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LA OPOSICIÓN COMO PROBLEMA

Sin liderazgo, no  hay oposición con chance de ser gobierno o de volver a serlo, caso del macrismo, luego que un conjunto de factores lo instalara en la Casa Rosada para pesar de varias generaciones por la desmesura de las deudas externas contraídas y el daño producido en toda su gestión. Casi medio siglo atrás, con el retorno del exilio de Juan Domingo Perón  y sus acuerdos con Ricardo Balbín, conductor del radicalismo desde 1956, hubo un momento estelar de armonía entre oficialismo y oposición, de lo cual se  habla en esta nota. El 1º de julio de 1974 murió Perón, un pueblo lo lloró y Balbín, su ex preso y enemigo en 1950, lo lamentó ante su féretro con la célebre frase "...este viejo adversario, despide a un amigo". Balbín murió el 9 de septiembre de 1981. Tenía 77 años. Era hincha de Gimnasia. Hijo de un ferroviario, había nacido en Buenos Aires, en la zona de Constitución, en la calle Del Progreso, hoy Pedro Echagüe. Lo recuerdan más los peronistas que los radicales, quienes caminan a contramano de su propia historia.

Por Armando Vidal

La experiencia argentina indica que el mejor gobierno es aquel que acompaña la mejor oposición posible para que la cuerda de quien conduce el PEN por elección de su pueblo sea lo suficientemente tensa y permita avanzar, cual equilibrista, en especial en países bajo el control yanqui. Para su propia fortaleza, desde 1946, el peronismo tuvo figuras provenientes de la oposición, a cargo de ministerios y en dos ocasiones, además, con vicepresidentes radicales. El primero, fue el noble radical correntino, Hortensio Quijano, vicepresidente del primer gobierno de Juan Domingo Perón, fallecido a poco después de la reelección de 1952. El segundo es más reciente y conocido.

Es el mendocino Julio Cleto Cobos, quien, en el 2008,  como titular del Senado -primer gobierno de Cristina Kirchner-, desempató la igualdad de votos de los senadores y lo hizo favor del rechazo de la ley de las retenciones al campo.  Votó contra el proyecto del Poder Ejecutivo del cual era parte, sin siquiera la dignidad de renunciar al cargo.

Ese tenor de moral democrática es el que tiene la oposición de Juntos por el Cambio desde entonces,  hoy contra el gobierno de Alberto Fernández, todo lo cual motiva el recuerdo de radical Ricardo Balbín, a cuarenta años de su muerte, aquel que como "viejo adversario despidió a un amigo", a cajón abierto del tres veces presidente de los argentinos, Juan Domingo Perón, el 2 de julio de 1974, en la Cámara de Diputados de la Nación.

"El que gana gobierna, el que pierde ayuda", decía Balbín. Y el radicalismo, con los presidentes Héctor Cámpora, en la transición después con Raúl Lastiri y con el propio Perón, que había asumido el 12 de octubre de 1973 (asumió con su uniforme de general del Ejército y no habló en el Congreso sino en Plaza de Mayo en un acto partidario) , lo demostró. Por eso, el 1º de mayo, en su discurso ante la Asamblea Legislativa al inaugurar entonces un nuevo período de sesiones ordinarias, improvisó de entrada las siguientes palabras:

"Antes de dar lectura al mensaje del Poder Ejecutivo, deseo presentar en nombre de éste, el más profundo agradecimiento a los señores Legisladores que han hecho posible la aprobación de leyes que eran absolutamente indispensables. Y en esto -señaló- quiero también rendir homenaje a los señores senadores y diputados de la oposición, que con una actitud altamente patriótica no han hecho una oposición, sino una colaboración permanente que el Poder Ejecutivo aprecia en su más alto valor".

Fue en esa circunstancia que Perón esbozó un conjunto de ideas para hallar en conjunto las bases de lo que llamó un Modelo Nacional que no llegó a concretarse porque dos meses exactamente Perón murió.

Desde entonces, hasta hoy, los diarios más importantes de nuestro país ignoran ese discurso pero no el que generaría, ese mismo 1º de mayo de 1974, el propio Perón ante una Plaza de Mayo tan colmada como dividida entre las columnas de los trabajadores a su izquierda y la Juventud Peronista alineada con el discurso propio de la conducción de Montoneros que había depuesto las armas pero no su voz de reclamo y que terminaría yéndose de la Plaza, tras el enojo de Perón ante el canto de "...que pasa General, que está lleno de gorilas el gobierno popular". 

Hoy gobierna el peronismo en la versión del kirchnerismo, un dique de contención al macrismo porque el radicalismo decidió cementar la memoria de sus referentes mayores, desde Hipólito Yrigoyen a Raúl Alfonsín.

