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JUAN DOMINGO PERÓN Y RICARDO BALBÍIN

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PERÓN, RETORNO Y EL ABRAZO CON BALBÍN

El retorno de Perón que puso fin a su exilio, el cariño de su pueblo y el abrazo con Balbín, el líder radical que eludió sacar provecho electoral del gorilismo, son parte de un capítulo que cumple cuarenta  años.

Por Armando Vidal (*)

El 17 de noviembre de 1972, Juan Domingo Perón volvió a pisar suelo argentino. Un hecho que trascendió la importancia de la decisión que lo precipitaba,

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EL ABRAZO USADO

Por utilizar en su 36º aniversario el abrazo de Perón-Balbín para consumar un ataque al gobierno de Néstor Kirchner, el oficialismo faltó a la cita. Lo promovió el ex menemista Juan Carlos Romero y se sumó el radical Gerardo Morales. El texto que sigue no aclara las confusiones.

La total ausencia de dirigentes kirchneristas en la conmemoración del 36 aniversario del abrazo de Juan Domingo Perón y Ricardo Balbín, en un acto de signo opositor al gobierno nacional, con permanentes reclamos de mayor diálogo, tolerancia y exhortaciones a una mejor calidad institucional.

El vicepresidente a cargo del Poder Ejecutivo, Julio Cobos, afirmó que "se avecinan tiempos complicados" en los que la sociedad "está requiriendo que logremos acuerdos políticos entre los partidos". El acto había sido aprobado por el voto unánime de la Cámara de Senadores, y el proyecto había contado con el patrocinio de 25 legisladores, pero no hubo representación del oficialismo de ninguna de las cámaras del Congreso, ni adhesiones del Partido Justicialista que encabeza el ex presidente Néstor Kirchner. Aludieron al acontecimiento que reunió a Perón y Balbín el 19 de noviembre de 1972, además de Cobos, el titular del radicalismo Gerardo Morales y el justicialista, vicepresidente de Senadores, Juan Carlos Romero.

El homenaje se realizó en el Salón Azul del Congreso nacional y participaron los ex presidentes Adolfo Rodríguez Saá y Ramón Puerta y enviaron adhesiones María Estela Martínez de Perón, Raúl Alfonsín, Carlos Menem y Eduardo Duhalde, y estuvieron presentes el diputado Felipe Solá, que acaba retirarse del bloque oficialista de Diputados, el gobernador Alberto Rodríguez Saá, los senadores Hilda Gonzalez de Duhalde y Carlos Reutemann.

Por el radicalismo estuvieron el Ernesto Sanz, Antonio Berhongaray, Raúl Baglini, Carlos Maestro, Mario Losada, Rafael Pascual y los justicialistas Eduardo Menem, Liliana Gurdulich; José Bordón, Jorge Asís, Lorenzo Pepe y Miguel Angel Toma.

Cobos afirmó que el abrazo de Perón y Balbín fue la expresión "de dos gigantes de la política que con sus visiones trazaron la historia de nuestro país", y que "comprendieron que de la experiencia y de los errores hay que sacar conclusiones positivas y valederas para el futuro". "Se avecinan tiempos complicados en que la sociedad argentina está requiriendo que logremos acuerdos entre los partidos para alcanzar una política que nos permita proyectar un país de largo plazo", al tiempo que expresó que "la ciudadanía quiere que los partidos políticos vuelvan a recuperar ese rol de intermediarios entre el gobierno y de ellos" pero "sin mezquindades".

Por su parte, Morales opinó que el abrazo de los dirigentes "sintetizan la necesidad histórica de dejar de lado los desencuentros" entre los partidos y "la importancia del dialogo y la tolerancia". El titular del radicalismo afirmó que los partidos deberán enfrentar varios "desafíos" en el futuro y citó la recuperación de la política y de los partidos políticos, la mejora de la calidad institucional y afianzamiento del sistema de división de poderes y la lucha por la libertad, la igualdad, la educación y contra la pobreza, por la producción y el trabajo".

A su vez Romero, autor de la iniciativa, expresó que el acontecimiento de 1972 "demostró que el diálogo y la tolerancia estaban por encima de las diferencia ideológicas o personales" y afirmó que ambos dirigentes "sostuvieron la necesidad de la unidad nacional".

