripción del peronismo y de Perón, el peronismo resurgió.

Perón volvió al país y fue de nuevo presidente (1973) y, con el golpe de 1976, los peronistas volvieron a la cárcel, comenzando por su viuda, Isabel Perón.

El peronismo no pudo ganar las elecciones de 1983 -que consagraron a Raúl Alfonsín-, luego de que los militares dejaron el gobierno a las apuradas tras la derrota en las Malvinas, pero sí las de seis años después, en las que impuso en la Casa Rosada a un gobernador que quería parecerse a Facundo Quiroga pero se entregó manso a sus enemigos porteños y gobernó con votos de pobres y ricos como furgón de cola de los republicanos del norte, pregoneros del neoliberalismo ajeno. También éso hizo el peronismo.

De los treinta y dos años en democracia que se cumplirán el próximo 10 de diciembre, el peronismo fue gobierno a lo largo de un cuarto de siglo (1989/1999, diez años y medio con Carlos Menem; casi un año y medio con Eduardo Duhualde entre el 1 de enero de 2002 y el 25 de mayo de 2003, y los doce años de gestión kirchcnerista).

En 2015, pese a la no descartable victoria de Daniel Scioli, que se había impuesto en la elección pero sin las diferencias que hubieran impedido el balotaje del 22 de noviembre, las encuestas daban como ganador seguro a Mauricio Macri, una fuerza política porteña, que ya había ganado la elección de la provincia de Buenos Aires, y que se había expandido por todo el país con la estructura del partido de Yrigoyen.

Más que un partido era una consigna con formato publicitario encarnada por un empresario con fortuna, en todo sentido.

Cien años después se alegraba La Nación del pasado y más todavía Clarín del presente pues no iba a tener que cumplir la ley de medios audiovisuales de 2009.

Pero no estaba dicha todavía la verdad que esos medios estaban instalando y además venía creciendo Scioli, peleador extraordinario por infatigable, que avanzaba contra la corriente. 

Igual, tras cien años de ansiedad, los conservadores de ayer saboreaban en estas horas la posibilidad de la venganza de la minoría rica con votos de los pobres.