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1916, VICTORINO HIZO LO QUE CORRESPONDÍA

Contra las presiones del sector político al que pertenecía, Victorino de la Plaza cumplió la voluntad del presidente Roque Sáenz Peña, fallecido en 1914. Salteño, el vicepresidente mantuvo la ley del voto universal, secreto y obligatorio que en 1916 llevó a Hipólito Yrigoyen al gobierno. (*)

Por Alejandro Jasinski

Cuando en 1914 agonizaba Roque Sáenz Peña, el último presidente electo del régimen oligárquico, el diputado socialista Alfredo Palacios se apresuró a advertir: “Quiero significar mi protesta contra un viejo régimen que se insinúa y revolotea como ave agorera, alrededor del lecho de un enfermo”.

Socialistas y radicales observaban entonces con preocupación las maniobras de los dirigentes de viejo cuño tendientes a evitar lo inevitable: que continuara el camino de la reforma política iniciado en 1912, que establecía el voto universal, masculino, secreto y obligatorio, que permitiría el ascenso del líder popular Hipólito Yrigoyen al sillón presidencial.

En este contexto, asumió interinamente la dirección del país el vicepresidente Victorino de la Plaza, nacido en Salta el 2 de noviembre de 1840.

De una familia no precisamente adinerada, viajó de joven a Entre Ríos para tomar instrucción en las escuelas de Urquiza y, con posterioridad, se dirigió a Buenos Aires para estudiar Derecho.

Llegó a ser capitán de artillería por su participación en la Guerra del Paraguay y, más tarde, también durante la presidencia de Sarmiento, fue nombrado secretario del ministro de Interior, Dalmasio Vélez Sarsfield.

Luego fue Procurador del Tesoro y su carrera política continuó como ministro de Hacienda del presidente Nicolás Avellaneda; como interventor en Corrientes, en 1878; como diputado, en los primeros años de la década de 1880; y luego como ministro de Relaciones Exteriores en el primer gobierno de Julio A. Roca.

Al finalizar el siglo XIX, Victorino de la Plaza era un hombre del “régimen”, y, en tal sentido, su nombre empezó a ser mencionado para ocupar la máxima magistratura.

Finalmente, en 1910, proclamado por la Unión Nacional, secundó a Roque Sáenz Peña en la fórmula presidencial.

Ejerció la presidencia desde octubre de 1913, cuando Sáenz Peña pidió licencia por enfermedad, y la asumió definitivamente en agosto de 1914.

Era un hombre del antipopular régimen que moría, que en términos económicos definió a la Argentina como “el granero del mundo”; sin embargo, aseguró que mantendría el rumbo de la reforma electoral y lo cumplió.

Poco después, cuando regresaba de Córdoba por un acto por el 50 aniversario del Código Civil, sufriría una descompensación cardíaca, falleciendo días después, en la madrugada del 2 de octubre 1919.

(*) Nota del editor de Congreso Abierto: El artífice de la ley, impulsor y operador en el Congreso fue el ministro del Interior de Roque Sáenz Peña, su gran amigo: Indalecio Gómez, otro salteño. Ambos, con los atributos que le son reconocidos a los que se juegan la vida por una idea o causa porque los dos fueron soldados voluntrios del ejército peruano en la arbitraria guerra que generó Chile (1889/1894), en la que vencieron los chilenos y que quedaron con dos provincias de Perú y territorios que significaban la salida al mar de Bolivia, una de las grandes heridas abiertas de hispanoamérica, tema hoy planteado en el Tribunal de La Haya y de la cual la Argentina no es ajena, contra lo que cree el presidente Mauricio Macri. En la ciudad de Salta, en el museo provincial sostenido por la tradicional familia Patrón Costa, no había hasta 2010 la más mínima referencia en homenaje a la memoria de Indalecio Gómez, de lo cual el editor dejó firmada su constancia en el libro de Quejas. 

Título: Victorino de la Plaza (1840/1919)

Fuente: www.elhistoriador.com.ar

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