Volanta, título y bajada: Acto en el Senado/ Sólo la oposición recordó el abrazo Perón-Balbín/ Kirchner ordenó a su tropa no asistir y ni siquiera permitió una adhesión del PJK, aunque estaba Perón de por medio. Hablaron Cobos, Morales y Juan Carlos Romero.

Fuente: Perfil, 19/11/08, que cita a la vez como fuente a la agencia DYN

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EL HOMBRE DEL SIGLO

Este artículo es un cuadro de pie de Juan Domingo Perón al cumplirse los treinta años de su muerte. Aporte de un periodista que sostiene sus opiniones con su propia conducta de vida,  es por lo menos una de las mejores piezas que, por su síntesis y precisión, se hayan escrito sobre el tres veces presidente de los argentinos. Por ello, una recomendable lectura, en especial para las nuevas generaciones.

Por Carlos Eichelbaum

Solía ofrecer una explicación del fenómeno simple y contundente, mil veces repetida en su estilo refranero. También en su estilo daba una explicación incompleta: "No es que nosotros seamos buenos, es que los que vinieron después fueron peores".

Hubo bastante más que eso en el proceso por el cual Juan Domingo Perón, un coronel del Ejército con pasado reiteradamente golpista (1930 y 1943), con formación y experiencia política marcadamente elitista, se convirtió en el más importante, más duradero líder popular, líder de masas, de la historia argentina.

Cuando hace justo 30 años, el 1° de julio de 1974, Perón moría, la Argentina entraba por eso, con eso, en otra etapa, presentida en el sentimiento de orfandad, de angustia de casi toda la sociedad.

También había cambiado la historia, unos 30 años antes, el 17 de octubre de 1945, con su consagración como líder popular.

Ese 1° de julio del 74 se sobrecogían y lo lloraban casi todos: Los trabajadores, que lo habían acompañado desde el principio y habían aprendido de él, y le habían enseñado —en un proceso dialéctico de libro por la magnitud de sus contradicciones internas-, cómo se democratiza una sociedad periférica, cómo se hace más justa y autónoma a través de la generación de poder popular consciente. También muchos de los que lo habían odiado y combatido, y casi todos sus hijos.

Y lo lloraban todavía más sobrecogidos los que sabían que esa muerte era una confirmación definitiva del enfrentamiento implacable de dos bandos que invocaban su nombre y su herencia política.

Para alcanzar esa dimensión, para encarnar bisagras en la historia, Perón había recorrido un largo camino desde su nacimiento, en 1895, en Lobos, según la historia oficial. O en 1893, en la vecina Roque Pérez, como hijo natural de Tomás Perón y la india tehuelche Juana Sosa, según una investigación bastante contundente de Hipólito Barreiro.

Hasta 1941, fecha de su retorno de una misión oficial de dos años en la Italia fascista, su relación con la política extracastrense sólo había sido circunstancial.

Según su propia confesión, se había identificado como casi todos los oficiales de Ejército con el golpe con el que el general José Evaristo Uriburu derrocó en 1930 a Hipólito Yrigoyen, el mismo Yrigoyen al que después reivindicaría como la expresión del antecedente político más próximo al de su propio modelo de país. Incluso llegó a ser durante unos meses secretario privado del general Francisco Medina, el ministro de Guerra de Uriburu.

Pero en la Argentina del 41, con una Segunda Guerra de suerte todavía indefinida como contexto global y en los estertores de la "Década Infame", como contexto nacional, el tema del poder era el único que importaba, el único que se imponía.

El aplicado alumno del estratega alemán Carl von Clausewitz entendió que en la Argentina, en medio de la guerra, era hora de volver a la política por sus propios medios, por sus medios naturales. Ya, para entonces, las resistencias argentinas a las presiones aliadas para que se involucrara en la guerra habían frenado la llegada al país de productos industriales europeos, sobre todo británicos.

Una buena cantidad de talleres empezaban a crecer en tamaño y desarrollo como pequeñas unidades industriales en el proceso de sustitución de importaciones. Con ellos, crecía un nuevo proletariado nativo, en buena medida conformado por el "ejército de reserva", los desocupados y excluidos de la década anterior. La dinámica de la política superestructural estaba muy lejos de poder contener y expresar las nuevas realidades sociales. Conservadores y radicales alvearistas manejaban los poderes del Estado a través de componendas y fraudes "patrióticos", como salvaguarda institucional de los intereses de la Argentina tradicional, la de la producción primaria y las exportaciones agrícolas.

