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ILLIA, EL PRESIDENTE QUE NUNCA DEBIÓ SER

Cincuenta años del golpe a Arturo Illia, radical blanco de constantes ataques durante los dos años y nueve meses de gobierno (1), merecen el recuerdo de quien, de joven y en el servicio militar, lo hubiera votado por miedo a un fusilador.

Por Armando Vidal

El martes 28 de junio de 1966 fue una mañana de sol, especialmente a las 7.30, cuando Arturo Humberto Illia, cordobés sabatinista de la Unión Cívica Radical del Pueblo, salió de la Casa de Gobierno después de saludar al último ordenanza. Acaba de ser derrocado por la Policía

Federal, a órdenes del Ejército. Así terminó su gestión de 1.020 azarosos días de ataques de distintos frentes que lo abatieron sin defensa.

Uno de esos frentes fue el periodismo porteño con la esplendorosa revista Primera Plana y el diario Clarín.

Illia, que tenía la edad de su siglo, nunca debió haber sido candidato de un partido político con otro partido proscripto que había dado muestras del enorme vacío que su ausencia producía en el sistema, razón central del equívoco en el que había incurrido en 1958 el gobierno de Arturo Frondizi (Unión Cívica Radical Intransigente) derrocado el 29 de marzo de 1962 por el mismo antiperonismo militar que terminó con el de Illia en menos tiempo.

Con varias diferencias entre uno y otro gobierno en el plano de las alianzas implícitas ya que Frondizi había llegado a la Casa Rosada tras un acuerdo pactado en Caracas entre Rogelio Frigerio y el propio Perón (ver en Cuando fue que…/En la Historia/ 1958, PERÓN-FRIGERIO, PACTO DE CARACAS ) en función de compromisos parcialmente cumplidos.

De allí, provenía el enojo con el radicalismo balbinista de parte de  Roberto Noble, fundador propietario de Clarín. Noble era aquel diputado de los años treinta  del socialismo independiente de Federico Pinedo,  abuelo del Federico Pinedo macrista. Y que, a mediados de los cincuenta, era un entusiasta del desarrollo industrial del país, contagiado de las ideas de Rogelio Frigerio, el abuelo del Rogelio Frigerio macrista. Dos abuelos  enfrentados que, de jóvenes, conocieron en profundidad en pensamiento de Carlos Marx.

Noble, como el frigerismo siempre, rechazaba visceralmente al radicalismo golpista, acomodaticio y puestista, según entendían a la vieja estructura partidaria, en contraste con la que representó para ese sector la figura de Frondizi.

Frente a ello, Illia era un bucólico médico de campo apoyado sólo en su partido en el que, por otra parte, no era suficientemente conocido, sostenido allí por el bonaerense Ricardo Balbín, quien había rehusado a ser candidato a diferencia de cómo lo había sido en 1951 y lo sería en 1973.

Por lo tanto, un hombre como Illia, bueno, sencillo y servicial, que tenía la edad de su siglo, nunca debió aceptar ser candidato a Presidente en esas condiciones, con un peronismo gremial en estado de rebeldía con el propio Perón y una masa peronista en estado de rebeldía desde 1955 que se expresaba en el voto en blanco. Y, además, con Frondizi preso todavía en la isla Martín García.

Pero en 1963 no sólo había una puja entre las dos fracciones del radicalismo sino que, por primera vez, un golpista manchado con sangre pretendía llegar a la presidencia de la Nación por medio del voto popular: el Gral. Pedro Eugenio Aramburu, el que había fusilado, al margen de toda ley, a militares demócratas, comenzando por su amigo, el Gral. Juan José Valle, el jefe de la revolución fracasada del 9 de junio de 1956 que quiso devolverle al pueblo el gobierno arrebatado con bombas y metrallas.

Por lo tanto, en las elecciones del 7 de julio de 1963, Illia, nacido en Pergamino en 1900, afincado en Cruz del Eje, en 1929, encabezó la lista de la Unión Cívica Radical del Pueblo (su vicepresidente era el entrerriano Carlos Perette) y, para sorprensa de muchos, fue el ganador.

En primer lugar venció al temido devenido en político, el Gral. Pedro Eugenio Aramburu, a quien acompañaba el empresario periodístico entrerriano Arturo J. Echevehere como více, fórmula que finalmente salió tercera. Y que era la lista predilecta de todos los militares de esa época.

En el medio, se instaló cómodamente el binomio de la UCRI: el bonaerense Oscar Alende con el tucumano Celestino Gelsi.

Traducido en números sobre un padrón de 11.356.2450 votantes, con la participación del 85, por ciento, el resultado fue:

2.441.064 (UCRP), 25,05 por ciento.

