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1975 ANIQUILACION, 1976 GOLPE Y 1983 DERROTA DEL PJ

Con mucho por saber todavía acerca del golpe militar del 24 de marzo de 1976, en particular en lo que a la participación civil refiere,  vaya esta referencia a como el peronismo perdió el gobierno en 1976 luego de los decretos referidos a la aniquilación de la guerrilla, un año antes y de como, ocho  después, Italo Argentino Luder, quien los había firmado, perdió las elecciones por querer convalidar la autoamnistía. 

Por Armando Vidal

A treinta y cinco años del golpe, un jueves, que el gobierno de Néstor Kirchner transformó en un feriado cuando debió haber sido lo contrario –más trabajo, más estudio, más evocación- asoma igual el notorio contraste entre lo que hizo una versión del peronismo tras la muerte del presidente Juan Domingo Perón, en 1974, con lo que hizo otra versión del peronismo casi treinta años después.

En 2003, Kirchner sorprendió con la profundización de una política sobre los derechos humanos a partir de la anulación de las leyes de punto final y de obediencia debida que habían bloqueado la posibilidad de juzgar y condenar a los responsables

subalternos de los crímenes atroces y aberrantes cometidos durante la dictadura.

Para muchos pareció una exageración, el traspaso de una línea invisible que imponía dejar todo como había quedado luego de la derogación de esas mismas leyes, tres años antes, un gesto simbólico pero inútil para hacer justicia porque los efectos de esas normas seguían amparando a sus beneficiados.

La luz en el rostro de Néstor Kirchner a la hora de las decisiones exhibía una seriedad alejada del que tenía a la hora de las travesuras porque, se sabe, Néstor solía soltar al chico que llevaba adentro. Otros rostros lo precedían en esa larga galería de sombras como los de María Estela Martínez de Perón, la viuda que se dejó llevar por el influyente José López Rega, un enajenado que fue ministro y antes un poderoso controlador de la cara oculta del mismo Perón, a la hora que Perón necesitaba pastillas e inyecciones.

Quien quiera saber la magnitud de la gravitación de López Rega sobre el líder peronista que le pregunte al ex canciller Jorge Taiana porque habrá escuchado cientos de veces lo que contaba su querido padre, ministro y médico de Perón.

Hay otro rostro que para extraer desde el olvido al que lo fue llevando la historia y una enfermedad que le robó de a poco su memoria hasta matarlo: Italo Argentino Luder, distinguido senador nacional peronista en 1976 y, en esa condición, como presidente provisional de la Cámara, un vicepresidente de hecho en reemplazo de Isabel, incluyendo un largo período por razones de comprensibles enfermedades de la jefa de Estado.

Luder era un hombre honesto, conservador de origen, de suaves formas y enemigo de alteraciones drásticas en política y, menos aún, violentas.

Se opuso en todo momento –sin hablar públicamente de la cuestión- a ser la alternativa institucional como resultado de un juicio político por incapacidad a la presidente que venía impulsando en vano la diputada jujeña Cristina Guzmán.

En 1975, incluso antes que presiones sindicales encabezadas por la UOM de Lorenzo Miguel y, además, sectores militares, terminaran echando del gobierno y del país a López Rega, la situación era de extrema tensión en el Congreso, que es el lugar donde se concentra la mayor información sobre el clima político.

Las organizaciones armadas estaban en acción y el ERP había devuelto a la práctica subversiva el ejercicio de la guerrilla rural desarrollando su cometido en la selva tucumana lo que dio lugar a la salvaje represión del general Acdel Vilas en el llamado Operativo Independencia. Monteros, por las suyas, atacó un cuartel en Formosa y mata a soldados conscriptos en una muestra de la profunda confusión en la que se hallaba su dirigencia responsable comenzando por Mario Firmenich.

En ese marco se produjeron los decretos presidenciales que llevan la firma de Luder para “aniquilar” a la subversión, un término de uso militar y de unívoca interpretación por parte de los comandos operativos.

Nada de todas maneras evitó el golpe del 24 de marzo de 1976, que llegaba precedido en el gobierno de Isabel por los trabajos de ajuste de la economía del ministro Celestino Rodrigo y en la lucha contra la guerrilla y todo lo que pudiera ser protesta social por los crímenes de la Triple A alentada por López Rega y cobijada –paradoja argentina- en su ministerio de Bienestar Social.

Como consecuencia, el 24 de marzo llegó con los tanques Jorge Rafael Videla a la presidencia y el 2 de abril, día de su anunciado plan, José Alfredo Martínez de Hoz a la cartera de Economía.

Siete años después de años de muerte y expoliación, con 30 mil desaparecidos y una deuda externa que postraría a varias generaciones, se abrió el camino a la democracia tras la derrota militar en Malvinas.

* La derrota

En 1983, el candidato peronista fue Luder, quien reivindicó para ser coherente con su propia historia la validez de la autoamnistía que se habían dado los dictadores para cubrir la retirada del gobierno y que incluía también a la guerrilla que, a esos efectos, oficiaba de alterega.

Luder perdió las elecciones, primera derrota electoral del peronismo en su historia.

Venció el radical Raúl Alfonsín quien, en contraste, sostuvo en su campaña la necesidad de juzgar a los responsables de la dictadura. Ganó y cumplió. Pero no alcanzó para satisfacer al Congreso que modificó el proyecto aprobado en Diputados sobre el Código Militar, que ya no existe, para hacerlo extensivo a todos los que hubieran cometido hechos atroces y aberrantes.

Así procedería la Justicia que convalidaría todo con el fallo final de la Corte.

Luego vinieron las leyes de la impunidad (punto final, diciembre 1986) y de obediencia debida (junio 1987) y, como ya se dijo, la derogación y anulación de ambas (2000 y 2003, respectivamente).

Hoy los dictadores están viejos, enfermos y presos y siguen los juicios a otros asesinos. Han pasado tres décadas y media y no todo está juzgado.

Que tenga suerte Vicente Muleiro, con su libro 1976, El golpe civil (Planeta, 2011), que habrá que leer.