Perón fue uno de los argentinos que mejor entendió la etapa, que mejor "cabalgó la historia", según su propia definición de la esencia de la política. Una definición equívoca que está en el origen de la posterior emergencia de varios peronismos definitivamente antagónicos entre ellos. Un peronismo revolucionario —Evita, John William Cooke, Gustavo Rearte, la CGT de los Argentinos, las organizaciones peronistas armadas y de base- para el que Perón, como un jinete en pleno control, cabalgaba la historia para modificarla, y otro peronismo adaptativo —el vandorismo, el menemismo, el actual aparato del PJ- para el cual cabalgar la historia quiere decir estar siempre arriba de ella, en el lugar del poder.

En los comienzos de la década del 40, Perón cabalgó la historia primero a través de la formación de una logia militar, el Grupo de Oficiales Unidos, GOU, con el que participó de la preparación del golpe del 4 de junio de 1943 que frenó la elección como presidente del estanciero salteño pro británico Robustiano Patrón Costas.

Después, y para sorpresa y tal vez satisfacción de muchos de sus compañeros de logia, con una visión típica del nacionalismo oligárquico de los militares argentinos, a través del ejercicio de un cargo considerado menor, casi puramente burocrático: el Departamento Nacional del Trabajo.

Desde allí, Perón construyó lo que sería su base fundamental de apoyo social, los trabajadores organizados y, en aquel proceso dialéctico, generó también una identidad política y de lucha de la clase obrera argentina que la expresó por décadas y explicó a la vez casi todas sus mejores conquistas y algunos de sus peores fracasos. Cuando las distintas visiones sobre el sentido de la "revolución" del 43 hicieron estragos entre sus máximos dirigentes, Perón surgió como la encarnación hegemónica, la "necesaria" para esa etapa de la Argentina y su particular conformación social desde sus actividades en el Departamento, ya convertido en Secretaría de Trabajo y Previsión. Desde esa tarea, desde su relación con los trabajadores, nació el 17 de octubre de 1945, su entronización como líder nacional de masas.

Antes, a Perón le había cambiado su propia historia: conoció y se enamoró de Eva Duarte, destinada a encarnar el costado más clasista y radical del primer peronismo en vida, y como bandera después de su rápida muerte, el 26 de julio de 1952. Los casi 10 años de los dos primeros gobiernos de Perón, a través de una gestión con algunos rasgos autoritarios, fueron los parteros de la sociedad más democrática de América latina, en términos de distribución del ingreso, integración y movilidad social y reparto social de los espacios de representación y poder institucional.

Una organización social que sólo pudo revertir el trabajo -sangriento en muchos de sus tramos- acumulado de varias dictaduras militares y de algunos gobiernos constitucionales, con especial éxito, en este caso, de uno surgido del Partido Justicialista, el de Carlos Menem.

Lo que vino después del golpe que lo derrocó el 16 de setiembre de 1955 fue el inicio de los intentos de terminar con "el hecho maldito del país burgués", según una de las caracterizaciones del fenómeno peronista imaginada por Cooke. Esos intentos fortalecieron la aparición de un nuevo peronismo, el de la Resistencia, con sus procesos de radicalización ideológica y en los métodos de lucha, una realidad acompañada por Perón, desde el exilio, con un replanteo de la naturaleza de su liderazgo.

Fueron los años, 18, en los que forjó progresivamente la imagen y el discurso de un líder revolucionario.

Su retorno al país, en noviembre de 1972, fue posible en gran medida por la lucha de los sectores revolucionarios del peronismo, con métodos bien diversificados que incluyeron una respuesta a la militarización de la política -otra vuelta de tuerca para el discípulo de Clausewitz- impuesta por los regímenes militares y sus estrategias represivas.

Pero el Perón ya anciano de su último y breve gobierno no era un líder socialista. Aunque el 12 de junio de 1974, en aquella última aparición pública en la Plaza de Mayo, previa a su muerte, demostró que tampoco era el líder de una entente empresario-sindical a la que expresamente desautorizó como su pretendida heredera.