1.884.435 (en blanco, votos peronistas), 19,42 por ciento

1.336.342 (Udelpa), 13,80 por ciento.

El proceso venía precedido de una seria crisis por la persecución a todo atisbo de reaparición del peronismo que sectores blandos del Ejército admitieron poder llegar a reconocer si aparecía como parte de un conjunto de tendencias adversas que lo contuvieran. Pero la Marina se opuso y finalmente se sublevó, lo que derivó en choques armados –con bombardeos a tanques incluidos-, lo cual generó una veintena de muertos.

Una de esas acciones que desnudaron el odio al peronismo de esa fuerza –gorilas eran todos pero la Marína mucho más- fue el bombardeo de sus aviones al cuerpo 8 de tanques de Magdalena, que estaba a cargo del Cnel. Alcides López Aaufranc.

Fue el 2 de abril de 1963.

En esa sola acción hubo nueve muertos y varios heridos.

Ese episodio de una grave crisis militar entre militares antiperonistas, conocido como Azules y Colorados, había comenzado también a los tiros en la zona de Constitución un años atrás, transcurrió en algunos casos a ojos vista, en calles y avenidas de la ciudad de Buenos Aires, con la participación de soldados conscriptos en ambas fuerzas, muestra del desprecio compartido de unos y otros por la vida de los ciudadanos, el mismo desprecio de veinte años después con la Guerra de las Malvinas.

De ese bostaje uniformado surgió el Gral. Juan Carlos Onganía, comandante del Ejército, un azul igual que Robert Levingston y Alejandro Agustín Lanusse.

Finalmente, la Unión Popular, cuya fórmula componían el conservador Vicente Solano Lima con el ex gobernador de la UCRI en Santa Fe, Carlos Sylvestre Begnis, declinó participar debido a las presiones, incluyendo de la propia Corte de Justicia y llamó al voto en blanco, lo mismo que la fórmula de Raúl Matera con el democristinano Horacio Sueldo, muestra de la precariedad de esa salida electoral al gobierno de José María Guido, títere de los comandantes de las tres fuerzas armadas.

De ese podrido berenjenal, surgió Illia, condenado a ejercer un gobierno en soledad que pese a todo consiguió su lugar en esta historia.

Asumió el 12 de octubre de ese año, 1963, también un día de sol, recordado por quien esto escribe que se hallaba en el Congreso de la Nación pero no adentro como luego sería en su condición de periodista parlamentario, sino en la esquina de Hipólito Yrigoyen y Av. Callao, como agente 18.543 de Comunicaciones de la Policía Federal, donde hacía el servicio militar y cubría francos en las distintas comisarías.

Ese día lo enviaron a reforzar a las fuerzas de seguridad que ni siquiera lo tuvieron en cuenta porque pertenecía a otra órbita lo cual le permitió ser un observador privilegiado de la gente.

Algunos hitos del gobierno de Illia pueden resumirse así:

* En 1964 (febrero) anuncio del Plan de Lucha de la CGT; irrupción y muerte de la guerrilla rural cercana a Oran, Salta (marzo), experiencia asumida por el periodista Ricardo Mascetti, el fundador de Prensa Latina, el autor de “Los que luchan y los que lloran”, el mismo que subió y bajó dos veces de Sierra Maestra en pleno régimen de Batista para lograr el reportaje grabado a Fidel Castro; ocupación de fábricas (mayo) llegada del presidente de Francia Charles De Gaulle (octubre), recibido por hordas de peronistas que gritaban “Degol y Perón, un solo corazón”. Y, para colmo, a fin de año (2 de diciembre), Operativo Retorno con Perón en el avión camino a Buenos Aires, lo que obligó al canciller Miguel Angel Zavala Ortiz a pedirle a la dictadura brasileña, que había derrocado a Joäu Goulart (15 de abril), que interceptase el avión, lo cual se consumó con el retorno obligado del indeseado argentino a Madrid.

* En 1965 (marzo, 14) renovación parlamentaria con el triunfo de la Unión Popular, que concentró a los candidatos peronistas (29,6 por ciento), en tanto la UCRP logró el 28,4 por ciento y el Movimiento de Integración y Desarrollo (MID), frondifrigerismo, el 6,3. El oficialismo tenia 70 bancas en Diputados y los peronistas, divididos, 52. Los datos extraídos de Cincuenta años de Historia Argentina 1930-1980, de Gerardo López Alonso, son referencias indicativas sujetas a mayores precisiones, como en el caso de la composición de la Cámara joven. Aunque no sea parte de las inclemencias políticas que envolvía a Illia, ya ridiculizado con una tortuga en la cabeza en la revista Primera Plana, se puede consignar que el 20 de abril fallece el diputado Alfredo Palacios, a los 87 años, cuyos restos fueron velados en el Salón Azul del Congreso. En mayo, la Argentina no envía tropas a Santo Domingo pero en la OEA apoya la intervención de los Estados Unidos y en octubre, llega al país Isabel Perón para gravitar con su presencia en la puja planteada entre el líder de la UOM, Augusto Timoteo Vandor y Perón en el exilio. El 22 de noviembre, el comandante del Ejército, Ongania, pasa a retiro, reemplazado por el general Pascual Pistarini, el sobrino de Juan Pistarini, el ministro de Obras Públicas de Perón entre 1946 y 1955. Otro Pistarini, por cierto.

