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PERÓN, VISTO A LA DISTANCIA POR JÓVENES

El 1 de julio de 1974 moría Juan Domingo Perón, "símbolo máximo de la política argentina que aún perdura" según este  retrato del tres veces presidente de los argentinos,  realizado por dos jóvenes que no pertenecen a la comunidad de los escribas habituales. Ningún otro líder político ha generado más amor ni más odio, ninguno ha desatado pasiones más duraderas, dicen desde su mirada a la distancia.

Por Pablo Martín Cerone y Patricio Flores

 "El peronismo es un gran relato trágico porque creo en que en algún punto todos tienen razón. En el sentido en que Hegel dice que la tragedia no es lo bueno contra lo malo, lo justo contra lo injusto, sino lo justo contra lo justo". José Pablo Feinmann, "La política argentina de hoy está llena de odio". Página/12, domingo 15 de marzo de 2009.

1- Nacimiento en la oscuridad

La historia oficial construida desde el poder, a comienzos de los años ’50, dice que Juan Domingo Perón, segundo hijo de Tomás Perón y Juana Sosa, nació en Lobos, provincia de Buenos Aires, el 8 de octubre de 1895, más precisamente en una casa de

clase media, de estilo italiano, ubicada en la calle Buenos Aires 1380 (hoy Perón), y que

desde hace años es un museo dedicado a su memoria.

El primer problema que se plantea surge de la simple compulsa de la documentación: el acta de nacimiento en Lobos está visiblemente enmendada; en el acta de bautismo, del 14 de enero de 1898 e igualmente corregida (además de resultar ilegible en algunas partes) el futuro presidente figura con el apellido de su madre; el acta de casamiento de sus padres es del 25 de setiembre de 1901.

Por ello, parece fuera de toda duda que Perón fue concebido fuera del matrimonio, circunstancia hoy del todo irrelevante pero que hace cien años hubiera condicionado un destino: por ejemplo, de no haberse ocultado, le hubiera sido imposible a Perón hacer carrera en el Ejército. Y hace apenas cincuenta o sesenta años, el conocimiento de tal circunstancia hubiera sido un arma formidable en manos de sus opositores.

Por si esto fuera poco, hay otro detalle escandaloso para la época: la sangre tehuelche y mapuche de Juana Sosa, que hacía que su hijo fuera mestizo.

El segundo problema es la inverosimilitud del lugar de nacimiento: la casa de la calle Buenos Aires fue construida en la década del ‘20, como muchos viejos vecinos de Lobos recuerdan, y no hay registro de que el solar haya pertenecido nunca a familiar alguno de Perón.

Incluso los descendientes de su hermano Mario hoy señalan como lugar más probable de nacimiento al humilde rancho de la familia materna, cercano a las vías del ferrocarril.

El tercer problema es la existencia de varios testigos que afirman que, en realidad, Perón nació en una localidad vecina a Lobos, Roque Pérez, más precisamente en unos terrenos que su padre compró allí y puso a nombre de su madre en 1893 (Perón incluso heredó una de las parcelas, y fue parte de su sucesión tras su muerte en 1974).

El historiador y antiguo secretario privado Enrique Pavón Pereyra afirma que el propio Perón le dijo en Madrid en 1973 que había nacido en Roque Pérez, y no en 1895 sino en 1893: el 8 de octubre de 1895 es simplemente el día en que su padre declaró su nacimiento ante el Registro Civil de Lobos.

La razón por la que el nacimiento fue registrado en Lobos es bastante pedestre: en esos años, Roque Pérez pertenecía al partido de Saladillo, y para anotar el nacimiento en la localidad cabecera de ese partido había que recorrer 52 kilómetros, mientras que Lobos estaba a solamente 30. Para poder hacer esto había que declarar domicilio en ese pueblo, al que Tomás Perón acudía diariamente a ejercer funciones de oficial de justicia.

Fuentes: "¿Dónde nació Perón?". Guido Braslavsky, Clarín, 11 de mayo de 1997. "La cuna de Perón". Francisco N. Juárez y Tomás Eloy Martínez. La Nación, 3 de mayo de 1998. "El orgullo de llevar sangre tehuelche y de ser hijo ilegítimo". Enrique Oliva, La Nación, 30 de julio de 2000. "Dos pueblos quieren adueñarse de Perón". Mario Rodríguez Yebra, La Nación, 30 de julio de 2000. "Tras la cuna de Perón". Walter Murga, La Guía de Roque Pérez, octubre de 2000. "Polémica por el lugar de nacimiento de Perón: Lobos o Roque Pérez". Armando Vidal, Clarín, 22 de octubre de 2001. "La verdadera cuna de Perón". Eduardo Videla, Página/12, 17 de marzo de 2002. "Perón nació en Roque Pérez". Roque-Pérez.com.ar, 4 de octubre de 2008.