Volanta, título y bajada : El hombre que marcó el siglo XX / El perfil de un líder / Un jinete que supo cabalgar la historia de los argentinos. Sus orígenes, su formación, sus convicciones, su relación con el poder y con las masas. El estilo de un hombre contradictorio y decisivo que definió el destino de la política y del país.

Fuente: Clarín, 1/7/04

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CITA SECRETA DE PERÓN Y BALBÍN

En julio de 2004, Néstor Kirchner promulgó la ley que le puso el nombre de Ricardo Balbín a la autopista Buenos Aires-La Plata y habló en un acto en el que reivindicó a los partidos políticos. En ese contexto se publicó esta nota de una cita clave y reservada en el Congreso de la Nación. 

Por Armando Vidal

Cuando el 17 de noviembre de 1972, Juan Domingo Perón volvió por primera vez al país, cuatro días después, Ricardo Balbín tuvo que saltar una tapia para conversar con él en la residencia de Gaspar Campos. Esa fue la primera parte de un acuerdo histórico por el cual el radicalismo se abstenía de ser la "opción gorila" en la elección del 11 de marzo del 73 en la que triunfaría Héctor J. Cámpora.

Cuando el 20 de junio de ese año Perón volvió definitivamente al país —en la tarde del baño de sangre en Ezeiza—, días después fue a verlo a Balbín a la Cámara de Diputados, lugar elegido por el líder radical. Fue la segunda parte del diálogo entre dos hombres que habían sido exponentes de una honda división social sobre la que, en 1955, se sustentaría el sangriento golpe de la llamada Revolución Libertadora.

El puente para concretar la reunión fue Antonio Tróccoli, titular del bloque radical, quien mantenía una estrecha relación con Raúl Lastiri, presidente de la Cámara de Diputados.

Fue el domingo 24 de junio, pero no en la casa de Tróccoli —como quería y estaba muy dispuesto el viejo general—, sino en el bloque del tercer piso de la Cámara de Diputados, que entonces ocupaban los radicales.

Todos fueron puntuales en ese encuentro de carácter reservado, que tomaría estado público mucho después. En una jornada sin personal en la Cámara, Perón subió por el ascensor más cercano a la sala de periodistas y se encontró en la puerta del bloque con Balbín, mientras Lastiri y Tróccoli lo esperaban en la calle sin saber que se habían cruzado en el camino.

Estuvieron a solas durante más de una hora, tras lo cual todos —entre ellos Enrique Vanoli, secretario de Balbín, y el recién fallecido Alberto Rocamora, entonces secretario parlamentario— bajaron a compartir un refrigerio. Perón aprovechó para una de sus habituales visitas al baño, acompañado por Raúl Lastiri, hijo, hoy veterano empleado del Congreso.

"No se habló de colaboración en el gobierno", declaró después Balbín, interesado en preservar una cauta distancia del peronismo, aunque no de Perón.

 Esta estrecha relación motivó especula ciones en torno de un eventual entendimiento electoral entre ambos que sólo quedó en eso. Balbín había sido un duro exponente de la oposición y salvo su destacado paso por la Cámara de Diputados —desde donde en 1949 salió sin fueros y fue a parar la cárcel— no ocupó otro cargo público. Su importancia histórica residió en haber puesto fin a la hora de la intolerancia en la Argentina, a costa de cualquier sacrificio personal.

"No más antiperonismo", había dicho Balbín más de una vez en su partido, donde gravitaban célebres antiperonistas como Arturo Mathov.

Por eso, hoy Balbín es un ícono en el santuario de todo peronista que recuerde con emoción aquellas palabras pronunciadas con la mano sobre el féretro de Perón: "Este viejo adversario, despide a un amigo".

Volanta y título: El encuentro de Balbín y Perón en el Congreso, en junio de 1973/ Aquella cita secreta con el General 

Fuente: Clarín, 30/7/10.

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EL QUE PIERDE AYUDA

Ricardo Balbín fue uno de los grandes líderes de la UCR, cuya vida política es parte destacada de la historia del siglo XX en la Argentina. Aquí, el autor asegura que Perón había convocado a Balbín -quien rehusó- a un entendimiento previo a los hechos que desembocarían en el 17 de octubre. Luego vendrían las luchas y la cárcel para Balbín, la profunda división entre lperonistass y radicales, los golpes militares y, al final, el abrazo de los dos viejos ex contendientes. 

