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TUCÍDIDES VIENE EN NUESTRA AYUDA

Historiadores argentinos sostienen que las batallas por la emancipación son parte de las guerras civiles en América del sur y que el agujero negro de nuestra historia es el período que va desde las invasiones inglesas hasta el combate de Pavón, que abriría paso a Buenos Aires y a Bartolomé Mitre, quien "canonizó héroes y desplazó réprobos” en su visión personal de hechos y personajes. Un nuevo enfoque que también ayuda a comprender las incapacidades de hoy. Y, de paso, algunas referencias de cómo se trata en la Argentina a los libros y a los documentos.

Por Armando Vidal

 "La pérdida de libros en todo el mundo es grande pero en la Argentina es patética", lamentó Joaquín E. Meabe, un historiador correntino surgido del siglo de Pericles en Grecia, según se desprende de lo que dice de él con cálida admiración su colega y amigo porteño Eduardo R. Saguier, otro investigador de la escuela de Tucídides.

Meabe, un helenista con amplio dominio del griego y Saguier, batallador de justas causas, junto con dos colegas y también profesores, Arnaldo Cunietti Ferrando y Mario Tesler- presentaron en público la primera reunión de trabajo del recién fundado Círculo de Estudios Tucididianos.

 

Fue en el Museo Roca, en la noche del 11 de agosto, sin que ni el frío ni una llovizna brumosa que en el juego de las luces y sombras de la calle Vicente López embellecían los mausoleos de La Recoleta, desanimara a quienes enfrentaron el desafío y fueron a ver de qué se trataba.

Un encuentro entre una nueva mirada sobre nuestra historia que ayuda a comprender viejas desinteligencias de hoy y, como derivación, el desprecio a la estimación documental y a los libros que la transmiten hacia otros tiempos.

Quizás ello podría extenderse a los historiadores.

Esa idea del Círculo promovida por Meabe y Saguier incluyó en su bautismo el abrazo en la memoria con dos maestros a quienes se rindió homenaje: Enrique De Gandía (1892/1959) y Vicente Cutolo (1922/05), ponderados por la rigurosidad de sus trabajos.

Meabe, asumido como gran devoto de Tucídides, a quien considera un modelo para explicar el pasado, anticipó que el portal del CET tendrá cinco mil volúmenes digitalizados PDF, aporte a un cometido inspirado en la necesidad de extraer enseñanzas del pasado. "Enseñanzas para ser mejores", sintetizó.

Saguier se ocupó de explicar la razón del arduo camino. El autor de la valiosa Genealogía de la tragedia argentina (1600-1900) puntualizó que entre las invasiones inglesas (1806/7) y la batalla de Pavón (1861) se halla "el agujero negro de nuestra historia".

Y para reafirmar el concepto agregó que la guerra por la Independencia también fue una guerra civil, donde como capítulo inaugural de la Argentina, Bartolomé Mitre, en el papel de historiador, "canonizó héroes y desplazó réprobos".

Demostrar, esclarecer y desmitificar podrían emplearse para definir la tarea que se emprende.

Un cometido para el cual -y no por casualidad- Saguier mencionó expresamente al historiador uruguayo Guillermo Vázquez Franco, de quien dijeron -lo dijeron esa noche sus colegas- prefiere que lo llamen oriental, como un argentino de aquella orilla, antes y después del nacimiento del Uruguay.

Vázquez Franco pregona, que la historia del Uruguay, su lugar en el mundo, no es otra cosa que la justificación de un Estado que debió seguir siendo parte de la gran nación donde todos eran argentinos, comenzando por Artigas.

Guerras de la Independencia y guerras civiles como factores estas últimas de un significado histórico mayor puesto que los contendientes se enfrentaban en unas y otras.

Un ejemplo es Ayacucho, la última batalla por la emancipación, 1824, que se produce en el Altoperú, tras la cual meses después nace Bolivia.

En ella, los españoles en el ejército realista de 7000 combatientes eran sólo 700, lo cual ilustra lo que explicaba Saguier y antes Meabe (la referencia la hizo otro profesor desde la platea).