 2- Carrera militar

Perón ingresó al Colegio Militar en 1911, y se graduó como subteniente de infantería en 1913. Se especializó en infantería de montaña, además de historia e inteligencia militares, y fue profesor de la Escuela de Guerra.

Como capitán, tuvo un papel importante (aunque dubitativo) en el golpe cívico – militar que derrocó a Hipólito Yrigoyen en 1930, actuación de la que posteriormente se arrepentiría. Años después, Perón declaró que se dejó llevar por el respeto que el general golpista José Félix Uriburu se había ganado entre sus amigos en el Ejército, así como por un clima social que hoy llamaríamos "destituyente".

Ya como mayor, fue designado edecán del Ministro de Guerra del presidente Agustín Justo, el general Manuel Rodríguez, quien le confiaría una misión en extremo delicada en Formosa, en ocasión de la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay.

Como teniente coronel, fue enviado como agregado militar a Chile en 1937, en donde montaría una red de espionaje que le causaría un gran dolor de cabeza a su sucesor en la agregaduría, que no fue otro que ¡Eduardo Lonardi! (quien lo siguió en la presidencia de la Nación tras su derrocamiento en 1955).

Tras enviudar de Aurelia Tizón (ver más adelante) fue enviado a perfeccionarse a Italia en febrero de 1939. Regresaría en enero de 1941, favorablemente impresionado por el rol del Estado en la armonización autoritaria del capital y el trabajo y por el fenómeno de masas del fascismo italiano, así como por la maquinaria bélica alemana, a la que vio arrollar a media Europa en la tremenda contienda mundial recién comenzada.

Fue destinado a Mendoza, al Centro de Instrucción de Montaña, para ser ascendido a coronel en 1942. Cuando, en junio de 1943, fue nombrado Jefe de Estado Mayor de la Primera División, con asiento en Buenos Aires, comenzaría su participación activa en la política argentina.

3- Perón y el fascismo

Dice Eric Hobsbawm en su Historia del Siglo XX:

"Fue en América Latina donde la influencia del fascismo europeo resultó abierta y reconocida, tanto sobre personajes como el colombiano Jorge Eliecer Gaitán (1898-1948) o el argentino Juan Domingo Perón (1895-1947), como sobre regímenes como el Estado Novo (Nuevo Estado) brasileño de Getulio Vargas de 1937-1945 (…). Desde la óptica del otro lado del Atlántico, el fascismo parecía el gran acontecimiento de la década [del ’30, N. del E.]. Si había en el mundo un modelo al que debían imitar los nuevos políticos de un continente que siempre se había inspirado en las regiones culturales hegemónicas, esos líderes potenciales de países siempre en busca de la receta que les hiciera modernos, ricos y grandes, habían de encontrarlo sin duda en Berlín y en Roma, porque Londres y París ya no ofrecían inspiración política y Washington se había retirado de la escena. (Moscú se veía aún como un modelo de revolución social, lo cual limitaba su atractivo político)". "Y sin embargo, ¡cuán diferentes de sus modelos europeos fueron las actividades y los logros políticos de unos hombres que reconocían abiertamente su deuda intelectual para con Mussolini y Hitler! (…) En Bolivia, unos soldados y políticos que se inspiraban en Alemania organizaron la revolución de 1952, que nacionalizó las minas de estaño y dio al campesinado indio una reforma agraria radical. En Colombia, el gran tribuno popular Jorge Eliecer Gaitán, lejos de inclinarse hacia la derecha, llegó a ser el dirigente del partido liberal y, como presidente, la habría hecho evolucionar con toda seguridad en un sentido radical, de no haber sido asesinado en Bogotá el 9 de abril de 1948 (…). Lo que tomaron del fascismo europeo los dirigentes latinoamericanos fue la divinización de los líderes populistas valorados por su activismo. Pero las masas cuya movilización pretendían, y consiguieron, no eran aquellas que temían por lo que pudiera perder, sino las que nada tenían que perder, y los enemigos contra los cuales las movilizaron no eran extranjeros y grupos marginales (aunque sea innegable el contenido antisemita en los peronistas y en otros grupos políticos argentinos) sino (…) la clase dirigente local. El apoyo principal de Perón era la clase obrera y su maquinaria política era una especie de partido obrero organizado en torno al movimiento sindical que él impulsó. En Brasil, Getulio Vargas hizo el mismo descubrimiento. Fue el ejército el que le derrocó en 1945 y le llevó al suicidio en 1954, y fue la clase obrera urbana, a la que había prestado protección social a cambio de su apoyo político, la que le lloró como el padre de su pueblo. Mientras que los regímenes fascistas europeos aniquilaron los movimientos obreros, los dirigentes latinoamericanos inspirados por él fueron sus creadores. Con independencia de su filiación intelectual, no puede decirse que se trate de la misma clase de movimiento".