Por Felipe Pigna

Ricardo Balbín nació en Buenos Aires el 29 de julio de 1904. Su padre, Cipriano Balbín era encargado del coche comedor del Ferrocarril del Sud, lo que impedía que la familia tuviera un lugar fijo de residencia. Cuando Ricardo tenía cinco años, su madre, doña Encarnación Morales, enfermó gravemente y debió trasladarse a España para realizar un prolongado tratamiento.

En 1916, tras completar la escuela primaria en Ayacucho, provincia de Buenos Aires, se traslada a la Capital Federal. Asiste a la asunción de Yrigoyen y queda profundamente impresionado por la multitud que festeja la llegada al gobierno del primer presidente constitucional elegido sin fraude gracias a la recientemente sancionada Ley Sáenz Peña. Por esos años cursa sus estudios secundarios en el Colegio San José, donde se graduará con diploma de honor.

En 1921 se inscribe en la Facultad de Medicina y conoce a Arturo Illia, quien lo pone en contacto con los jóvenes radicales. Pero a poco de comenzar la carrera, debe abandonarla por la mala situación económica familiar. En 1922, se muda a La Plata donde obtiene su libreta cívica y se afilia a la Unión Cívica Radical.

Su nueva residencia en una ciudad con un movimiento estudiantil tan dinámico influye en un aumento de su compromiso político y lo decide a cambiar su vocación y a inscribirse en 1924 en la Facultad de Derecho de la que pronto será delegado ante la Federación Universitaria de La Plata.

* La política aborbió su profesión

Tras una breve y brillante carrera obtiene, en 1927, el título de abogado pero en pocas ocasiones ejercerá la profesión ya que se dedicará de lleno a la actividad política. En uno de sus constantes viajes de La Plata a Buenos Aires, conoce a Indalia Ponzetti, una joven maestra de Lanús que se transformará en la compañera de toda su vida y le dará tres hijos, Lía Elena, Osvaldo y Enrique.

En 1928, Yrigoyen llega nuevamente al poder venciendo al sector alvearista del radicalismo por una abrumadora mayoría de votos. Esta segunda presidencia del caudillo estuvo marcada por los conflictos en las provincias, muchas de ellas en manos conservadoras, y las intervenciones federales decididas por el poder central. Al decretarse la intervención a la provincia de Mendoza, Ricardo Balbín es designado fiscal del crimen.

Tras una breve residencia en la ciudad cuyana, regresa a Buenos Aires y concentra sus tares en el comité provincial de la UCR ubicado entonces en la calle Moreno entre Matheu y Alberti. Desde allí irá consolidando su posición en el partido y tejiendo alianzas con correligionarios de los distintos pueblos y ciudades bonaerenses que lo llevan a ser electo presidente de la primera sección electoral en La Plata.

El golpe del 6 de septiembre de 1930 derroca a Hipólito Yrigoyen e instala la dictadura de José Félix Uriburu. El nuevo gobierno convoca a comienzos de 1931 a elecciones en la provincia de Buenos Aires, donde, para sorpresa de Uriburu, triunfa el candidato radical Honorio Pueyrredón. Balbín es electo diputado provincial. Pero las elecciones son anuladas por la dictadura. En 1932, tras su fracaso electoral y sin apoyos serios a su plan de reforma constitucional, Uriburu renuncia y convoca a elecciones. Triunfa la fórmula Agustín P. Justo-Julio A. Roca (hijo).

El nuevo gobierno expresaba fielmente los intereses de los sectores más concentrados de la oligarquía agroexportadora e implanta nuevamente el fraude electoral al que denominan patriótico porque evitaba según sus propias palabras, el retorno de la chusma al gobierno del país.

* Muere Yrigoyen

 En julio de 1933, muere Yrigoyen y su multitudinario entierro es un lugar de encuentro de los radicales que ratifican su voluntad intransigente de no participar en elecciones fraudulentas, siguiendo los preceptos del fundador del partido Leandro Alem. Pero la UCR, bajo la conducción de Marcelo T de Alvear, abandona en 1934 la abstención y decide participar en las elecciones convocadas por el régimen.

En 1938, es electo presidente Roberto Ortiz, un radical alvearista que intenta erradicar el fraude electoral gracias al cual había llegado a la presidencia. El 25 de febrero de 1940, se producen las elecciones legislativas en la provincia de Buenos Aires, gobernada por el conservador Manuel Fresco.