Las palabras de Meabe con la evocación de Gandía y su obra tuvieron el mismo sentido que dio motivo a la creación del CET: rescatar el aporte de quien, definió, como "el gran historiador tucididiano" .

Un trabajo, dijo, realizado con erudición, precisión y objetividad.

Destacó un notable rasgo del gran maestro: no haber estudiado en la universidad, ni en la escuela.. "Fue un autodidacta completo", dijo Meabe, quien luego pasó revista a algunos de los aportes.

Por ejemplo, remarcó, el modo en que demostró al estudiar a Mariano Moreno la autenticidad del Plan de Operaciones (descubierto por el mitrista Eduardo Madero en el Archivo de Indias) y desconsiderado premeditadamente por Mitre, con lo cual demostró el equívoco en que había incurrido su maestro Ricardo Levene al haber afirmado lo contrario.

Dijo que con Gandía toma forma la revisión del relato histórico y ponderó como monumental la investigación sobre el antagonismo transformado en guerra civil que atraviesa las primeras seis décadas del siglo XIX .

Meabe elogió a Gandía porque "hace hablar a los documentos" con su inteligencia para captar a fondo el sentido que tenían, tarea realizada en una línea que nunca tuvo desbordes y fue ajena por completo a todo exceso, subrayó.

Cunietti-Ferrando y Tesler hablaron después sobre ese historiador de contrastante modestia personal y riqueza productiva: Cutolo, el hijo del peluquero italiano de Caballito, el que de niño tenía oídos atentos a los relatos de espera, incluso, dijeron, de algún veterano ex guerrero del Paraguay.

Abogado y doctor en jurisprudencia, que trabajaba en el Instituto de Servicios Sociales Bancarios y era docente en varias universidades, también tuvo, además de Raúl Molina, a Levene como maestro pero admitía una influencia mayor de parte del padre Guillermo Furlong.

Autor del colosal Nuevo Diccionario Biográfico Argentino (1750/1930) de siete tomos, aparecidos entre 1968 y 1985, del Novísimo Diccionario...que comprende de 1930 a 1980, publicado un año antes de su muerte y del Buenos Aires: historias de las calles y sus nombres de más de dos mil páginas en dos volúmenes, Cutolo fue miembro de las Academias de Historia de Bolivia, México y Paraguay, así como de la Academia del Lunfardo.

Publicó numerosos trabajos más, puso el cuerpo a su tarea y confeccionó de puño y letra miles de fichas en sus visitas a los archivos y hasta generó un libro inspirado por su gato llamado Chatrán y su mundo astral.

Tesler informó que en los 20 tomos de Mayo documental, editado por el Senado de la Nación en 1960, donde tuvo una activa participación, ni siquiera aparece su nombre.

No fue lo único que no apareció: también un libro con el índice producto de su esfuerzo.

 " Fue un hombre de perfil bajo, callado y austero" dijo Cunietti. "Un hombre que nunca dejó de trabajar, ni siquiera después de jubilado" añadió Tesler.

Ese hombre, que murió a los 83 años, dejó un legado que, además de propiedades inmobiliarias, tenía libros y un material histórico invalorable, todo lo cual quedó en manos del portero del edificio, que nadie sabe qué hizo con ese tesoro documental.

Que no se enojen los porteros por la referencia porque Maebe aportó en ese tramo final de la reunión que los 12 mil volúmenes de la biblioteca del historiador santafecino José Luis Busaniche fueron tirados como estorbo en tiempos de Onganía por un decano de una universidad del Litoral.

Quizás por esta vía algunos se enteren ahora que esa otra colección había sido comprada por el Congreso de la Nación y donada para ser preservada.

"En 1812 -añadiö-, un obispo de Corrientes quemó la edición de Mariano Moreno del Contrato Social".

Fue allí que, convencido de que entre viejos luchadores no hay desánimo posible, Maebe dijo: "La pérdida de libros en todo el mundo es grande pero en la Argentina es patética".

Historias mal contadas, historias mal interpretadas, libros perdidos para siempre.

Menos mal que ahora, año inaugural del Bicentenario, Tucídides viene en nuestra ayuda.