4- El GOU, la Guerra y la Secretaría

Dice el respetado y veterano periodista Rogelio García Lupo: "El GOU es, en gran medida, un mito. Una gran creación de inteligencia. (…) Lo cierto es que cuando iban entrando, descubrían que en realidad la organización ya ha sido disuelta. Una genialidad de Perón". (Cabe aclarar que no se sabe bien qué quiere decir esa sigla, si Grupo de Oficiales Unidos o Grupo Obra de Unificación).

Se trataba de un grupo informal de altos oficiales con destino en Mendoza, creado por los tenientes coroneles Miguel Ángel Montes y Urbano De la Vega, pero que lentamente pasó a ser dirigido por cuatro coroneles que ingresaron con posterioridad: Eduardo Ávalos, Enrique González, Emilio Ramírez y Juan Domingo Perón. Los orígenes e identidades ideológicas de sus miembros eran dispares: mientras Montes y Ávalos eran afines al radicalismo yrigoyenista, Perón, Ramírez y González tenían (en grado diverso) simpatías por el nacionalismo autoritario.

A todos los unía el rechazo a la intromisión del poder político en los asuntos militares, al comunismo, al ingreso argentino en la Segunda Guerra Mundial en el bando de los Aliados y a la candidatura presidencial de Robustiano Patrón Costas, un reaccionario terrateniente salteño con simpatías aliadófilas y abierto partidario del fraude electoral. El GOU planificaba un golpe de estado para setiembre de 1943, pero los acontecimientos se precipitaron.

Ante el intento del presidente conservador Ramón Castillo de remover a su Ministro de Guerra, general Pedro Ramírez, dados sus acuerdos con la opositora UCR para enfrentar a Patrón Costas, las diversas líneas internas del Ejército se unieron para derrocarlo el 4 de junio de 1943. (El ministro era el padre del coronel Emilio Ramírez).

La falta de cohesión del movimiento se percibió inmediatamente: el general Arturo Rawson fue designado presidente pero no llegó a jurar en su cargo, debido a la oposición que despertó un equipo gobernante demasiado parecido al que acababa de ser expulsado del poder, y el 7 asumió el propio general Ramírez. Su presidencia duró apenas ocho meses: en el marco de crecientes presiones norteamericanas para abandonar la neutralidad, era imposible mantenerse en el poder sobre la base de compromisos entre los sectores militares aliadófilos (Storni, Vernengo Lima) y los variopintos partidarios del neutralismo, que incluían desde nazifascistas embozados (Molina, Pistarini) a católicos reaccionarios pero recelosos del anticristianismo nazi (el propio Ramírez, Perlinguer) y a nacionalistas partidarios de una apertura a las masas, como Perón y su amigo y colega Domingo Mercante, quien, por cierto, era hijo de un dirigente del sindicato ferroviario. (Una clara exposición de las diferentes tendencias del nacionalismo de entonces puede leerse aquí).

Los miembros del GOU ocuparon cargos en la segunda línea del gobierno de Ramírez: Perón, que ya había descubierto que la clave para llevar al triunfo el proyecto político del grupo pasaba por ganarse a la clase obrera, se hizo designar Secretario de Trabajo y Previsión Social el 27 de noviembre de 1943.

Fue un cargo que hubo que crear: hasta entonces, la regulación del mundo del trabajo merecía, para el Estado argentino, no más que una Dirección Nacional. Los principales contactos sindicales de Perón provenían del socialismo y terminarían formando parte de su gobierno después de 1946: el dirigente de la Unión Ferroviaria Atilio Bramuglia y el de la Federación de Empelados de Comercio, Ángel Borlenghi.