* En 1966, el año de la desembocadura de la política en los cuarteles para una pretendída Revolución Argentina, el 17 de marzo en las disputa por la gobernación de Mendoza ganó el conservador Emilio Jofré pero el candidato que apoyó Perón, Ernesto Corvalán Nanclares, le pasó por encima a Alberto Serú García, el candidato que promovía Vandor. Como rebote del clima que vivía la UOM, en el bar confitería de Avellaneda, La Real, hoy llamada Pertutti, en la esquina de la Av. Mitre con la calle del Teatro Roma, donde transcurría una asamblea de los metalúrgicos, el 13 de mayo la emprenden a los tiros dos bandos, uno vandorista -estaba el propio Vander que slaión indemne- y otro del peronistas combativos, choque en el que murieron el dirigente Rosendo García y Domingo Blajaquis, entre otras víctimas. El 29 de ese mismo mes, en la celebración del Día del Ejercito, Pistarini criticó duramente al gobierno, preanuncio concreto del golpe que se consumaría casi un mes después.

En ese camino azaroso, con su parsimonia y estilo, Illia entre sus aportes vigentes logró el acierto de su cancillería con la resolución de la Asamblea de las Naciones Unidas instando al diálogo entre Inglaterra y la Argentina sobre la situación de las islas Malvinas, cuya desatención expresa y premeditada de Londres generó la reacción favorable a sus intereses de la dictadura en 1982.

Illia dejó una economía en crecimiento y en manos criollas - el tandilense Juan Carlos Pugliese, sucesor de Eugenio Blanco, fallecido a poco de andar el gobierno- y un país agitado por factores interesados pero libre con relación al sometimiento fascista de Onganía y su economía liberal encarnada con su ministro Adalbert Krieger Vasena.

De aquel país de la tortuga, cincuenta años después todavía camina el recuerdo de las leyes Oñativa, así llamadas en homenaje al médico como él que fuera su ministro de Salud, como la ley de Medicamentos, vinculada con la ley de patentes resistida por los laboratorios extranjeros y la ley del salario mínimo, vital y móvil, evocadas hoy, en pleneo ejercicio de  un gobierno conservador, elitista y reaccionario, que la UCR apoya como si Illia nunca  hubiera sido un Presidente radical.

(1) Entre las omisiones de este artículo, hay una, de insoslayable reparación. Y es no haber mencionado siquiera al valiente granadero en jefe Alberto Rodrigañez Ricchieri que quiso defender la Casa de Gobierno y al Presidente como era su deber pero no lo hizo por pedido expreso del propio jefe de Estado para evitar derramar sangre entre argentinos. Mientras escribía este artículo lo tuve presente y busqué la referencia en mi propia página y, en el apuro, no lo encontré. Era "Illia evitó muertes en el golpe de 1966" y estaba publicada desde el 1º de octubre de 2013 en la sección Cuando fue que..., Categoría: En la historia. Era el proyecto del entonces diputado Federico Pinedo, cuyos fundamentos con la firma del legislador fueron presentados con forma de artículo. La iniciativa proponía que la puerta de entrada de la Casa de Gobierno llevase el nombre de Rodrigañez Richieri. Pero en el acto en homenaje a Arturo Illia, realizado el mismo 28 de junio último, en el ahora llamado Museo del Bicentenario, el presidente Mauricio Macri distiguió al ahora Cnel. (R) Rodrigañez Richieri con la Orden al Mérito Militar en Orden Gran Cruz, así como con la Orden Púrpura (post morten) a general al general de brigada Eduardo Castro, datos estos últimos tomados del diario Página /12, dado que Clarín y La Prensa, diarios consultados al efecto ignoraron el reconocimiento. La Nación, en cambio, lo consignó. No podía menos porque todo había comenzado con una nota el 28 de junio de 2006 en ese diario  de Andres Bufali, autor del Secretos Presidenciales, dando cuenta del capítulo que lo tuvo por protagonista a Rodrigañez Ricchieri.