Fresco que ostentaba en su despacho de La Plata los retratos de Hitler y Mussolini, era un importante gestor y artífice del fraude en el principal distrito electoral del país. Ricardo Balbín era candidato a primer diputado y había prometido que, de ser electo en elecciones en las que se hubiera practicado el fraude, renunciaría de inmediato a su banca. El fraude fue escandaloso y Balbín renunció.

La magnitud del fraude llevó al presidente Ortiz a decretar, el 8 de marzo de 1940, la intervención a la provincia. A mediados de 1942, Ortiz debió renunciar a la presidencia por motivos de salud. Asumió la primera magistratura el hasta entonces vicepresidente, el conservador Ramón Castillo, que reimplantará las prácticas del fraude electoral. Las muertes ese mismo año de Agustín P. Justo y Marcelo T. De Alvear empobrecen el panorama político electoral. Castillo propone como candidato a sucesor a Robustiano Patrón Costas, un terrateniente salteño favorable a los aliados en la guerra que se desenvolvía en Europa.

Frente a este panorama y un clima de creciente agitación sindical, el 4 de junio de 1943 las fuerzas armadas dirigidas por el Grupo de Oficiales Unidos (GOU), una logia de militares favorables al eje nazi-fascista, concretan un nuevo golpe de estado desplazando a Castillo del gobierno. Entre los golpistas comienza a destacarse la figura del Coronel Juan Domingo Perón que irá ocupando, desde 1943, los cargos de secretario de Trabajo y Previsión, ministro de Guerra y vicepresidente de la República. A poco de producido el golpe, Ricardo Balbín funda dentro de la UCR la corriente interna llamada Revisionismo Bonaerense, a la que se incorporan importantes dirigentes como Oscar Alende, Crisólogo Larralde y Moisés Lebensohn.

* Perón llama a Balbín

La nueva agrupación llama la atención del Coronel Perón, quien convoca a Balbín a una reunión en el ministerio de guerra con el objetivo de sumarlo a su causa. Balbín agradece el convite pero prefiere continuar con su identidad partidaria. Los diversos sectores intransigentes del radicalismo encuentran un punto de encuentro y unidad en el Movimiento de Integración y Renovación y en el programa de Avellaneda redactado a principios de 1945 y firmado por Balbín, Larralde, Lebensohn y Alejandro Gómez entre otros.

Sus propuestas centrales se basan en otorgarle al estado un rol protagónico en el desarrollo nacional. Plantea la reforma agraria, la nacionalización de las fuentes de energía y los servicios públicos y la reforma financiera. Propone un seguro social obligatorio y una legislación protectora de los trabajadores. Reconoce el derecho de huelga y promueve la ampliación del sistema educativo. En el plano internacional sostiene el principio yrigoyenista de la libre determinación de los pueblos. Hacia fines de 1945, tras los decisivos episodios del 17 de octubre, la convención nacional de la UCR, con la oposición de los intransigentes y la delegación cordobesa, decide participar de un frente electoral antiperonista integrado por el Partido Socialista, el Partido Comunista, los demócratas progresistas y sectores conservadores.

 * Nace el bloque de los 44

A pesar de la derrota electoral del 24 de febrero de 1946, los radicales consiguen 44 bancas en la Cámara de Diputados y Ricardo Balbín es electo presidente del bloque radical. Durante el gobierno peronista Balbín sufrirá censura y persecuciones. En 1949 fue expulsado del Parlamento bajo el cargo de desacato y encarcelado en el penal de Olmos.

A poco de recuperar la libertad se presenta como candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires pero será derrotado por el peronista Domingo Mercante. El día de los comicios, Balbín vuelve a ser detenido. Al año siguiente Perón lo indulta y es liberado justo a tiempo para aceptar la candidatura a presidente de la Nación que le ofrece la Convención Nacional de la UCR para las elecciones de 1952. Perón, habilitado a la reelección por la reforma constitucional de 1949, derrota a Balbín con el importante aporte del voto femenino impulsado por Evita. En 1954 vuelve a ser detenido y encarcelado.