La obra de Perón en dicho cargo fue notable, dando cumplimiento a muchos reclamos históricos del movimiento obrero argentino: generalización de la indemnización por despido, jubilación para empleados de comercio, Estatuto del Peón de Campo, hospital policlínico para los trabajadores ferroviarios, escuelas técnicas para obreros, prohibición de las agencias de colocaciones, creación de la justicia laboral, sueldo anual complementario, jerarquización de la policía del trabajo, impulso de las negociaciones colectivas entre obreros y empresarios. Justo es decir que el reverso de la moneda de esta política de apoyo a las reivindicaciones del sindicalismo fue la hostilidad oficial hacia los gremios que no se plegaban al acuerdo con el gobierno, generalmente dirigidos por socialistas o comunistas, que acabaron perdiendo la personería gremial. Muchos de esos dirigentes tuvieron que pasar un tiempo en la cárcel.

Paralelamente, Ramírez cayó en febrero de 1944, tras la controversia que desató su aceptación de las presiones de Estados Unidos y la consecuente ruptura de relaciones diplomáticas con Alemania y Japón, y fue remplazado por su vicepresidente, el general Edelmiro Farrell, cercano a las posiciones de Perón. Esta cercanía se expresa una nueva designación: la de Ministro de Guerra, reteniendo el cargo de Secretario de Trabajo y Previsión. (Más tarde sumaría el de Vicepresidente). Perón fue el cerebro de ese gobierno, cuya negativa a plegarse al campo de los Aliados lo llevó al aislamiento internacional, fomentado por unos Estados Unidos sumamente hostiles.

Esa hostilidad llegaría a su punto culminante cuando el fin de la guerra era inminente, en 1945, con la llegada a Buenos Aires de un nuevo embajador, Spruille Braden. Su torpe actuación en contra de Perón durante ese año terminó sirviéndole en bandeja el eslogan perfecto para la victoriosa campaña electoral de febrero de 1946: "Braden o Perón".

 5- El 17 de octubre, visto por opositores

Una reseña básica de los sucesos y significados del 17 de octubre de 1945. "Yo estaba avergonzado e indignado. Eso es, indignado y avergonzado". Jorge Luis Borges, Revista Che, Buenos Aires, 18 de octubre de 1960. Recogido en Jorge Luis Borges: Textos Recobrados 1956-1986.

 "El 17 de octubre salió el pueblo a la calle y produjo un acto de adhesión al coronel Perón. Creyó que las llamadas conquistas sociales corrían peligro de desaparecer y afirmó su derecho a mantenerlas, vivando al coronel Perón. En este apellido la gente joven ve al realizador de un programa social. (…) El pueblo habló, gritó, desfiló, realizó agresiones, llenó de inscripciones las paredes, dijo lo que le parecía justo. (…) Asistimos a la condenación de las manifestaciones populares del 17 y 18 de octubre; observamos que diarios, gremios, instituciones y partidos se empeñan en demostrar que los manifestantes no fueron el pueblo ni los obreros auténticos. (…)

El ciudadano que escribe este artículo, hijo de una inmigrante que trabajó como sirvienta y de un obrero que perdió hace 8 años su vida mientras conducía un carro, declara que en esa multitud que desfiló encontró gente del pueblo. El autor de este artículo se encontró a sí mismo en los niños de zapatillas rotas y mal vestidos; en muchos casos o en todos los que fueron tildados de descamisados. Él también conoció, con sus 5 hermanos, el hacinamiento de una sola habitación y la promiscuidad de los inquilinatos; supo que es carecer de medias, ropas, botines y -alguna vez- comenzó sus estudios secundarios poniéndose los pantalones largos de su padre, un saco ‘rehecho por su madre’, camisa y sombrero usados, provistos por algún generoso vecino". Crisólogo Larralde, dirigente radical bonaerense.

Fuente: Territorio Digital.

 "Cuando en la época de nuestra famosa Unión Democrática, tantos intelectuales de izquierda marchábamos al lado de conservadores como [Antonio] Santamarina y señoras de la sociedad, deberíamos haber sospechado que algo estaba funcionando mal". Ernesto Sábato.

Fuente: Redacción Popular.

