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1973, ASUME CAMPORA

Evocación de lo acontecido el 25 de mayo de 1973, con la asunción del peronista Héctor J. Cámpora a la presidencia de la Nación, con motivo del anuncio de la realización treinta años después de la misma ceremonia y en el mismo lugar, que llevaría a la Casa Rosada al hasta ese momento gobernador de Santa Cruz, el peronista Néstor Kirchner. El autor cubrió ambos acontecimientos y, aunque con cierta cautela, no evita decirlo.

Por Armando Vidal

El socialista Salvador Allende, presidente de Chile, tenía un suave corte sobre la parte inferior de la mejilla derecha producto de una distracción con la hoja de afeitar, en las primeras horas de esa mañana del 25 de mayo de 1973.

Estaba solo, vestía traje oscuro, llevaba sus clásicos lentes de carey y parado en la puerta principal del Congreso sobre la avenida Entre Ríos —la misma que se abre sólo en jornadas históricas—, aguardaba con mucha antelación el inicio de la Asamblea Legislativa donde iba a prestar juramento el presidente electo Héctor J. Cámpora y su compañero de fórmula, Vicente Solano Lima.

Allende paseaba sus pequeños ojos por la gente que sería multitud en la plaza cuando un joven cronista parlamentario —un pelirrojo que cubría su primera Asamblea Legislativa— lo abordó con una pregunta que escondía el deseo de saludar a quien veía como baluarte de una causa prematura en el país de la larga figura.

En tanto, en el Salón de los Pasos Perdidos se concentraban algunas visitas antes de su ubicación definitiva, como el cubano Osvaldo Dorticós, en representación de Fidel Castro, y el secretario de Estado norteamericano, William Rogers, en nombre de Richard Nixon, invitados a la ceremonia con la cual el peronismo volvía al gobierno, tras haber sido desalojado a sangre y fuego por un golpe militar en 1955.

Juan Domingo Perón permanecía en Madrid. El 17 de noviembre del año anterior había viajado a Buenos Aires para sustancialmente coincidir con el jefe radical, Ricardo Balbín, luego su amigo, acerca de la necesidad de que el viejo partido de Alem no se constituyera en la opción antiperonista en las elecciones convocadas para el 11 de marzo, como pretendían desde el gobierno de facto de turno.

Tras una corta campaña electoral de celoso respeto entre los dirigentes de ambos partidos, Cámpora —en nombre de Perón porque estaba proscripto— derrotaba al jefe radical por amplio margen (49,53% contra el 21,29%), sin superar la valla del 50 por ciento que por entonces imponía el ballottage, pese a lo cual Balbín renunció ir a la segunda vuelta.

Mientras algunos trasnochados jefes militares pensaban en no entregar el poder, Balbín, el diputado radical preso del peronismo en 1951, comenzó a erigirse en el principal sostén opositor del nuevo gobierno.

Ese viernes 25 de mayo, peronistas y radicales se encontraron en la Asamblea para iniciar una nueva relación que se mantuvo hasta hoy, pese a graves capítulos como —en el ejemplo más reciente— el de la caída de Fernando de la Rúa.

Precisamente De la Rúa estaba allí, ese 25 de mayo, delgado y sonriente, con su fino pelo rubio peinado con un delicado jopo, parado en el recinto al lado de otros senadores de su partido como Juan Carlos Pugliese, Carlos Perette y Eduardo Angeloz, y cerca de senadores peronistas como Vicente Saadi, Italo A. Luder y Humberto Martiarena. De los provinciales, también estaba el senador Elías Sapag, quien volvía a la banca para erigirse en la voz patagónica más fuerte.

El peronismo controlaba todo: en Diputados, de los 242 que entonces eran el total de sus miembros, el PJ con sus aliados en el Frejuli tenía 141; y los radicales eran 51.

El discurso de Cámpora fue tan largo que hubo que tomarse un breve cuarto intermedio, lo que nunca volvería a pasar desde entonces. Y pese a su marcado tono partidario, el mensaje quedó como muestra de un plan concreto de acción en el plano económico, social y político, incluyendo el enunciado de futuras leyes como la de amnistía.

Esa misma noche —de puro hecho— para los presos políticos se abrían las puertas de la cárcel de Villa Devoto.

Mientras Cámpora hablaba, en un palco bandeja Balbín esquivaba mirarse con su ex correligionario Arturo Frondizi, quien a la vez prefería hablar con el socialista democrático Américo Ghioldi, en tanto que el intransigente Oscar Alende lo hacía con el federalista Francisco Manrique.

Treinta años después, en el mismo lugar, mañana sólo habrá un único legislador de los que estuvieron entonces: el peronista Oraldo Britos, ayer senador y actualmente diputado, quien preserva pelo y figura.

En el palco de Clarín también estará aquel joven cronista pelirrojo, aunque cueste reconocerlo.

Fuente: Clarín, 24/5/03