Y que el ex diputado nacional Luis Brandoni –y que aspira volver a serlo-  no se moleste porque en la obra presentada hace diez en el teatro La Comedia, “Don Arturo Illia”, del cual hizo su papel, no dice nada de la implacable oposición del diario Clarín al gobierno de Illia, como realmente fue. Y cuyo programa, el de la función, muy bien impreso, tenía a toda contratapa un aviso auspiciante de  Clarin.

Se puede comprender: el frigerismo replicó con toda dureza lo que el radicalismo, con Balbín como referente mayor en la Unión Cívica del Pueblo, había hecho contra el gobierno de Arturo Frondizi, de la entonces llamada Unión Cívica Intransigente, llegado al gobierno con votos peronistas en 1958 y derrocado por botas antiperonistas en 1962.

Todo, con el peronismo proscripto y Perón en el exilio.

Ante el curso trágico que se perfilaba, con el Cordobazo, en 1969  y el asesinato del ex presidente fusilador Pedro Eugenio Aramburu y caída de Onganía,  a fines de 1970, nace la Hora del Pueblo, integrada por representes políticos peronistas, radicales, socialistas, conservadores populares, demoprogresistas y otros, como Héctor Sandler, de Udelpa, un diputado que hoy se definiría como progresista del partido de Aramburu que terminó viviendo refugiado en el Congreso tras haber sido amenazado de muerte por la Triple A.

Paralelamente, nacía el Encuentro Nacional de los Argentinos (ENA), formado por comunistas y también peronistas como Raúl Bustos Fierro, el diputado que en 1946 había fundamentado el proyecto de Rodolfo Decker –presidente del bloque peronista- de juicio político a la Corte Suprema de Justicia por haber legitimado el golpe militar del 6 de septiembre de 1930 contra Hipólito Yrigoyen.

Jorge Daniel Paladino era el representante de Perón, que atendía los asuntos desde su casa de Madrid. Un año después, el 3 de noviembre de 1971, lo reemplazó Héctor J. Cámpora, ex presidente de la Cámara de Diputados. Nacía o, mejor, se acentuaba, “el luche y vuelve”, otra etapa en la estrategia de Perón, luego del trabajo de Paladino con Balbín, en diálogo con Cámpora.

La  disposición a sellar un acuerdo con el máximo representante de la oposición al peronismo,  el preso del peronismo en 1950, era una determinación de Perón, compartida por Balbín, según los sondeos realizados por Paladino y comunicados por informes escritos al líder exiliado que revelan el nivel que se autoconcedía, casi como un abogado con su cliente (1). “Para pensar estoy yo” habrá concluido Perón y lo cambió por Cámpora cuando el presidente de facto era el general Alejandro Agustín Lanusse, que llegó tarde a la filmación de esa película que el cine argentino hará alguna vez.

Balbín ganó la interna radical para ser candidato a presidente de la Nación al vencer a su ex delfín que lo enfrentó, Raúl Alfonsín, quien entonces se manifestaba en contra del acuerdo con el peronismo. Y en las elecciones generales del 11 de marzo de 1973 perdió en la puja con Héctor J. Cámpora porque desestimo el voto de los antiperonistas que diez años después le dieron el triunfo a Alfonsín.

El antiperonismo es una bandera política del poder de facto, siempre. Alfonsín lo sufrió en carne propia.

El 9 de septiembre de 1981, a los 77 años, murió Balbín, el hombre que saltó la mal llamada tapia, el martes 21 de noviembre de 1972, para hablar a solas con Perón y poner fin a las antinomias entre los partidos políticos populares.

Alfonsín, murió el 31 de marzo de 2009, después de recibir un reconocimiento especial en vida por parte del gobierno de Cristina Kirchner, que expresa una sensibilidad especial con él.

Lo que se avecina con las internas primero de las PASO del 12 de septiembre y después en las de los candidatos elegidos en las elecciones legislativas del 14 de noviembre es si los radicales van actuar en línea con las experiencias aprendidas con Balbín y Alfonsín o con las devenidas de su alianza con el macrismo.

Cualquiera sea el resultado, esa oposición va a ser mejor que la presente porque la que en las dos Cámaras del Congreso de la Nación dirigen dos radicales - Mario Negri, en Diputados y  Luis Naidenoff, en el Senado- es decididamente desestabilizadora porque están al servicio de los enemigos de Yrigoyen, Illia y Alfonsín. Y con esos tres ex presidentes, también el rechazo de Balbín, que no lo fue.

Balbín murió el 9 de septiembre de 1981. Despreciado por el radicalismo de élite, siempre recordado por los radicales del pueblo y por todos los peronistas, la fuerza política más fiel a sus sentimientos.

Fuente: Radio Gráfica (89.3), 21/8/21. Programa “De acá para allá, conducido por Emiliano Vidal, sábados, de 12 a 13.