"Había dos países en octubre de 1945: el país elegante y simpático con sus intelectuales y su sociedad distinguida sustentada en su clientela ‘romana’ y el país de ‘la corte de los milagros’ que mostró entonces toda su rabia y toda su fuerza. ¡Nueve días que sacudieron al país! ¡Nueve días en que la verdad se desnudó! ¡Nueve días que cierran una época e inauguran otra! (…) Desde luego, el odio no es el único ingrediente del peronismo pero es el fundamental, el cemento que aglutinó a las masas en torno a Perón". Emilio Hardoy, dirigente conservador.

Fuente: Redacción Popular.

"El malón peronista con protección oficial y asesoramiento policial que azotó al país, ha provocado rápidamente – por su gravedad – la exteriorización del repudio popular de todos los sectores de la república en millares de protestas. (…) Se plantea así para los militantes de nuestro partido una serie de tareas que, para mayor claridad, hemos agrupado en dos rangos: higienización democrática y clarificación política. Es decir, por un lado barrer con el peronismo (…). En el primer orden, nuestros camaradas deben organizar y organizarse para la lucha contra el peronismo, hasta su aniquilamiento. Corresponde aquí también, señalar la gran tarea de limpiar las paredes y las calles de nuestras ciudades de las inmundas ‘pintadas’ peronistas. Que no quede barrio o pueblo sin organizar las brigadas de higienización democrática (…) reclamando la acción coordinada y unánime contra el peronismo y sus hordas. Perón es el enemigo número uno del pueblo argentino". Declaración del Partido Comunista argentino, 21 de octubre de 1945.

Fuente: El peronismo: sus causas. Rodolfo Puiggrós.

6- Perón y los Estados Unidos

El economista Mario Rapoport, autor de Estados Unidos y el peronismo, afirma que "en los Estados Unidos no existió una política única hacia Juan Domingo Perón. Por el contrario, siempre convivieron diferentes intereses y sectores en pugna. Fue así desde el comienzo. El primer embajador de los Estados Unidos, Spruille Braden, fue siempre un tenaz opositor del peronismo, pero su sucesor, George Messermith, fue un gran amigo de Perón (…). Braden, en cambió, insistió con su oposición como subsecretario de Asuntos Hemisféricos". Un sector del Departamento de Estado lo consideraba un líder nacionalista latinoamericano, y como tal, una amenaza al predominio norteamericano en su ‘patio trasero’: fue el sector que, en un documento secreto redactado en 1949, recomendaba mantener sobre el país ‘una firme y constante presión (...) sin darles la chance de sentir que la hemos aflojado’". ¡No por nada Perón intentó apoyarse en el Reino Unido entre 1945 y 1950, o diversificar la cartera comercial argentina con su apertura a América Latina, Europa continental y la URSS! La otra línea, más pragmática, siempre evaluó que la prioridad había pasado a ser la lucha contra el comunismo y que, en ese sentido, Perón no sólo no era un rival sino incluso un aliado: fue la línea que se impuso con la llegada al poder de los republicanos en 1953, y que llevó a un progresivo acercamiento que duraría hasta el final del segundo mandato, como lo atestigua su creciente aceptación de la importancia de la inversión extranjera.

Fuentes: "Un documento histórico". Mario Rapoport, Hoy, 14 de abril de 2005. "La puja de EE. UU. con Perón". Damián Nabot y David Cox, Perfil, 16 de diciembre de 2007. "Las negociaciones con Estados Unidos y Gran Bretaña", en Historia General de las Relaciones Exteriores de la Argentina (1806 - 1989) ,dirigida por Andrés Cisneros y Carlos Escudé.

7- Primera y segunda presidencia de Perón, en números

Porcentaje de remuneración del trabajo sobre la renta nacional: 46,7 % en 1945, 61 % en 1952 (máximo histórico), 57,9 % en 1955.

Ingreso per cápita: $ 3173 en 1945, $ 3598 en 1955 (un aumento del 3,5 % anual acumulativo).

Establecimientos industriales: 61.172 en 1943, 166.501 en 1955.

Consumo de petróleo: 3,3 millones de toneladas en 1945, 10 millones de toneladas en 1954.

Producción de petróleo: 3 millones de toneladas en 1945, 4 millones de toneladas en 1954.

Importaciones de petróleo: 270 mil toneladas en 1945, 6 millones de toneladas en 1954.

Exportaciones totales: $ 3947 millones en 1946, $ 4595 millones en 1951.

Importaciones totales: $ 1980 millones en 1946, $ 5714 millones en 1951.

