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CARACAS, '76, TODOS COMO SI FUERA LA CASA DE TODOS

Esta nota describe una Venezuela luminosa de hace 43 años derivada del precio alto del petróleo y una democracia que convocó a gran cantidad de latinoamericanos. Retrato de época, con acotaciones del editor para colaborar a ilustrar un proceso que derivó en el chavismo, versión caribeña del peronismo. 

Por Santiago G. Dieguez

Caracas, 29 de junio de 1976. En Venezuela se vive una libertad genuina. Más aún, es el único país latinoamericano en condiciones de exigir -como lo hizo durante la reunión de la OEA, a principios de junio-, el cumplimiento de los acuerdos sobre derechos humanos en los países del continente.

Miles de exiliados de Argentina, Uruguay, Chile, Brasil, Bolivia, se han integrado a Venezuela donde encontraron las posibilidades que sus patrias no les dieron.

Venezuela y México son ejemplares en América latina por su acogida a los asilados.

No hay, aquí, excluidos. No hay ideología que no pueda ser voceada.

Esta amplitud democrática venezolana se alcanzó tras un doloroso proceso.

Al iniciarse el siglo vivía en una férrea, anquilosada dictadura cuyo caudillo -por así llamarlo- se mantuvo por casi tres décadas (NdE: alusión al dictador Juan Vicente Gómez, que gobernó desde 1908 hasta su muerte, en 1935). Y una década más de sucesores tiránicos, y seis meses de democracia, cuando fue electo presidente el intelectual Rómulo Gallegos (NdE: el gran escritor venezolano fue elegido presidente en 1947 yderrocado al año siguiente. Murió en 1969, a los 85 años). 

Otra larga noche -diez años- que protagonizó básicamente el coronel Marcos Pérez Jiménez, quien tras huir del país en 1958, tuvo la osadía de reclamar ante el consulado en Miami elevadas cantidades de dinero que había olvidado en un maletín, al salir apresuradamente.

Las dictaduras se mantuvieron sobre la espesa, negra trama del petróleo.

En su ignorancia, creyeron que la picardía era el soborno, las prebendas, el alquiler de la tierra, y no el líquido basto que tanto interesaba a los norteamericanos.

El dictador venezolano de este medio siglo puede conocerse en  El otoño del patriarca, de García Márquez y, quizá también en El recurso del método, de Alejo Carpentier, quienes los conocieron de cerca.

La democracia llegó en 1958 y se estableció sólidamente.

Con ella, Venezuela creó una política petrolera soberana que resultó ejemplo para los países productores y permitió, con sucesivos avances, alcanzar la nacionalización de la industria que provee el 95 por 100 de los ingresos externos nacionales (NdE: la nacionalización del petróleo se produjo el 1| de enero de 1976, gobierno de Carlos Andrés Pérez).

La democracia no fue un camino fácil. Al comenzar la década del 60, el presidente Rómulo Betancourt (Acción Democrática) debió dedicar todo su esfuerzo en anular intentonas militares y contener la subversión izquierdista más seria y fuerte que se hubiera conocido en Latinoamérica (NdE: su ministro del Interior, responsable del cometido, fue Carlos Andrés Pérez).

Raúl Leoni (AD) siguió su obra, caracterizándose su período por sus aspectos de transición.

Rafael, Caldera (socialcristiano) logró la pacificación del país formalmente: al comenzar la actual década los guerrilleros se reintegraron a la vida nacional, los militares habían abandonado toda idea de copar el poder.

En una década, los dos partidos mayoritarios lograron concretar una coherente expansión de la democracia, de la paz social y de la vida, económica (NdE: el primer acuerdo había sido el conocido como Punto Fijo, tras la caída de Pérez Jiménez. El nombre del acuerdo se tomó de la residencia donde vivía Caldera, lugar de la reunión).

En diez años, los dictadores pasaron al olvido y concitan el repudio. Actualmente, el tercer partido en orden de votación en las elecciones últimas (1973) es el Movimiento al Socialismo, cuyos principáles teóricos son ex guerrilleros. Lograron el 3 por ciento en los comicios, AD, el 49 por ciento y los socialcristianos el 37. El Partido Comunista apareció borrado en esta prueba.

El perezjimenismo, que en su momento alcanzó aparente fuerza popular, se disgregó entre las peleas de sus caudillitos ofreciéndose al mejor postor.

La oposición de AD se reduce a los socialcristianos (COPEI).

En estos días, y preparándose los partidos para divisar su candidato con miras a las elecciones de 1978, el clima político se ha caldeado. COPEI anunció pasar a una oposición agresiva, y lo está cumpliendo. Las acusaciones contra el gobierno, y las respuestas del partido de gobierno, están enturbiando un clima político que parecía ejemplar.

Muchos -sobre todo los poderosos empresarios de Fedecámaras- temen que el proceso se desboque. Pero tal temor parece infundado: los partidos políticos venezolanos tienen conciencia cierta del costo que tuvo para el país la democracia, y su defensa y consolidación cuenta con respaldo unánime.

* Apuntes del editor

Las elecciones a las que hace referencia el autor al final del mandado de Carlos Andrés Pérez las ganó el copeyano Luis Herrera Campis, cuya gestión transcurrió entre 1979/1984. Lo continuó el adeco Jaime Lusinchi (1984/1989), quien le pasó el mando a Carlos Andrés Pérez (1989/1993), un retorno cuyo triunfo electoral lo posibilitó la campaña de promesas basadas en la repetición de los logros de su primer gobierno. Una ilusión porque ya Venezuela estaba inmersa en una crisis que no era sólo económica sino también moral motivo por el cual el Congreso terminó con su gestión por medio de un juicio político.

El Caracazo, respuesta social por los ajustes monetaristas convencionales y dos intentos golpistas, uno liderado por Hugo Chávez, ambos fracasados preanunciaban la irrupción de nuevos actores políticos como acontecería al final del siglo que pasó. 

Aun así, el proceso de la democracia formal, iniciada con el gobierno de Rómulo Bentancourt,  en 1959 y transferido al también adeco Raúl Leoni (1964/1969), cumplió cuarenta años, tras la segunda gestión de Rafael Caldera (1994/1999), que había sido presidente entre 1969 y 1074.

Quizás Caldera haya sido un claro exponente de transparencia en momento de aguda turbulencia económica por la baja de los precios del petróleo que lo obligaron a tomar la amarga pócima del FMI.

Colaboró a la paz al indultar a los sublevados militares de  1992, entre ellos Hugo Chávez, quien en 1999 ganaría las elecciones y comenzaría una gestión que cambiaría la historia venezolana, continuada tras su muerte, de sospechoso origen, en 2013.

Y que, seis años después, Estados Unidos y los países títeres, entre ellos la Argentina de Mauricio Macri, quiere terminar con un garrote todavía más grande que el del perverso Theodore Roosevelt contra Cuba, en 1898 y la misma Venezuela, en 1902, además de Panamá, al año siguiente, para robarle el canal.

 (*) Este artículo apareció 29 de junio de 1976

 Fuente: https://elpais.com (España)