Tras los bombardeos sobre la Plaza de Mayo, perpetrados el 16 de junio de 1955 por la aviación naval con el objetivo de matar a Perón, que provocaron más de 500 muertos, grupos de peronistas queman varias iglesias de Buenos Aires responsabilizando a una alianza eclesiástico-militar del frustrado golpe de estado. La gravedad de la situación llevó a Perón a liberalizar los férreos mecanismos de censura y a abrir los micrófonos de las radios a la oposición. El 21 de junio Balbín habla por radio y dice entre otras cosas: "lamentamos que el gobierno haya reconocido tan tarde que el radicalismo no se ha opuesto a las conquistas sociales; este retraso ha creado un clima de desconfianza perjudicial para la obra común al servicio del pueblo".

 * El golpe del '55

 El 16 de septiembre de 1955, Perón fue derrocado por la llamada “Revolución Libertadora”. El radicalismo apoyó al nuevo gobierno y se incorporó a la Junta Consultiva. En 1957, las disidencias internas en torno a la relación con el peronismo depuesto llevaron a la fractura del radicalismo que se divide en la Unión Cívica Radical del Pueblo, liderada por Balbín, y la Unión Cívica Radical Intransigente, liderada por Frondizi.

En las elecciones nacionales de 1958, triunfa el candidato de la UCRI con el apoyo del peronismo. En 1962, tras el derrocamiento de Frondizi y en pleno conflicto militar de azules y colorados, Balbín propone sin éxito la conformación de una Asamblea de la Civilidad para defender las instituciones democráticas. En 1963, Balbín se niega a ser candidato presidencial por la UCRP y le cede el lugar a Arturo Illia quien será proclamado presidente con el 25% de los votos frente al importante voto en blanco peronista. Durante el gobierno de Illia, Balbín cumplirá un importante rol consultivo como presidente del partido y participará activamente en la conformación del gabinete.

* La Hora del Pueblo

Tras el derrocamiento de Illia por el golpe del general Juan Carlos Onganía, el 28 de junio de 1966, Balbín comienza a abandonar lentamente su tradicional antiperonismo y a acercarse a algunos sectores partidarios y sindicales para organizar un frente cívico opositor a la dictadura. En 1970, la UCR, el justicialismo, el conservadurismo popular, los socialistas y otras fuerzas políticas lanzan un documento titulado: Sin solución política es impensable una solución económica, que lleva las firmas de, Horacio Thedy y Jorge Paladino, delegado personal de Perón. Nacía así la "Hora del pueblo", una agrupación multipartidaria que se proponía la recuperación de las instituciones democráticas.

En 1971, el presidente de facto, general Alejandro Agustín Lanusse, convoca a elecciones nacionales sin proscripciones. El radicalismo elige en 1972 su candidato a presidente en elecciones internas. Ricardo Balbín derrota a Raúl Alfonsín e integra la fórmula presidencial junto a Eduardo Gamond.

El 17 de noviembre de 1972, Perón regresa al país tras 17 años de exilio. A poco de llegar, expresa su voluntad de encontrarse con Balbín. El encuentro se concreta y los líderes de las dos fuerzas políticas mayoritarias se prometen apoyo mutuo.

 *El que pierde ayuda

El líder radical cierra su campaña electoral con una frase en la que reconocía sus escasas posibilidades de triunfar frente a la avalancha peronista: "El que gana gobierna y el que pierde ayuda". El 11 de marzo de 1973, la fórmula peronista, Héctor Cámpora-Vicente Solano Lima, se impone cómodamente por casi el 50 % de los votos. La renuncia de Cámpora a mediados de julio abrió el camino a Perón para presentarse finalmente como candidato a presidente por tercera vez. Sectores radicales y peronistas sugirieron el binomio Perón-Balbín, como la fórmula de la unidad nacional. Pero la presión de los aparatos partidarios tanto del peronismo como del radicalismo hizo que la idea no se concretara. Los viejos adversarios vuelven a enfrentarse.

Esta vez, Balbín completa su fórmula con un joven dirigente radical, Fernando de la Rúa. En las elecciones del 23 de septiembre de 1973, el triunfo peronista es aplastante. Perón se impone con el 61 % de los votos frente al 21 % de la UCR. En octubre de 1973, Perón y su esposa, Isabel Martínez, asumen el gobierno. El nuevo mandatario se distancia notablemente de los sectores de la izquierda peronista, lo que agrava el conflicto interno en el movimiento. Crece notablemente la influencia de su secretario privado y ministro de Bienestar Social, José López Rega, y de los sectores de la ultraderecha vinculados a él. La situación económica se complica por la crisis mundial del petróleo y el pacto social, una tregua en los aumentos de precios y salarios firmada por la CGT y la CGE durante el mandato de Cámpora, comienza a hacer agua.