 Inflación: 12,86 % en 1946, 40 % en 1952 (máximo del período), 3,7 % en 1954 (mínimo del período), 12 % en 1955.

Afiliados a los sindicatos: 877 mil en 1946, 2 millones 257 mil en 1954.

Analfabetismo: 13,6 % en 1947, 3 % en 1955.

Presupuesto dedicado a la educación: $ 300 millones en 1946, $ 3 mil millones en 1955.

Estudiantes universitarios: 63.319 en 1943, 374.560 en 1955.

Presupuesto universitario: $ 41 millones en 1943, $ 257 millones en 1955.

Saldos inmigratorios 1945-54: italianos y españoles 532 mil, países limítrofes 110 mil, otros países 112 mil, total 764 mil.

Porcentaje de votos obtenido por la fórmula Perón – Quijano: 54 % en 1946, 62 % en 1951.

Fuentes: De Historia Argentina, tomos XIV "El Justicialismo" y XV "El Antiperonismo". Fermín Chávez. Juan C. Cantoni, Enrique Manson y Jorge Sulé. Datos de política sanitaria según Wikipedia (sitio consultado en abril 2009): 80,1 ‰ de mortalidad infantil en 1943; 66,5 ‰ en 1953. Esperanza de vida al nacer: 61,7 en 1947, 66,5 en 1953. Camas hospitalarias: 66.300 en 1946, 131.440 en 1954. Beneficiarios de agua corriente: 6,5 millones en 1942, 10 millones en 1955. Beneficiarios de servicios cloacales: 4 millones en 1942, 5,5 millones en 1955.

8- Perón, la prensa y la oposición

Más allá de su indiscutible legitimidad democrática y del carácter revolucionario e integrador de su política social y laboral, es imposible eludir el carácter represivo y autoritario del primer peronismo si se quiere hacer un balance equilibrado.

Medios como La Prensa de Buenos Aires, La Nueva Provincia de Bahía Blanca y El Intransigente de Salta fueron coptados por el poder; El Mundo, Democracia, La Razón, Crítica y Noticias Gráficas fueron comprados en forma directa o indirecta por el gobierno; todas las radios eran controladas desde el Estado, a través del todopoderoso y nefasto secretario de Prensa y Difusión, Raúl Apold.

No se permitió que líder opositor alguno se dirigiera por radio a la población sino hasta las postrimerías del régimen, en julio y agosto de 1955, y aún entonces se cuidó de que a cada discurso le siguiera una respuesta de un miembro del oficialismo.

Como la única vía posible para recibir información que no fuera moldeada para servir a los fines del gobierno era la reseña de las discusiones en la Cámara de Diputados que publicaba La Nación, se le retaceó el papel de diario para obligarlo a reducir su espacio.

Las denuncias de torturas a opositores proliferaron durante los años del peronismo: son recordados los casos de Cipriano Reyes, Félix Luna, Carlos Aguirre, Ernesto Bravo, Roque Carranza, Mario Ingalinella.

La afiliación al gremio reconocido oficialmente y al partido gobernante se hizo virtualmente obligatoria para los empleados del Estado. La propaganda oficial se volvió omnipresente y asfixiante, resultando intolerable incluso a partidarios del propio gobierno.

Varios líderes opositores fueron encarcelados o debieron exiliarse en algún momento: Ricardo Balbín, Arturo Frondizi, Moisés Lebensohn, Nicolás Repetto, Ernesto Sammartino, Alfredo Palacios, Federico Pinedo, Oscar Alende, Vicente Solano Lima, Agustín Rodríguez Araya, Reynaldo Pastor.

Los casos de detenciones de militantes fueron numerosos. La posibilidad de que hubiera que emplear la fuerza en algún momento no amilanaba a Perón (algo que conviene tener en cuenta para cuando consideremos su relación con Montoneros y su responsabilidad en la creación de la Triple A).

El 12 de diciembre de 1944, en la casa del directivo de SOFINA Mauro Herlitzka, dijo a un grupo de empresarios: "después de la guerra vendrán situaciones graves en todas partes, y yo me he propuesto darle al Estado argentino el máximo de solidez para que pueda estar a cubierto de todo riesgo. Para esto he creado lo que yo llamo el seguro y el reaseguro. El seguro consiste en lograr una organización sindical para cada gremio (...) bajo la lupa o supervisión del Estado (...). Ahora bien, si alguno o algunos sindicatos llegaran a colocarse frente al Estado y en vez de ser factores de colaboración y de orden fueran instrumentos de rebelión, entonces funcionaría lo que y llamo el reaseguro: cien mil hombres bien adiestrados, bien disciplinados, bien armados, que constituirán nuestro ejército permanente y que tendrán la misión de poner en vereda a todo lo que se alce contra la autoridad del Estado". (Pacho O’Donnell, Historias argentinas).

Justo es decir que el principal responsable del clima de intolerancia vivido en esos años fue el gobierno, pero de ningún modo fue el único: el citado Sammmartino había llegado a calificar a los militantes peronistas de "aluvión zoológico"; el diputado radical Santander consideraba que Peón y Evita eran agentes pagos del nazismo alemán; su correligionario Balbín anunció en un discurso la llegada de la "revolución radical" (lo cual, teniendo en cuenta antecedentes como los de 1890, 1893, 1905, 1931 y 1933, distaba de ser inocente). Y los opositores también recurrieron a la violencia, pero con un distintivo y notable desinterés por la posibilidad de generar víctimas inocentes, como fue el caso del atentado terrorista del 15 de abril de 1953 en Plaza de Mayo (5 muertos y 90 heridos entre los asistentes a un acto de la CGT) o el incalificable bombardeo de la Plaza realizado por la Aviación Naval el 16 de junio de 1955 (364 muertos y 800 heridos). Félix Luna, en Perón y su tiempo. I - La Argentina era una fiesta: 1946-1949, destaca este nivel de intolerancia como algo nuevo en la historia argentina. Esta observación es harto difícil de compartir: la historia argentina desde 1810 a 1945 está escrita en sangre, desde la intermitente (interminable) guerra civil del siglo XIX a las torturas a opositores y la burla a la voluntad mayoritaria de los años anteriores a 1943, pasando por la Campaña al Desierto, las revoluciones radicales, la violenta represión de los movimientos anarquistas y sindicalistas de comienzos del siglo XX, la Semana Trágica de 1919 o las masacres de peones patagónicos de los años ’20. La intolerancia de los años ’40 y ’50, en este contexto, resulta más una continuidad que una ruptura, y preanuncia los desencuentros que culminarían con la masacre de los años ‘70. Una visión interesante y novedosa del proceso de rigidificación del peronismo hacia 1951 es Formación y crisis de una elite dirigente en el peronismo bonaerense 1946-1951, de Oscar H. Aelo.

 9- Los cambios para las mujeres durante el primer peronismo

Más allá de la conquista del voto femenino en 1947, es interesante notar el traspaso de sierva a obrera en la mujer argentina. La misma, la de mil batallas, alzamientos, éxodos interminables o entreveros, que desde una cocina improvisada al descampado ofrecía el mate madrugador o procuraba algo de higiene, y por supuesto, la dueña del generoso desahogo de nuestros centauros y su consecuente maternidad de a millares con o sin paternidad definida. Protagonista anónima de nuestra historia, el siglo veinte le deparaba su lugar en el mundo de las siervas en casas acomodadas de la sociedad porteña.

Esta mujer, la del interior, asumirá con la llegada de Perón un nuevo rol, complejo, extraño, pero relevante desde donde se lo mire. Del patrón que la festejaba con o sin disimulo, dejándole cada tanto algún crío (que terminará directo en el pueblo natal de la muchacha), o de la patrona que la recelaba y dominaba su vida por completo, o del hijo adolescente, que despertaba a su sensualidad con la libertad de un dios olímpico, pasará a la explotación impersonal de la fábrica, con sus horarios, vestimentas y reglamentos.

Era una emancipación notable. Y así, extrañamente, la mujer iría ganando paulatinamente su libertad a costa de arriesgarla en un mundo desconocido, su Mundo Nuevo. La esposa del doctor era cosa del pasado. Y ahora, ganaba dinero. Después de las ocho horas de la fábrica, disponía de su tiempo y de buen "qillay" o "pirapire" en su cartera, como para enfrentarse a una ciudad por cierto atemorizante.

Empezaron a proliferar los salones de belleza, la bisutería, las imitaciones, la marroquinería y el calzado orientados a este nuevo comprador que avanzaba a paso seguro, definiéndose a sí misma a través del consumo y de la dignidad que profiere el dinero bien habido y bien ganado, a diferencia del heredado. Y se produjo el milagro, ya que aquella chinita, podía ser tan coqueta y atractiva como cualquier otra muchacha; es más, ahora también… podía ser rubia, Rubio Evita, con o sin rodete, con su carterita y tacones, bien maquillada, paseando del brazo de algún muchacho bien por Avenida Callao y Santa Fe. Imagínese usted el cuadro y piense si esto le parece una menudencia, o si es otra cosa bien distinta, signos de una profunda transformación social.