* Balbín frente al féretro de Perón

En medio de este sombrío panorama, el 1º de julio de 1974, moría Perón. Los partidos opositores acuerdan que sea Ricardo Balbín quien pronuncie el discurso de despedida del viejo líder peronista. Dijo en esa ocasión: "No sería leal si no dijera que vengo en nombre de mis viejas luchas, que por haber sido sinceras y evidentes, permitieron en estos últimos tiempos la comprensión final, y por haber sido leal a la causa de la vieja lucha, fui recibido con confianza en la escena oficial que presidía el presidente muerto". Concluyó diciendo: "Este viejo adversario despide a un amigo".

Tras la muerte de Perón, el ambiente político, económico y social se complica aún más y la presidenta Isabel Perón demuestra día a día que no está preparada para semejante responsabilidad. A mediados de 1975, la crisis económica estalla con el rodrigazo, un brutal plan de ajuste impuesto por el ministro de economía Celestino Rodrigo, puesto en su cargo por López Rega. El conflicto social se generaliza y los gremios concretan la primera huelga general contra un gobierno peronista.

En este contexto, el radicalismo propone a través de Balbín conformar un gobierno de unidad nacional. La propuesta es rechazada por el justicialismo y se incrementa el clima golpista. A mediados de marzo de 1976, y frente a la gravedad de las circunstancias, Ricardo Balbín, como líder de la oposición, se dirige al país por la cadena nacional de radio y televisión: "Algunos suponen que yo he venido a dar soluciones y no las tengo. Pero la hay. La unión de los argentinos para el futuro de los argentinos". Y parafraseando a Almafuerte concluyó: "Todos los incurables tienen cura cinco minutos antes de la muerte".

* El golpe del '76

Tras el golpe militar de marzo de 1976, el radicalismo decidió buscar apoyo internacional. En mayo de ese año Balbín asiste en Caracas a la reunión de la Internacional Socialista y se pronuncia contra la violencia guerrillera y por la vuelta de la democracia a la Argentina. La actitud de Balbín frente a la dictadura fue de tácita adhesión. Llegó a decir que Videla era el general de la democracia.

Cuando la presidenta de las Madres de Plaza de Mayo le reprochó en 1977 su nulo compromiso para esclarecer el destino de los desaparecidos le contestó: "Usted ocúpese de los muertos, que a mí me duelen, pero yo me ocupo de los vivos para que no mueran".

En 1980, produjeron un profundo rechazo entre los familiares de desaparecidos sus declaraciones a un diario español en las que señalaba: "Creo que no hay desaparecidos, creo que están muertos, aunque no he visto el certificado de defunción de ninguno".

El informe de la CONADEP demostrará años más tarde que hubo desaparecidos con vida en los más de 400 campos de concentración hasta mediados de 1982. En 1981, el reemplazo de Videla por Eduardo Viola, abrió un muy pequeño espacio político. El nuevo presidente inició una ronda de conversaciones con referentes partidarios. Balbín, junto a dirigentes políticos del radicalismo, el desarrollismo y la intransigencia, impulsa la creación de la "Multipartidaria", una especie de versión aggiornada de la Hora del Pueblo. Pero la salud le jugará una mala pasada y no alcanzará a ver funcionando a pleno a ese nuevo ámbito democrático.

A fines de agosto, es internado en una clínica de La Plata por complicaciones cardíacas y respiratorias. A los pocos días pasa a terapia intensiva y el 9 de septiembre de 1981, a los 77 años, moría Ricardo Balbín. Su entierro fue multitudinario y se constituyó en un lugar de encuentro de los partidarios de la democracia que cantaban al unísono: "se va a acabar la dictadura militar" y de los jóvenes radicales que acompañaban el cortejo fúnebre coreando una nueva versión de la marcha radical: "Adelante radicales, adelante sin cesar, no queremos dictaduras, ni gobierno militar".

 Título: Ricardo Balbín (1904-1981)

Fuente: elhistoriador.com.ar

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