10- Perón y los demás

Es por demás llamativo el destino de ostracismo de algunos de las figuras más destacadas del primer gobierno de Perón: tarde o temprano cayeron en desgracia el Ministro de Salud Pública y Asistencia Social, Ramón Carrillo; el Ministro de Relaciones Exteriores, Atilio Bramuglia; el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Domingo Mercante; el presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires, Arturo Jauretche; el diputado John William Cooke y el secretario general de la CGT, Luis Gay. (Otra figura crucial, el zar de la economía peronista, Miguel Miranda, fue destituido por evidencias de corrupción). ¿Perón desconfiaba de cualquier figura que pudiera opacar su liderazgo y prefería rodearse de individuos mediocres y obsecuentes?

El doctor Carlos Seara, médico del Hospital Italiano que guardara la salud de Perón durante sus últimos meses, afirma que el líder del justicialismo "era un tipo distante, un fóbico, un individuo que ponía distancia. No se dejaba ni rozar por la gente de la calle".

El general "mantenía intacta una cortesía proverbial, acompañada siempre de un guiño cómplice en la conversación, puntuada con expresiones simpáticas, campechanas, claro, hacia las personas que buscaba agradar. Para con el resto, mantenía una actitud distante, casi despectiva (...) Además, estaba siempre rodeado de obsecuentes, incluso de gente inteligente, como he visto yo, señores ministros o funcionarios importantes que en presencia de Perón reducían su capacidad intelectual a cero y quedaban anulados al lado suyo.

Había excepciones como el doctor Jorge Taiana, el doctor Domingo Liotta y, sobre todo, el ministro José Ber Gelbard, que siempre me pareció que tenía cierta autonomía personal y no se eclipsaba ante Perón". "Los últimos días del General: la muerte de Perón". Entrevista de Ernesto Castrillón y Luis Casabal a Carlos Seara, La Nación, 16 de noviembre de 2003.

11- Una estampa de Perón

 "Era una época barroca de pagana religiosidad popular. Los dos grandes héroes cívicos constituían, cosa extraña, un matrimonio. Innumerables procesiones, manifestaciones o concentraciones populares, homenajes al Presidente, montañas de flores de agradecidos gremios, campeonatos de fútbol o de sable, de box o de billar, eran ‘brindados’ a Perón o Evita por los triunfadores. Las placas de bronce conmemorativos se acumulaban, en recordatorio de tal o cual ley benéfica. "Raúl Alejandro Apold, Secretario de Prensa, se encontraba al frente de una imponente burocracia de papel. Derramaba sobre la República millones de discursos, reseñas de actos, folletos conmemorativos, fascículos, volúmenes de propaganda o retratos… tal era su profusión, equivalente a los nombres aduladores de estaciones de ferrocarriles, capital de provincia, pueblos, calles o provincias enteras: Provincia Eva Perón, Estación Juan Domingo Perón, calle Eva Perón, Ciudad Evita. La nomenclatura era abrumadora. Perón recibía este diluvio impreso con la más perfecta naturalidad y con una sonrisa cautivante. Siempre era locuaz, muchas veces, demasiado. Tenía algo de picardía criolla, con una pizca de compadre y un perpetuo guiño de complicidad en un ojo comprensivo. En sus discursos se permitía contar algún cuento de Discépolo ante la multitud. Otras veces, en un rapto de furor, como ocurrió después del atentado con bombas homicidas en la Plaza de Mayo el 1° de mayo de 1953, cerró el acto con las palabras de Marx: ‘Trabajadores del mundo, uníos’. Agudo y también vulgar, rápido para capturar una buena idea al vuelo y hacerla suya, osado y prudente a la vez, tenía a su lado otra criatura impar. Era preciso admitir que se movían ante el vasto público dos actores que se ‘sobreactuaban’ y se disputaban la escena. Era la victoria a dos voces. Parecía repetirse aquí la ocurrencia de Jean Cocteau: ‘Víctor Hugo era un loco que se creía Víctor Hugo’".

Fuente: La era del peronismo 1943–1989, Jorge Abelardo Ramos. (Primera parte).
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