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1987, 1989 y 20001, ACUERDOS DEL MIEDO

1987, 1989 y 20001, ACUERDOS DEL MIEDO

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1989, VERSIÓN DE EDUARDO MENEM

El ex senador y presidente provisional de la Cámara, hermano intelectual de Carlos Menem, explica aquí la razón y cumplimiento del acuerdo con el radicalismo que en 1989 permitió la entrega anticipada del poder por parte del presidente Raúl Alfonsín. Evocación con sentido de homenaje al recién fallecido. 

Por Eduardo Menem (* )

Ante la lamentada desaparición física del doctor Raúl Alfonsín, que ha conmocionado al pueblo argentino, considero que pueden resultar de interés público algunos datos y circunstancias referidos a uno de los momentos más difíciles que le tocó afrontar durante su mandato presidencial, como fue su renuncia al cargo de Presidente, y junto con él la del vicepresidente Víctor Martínez, seis meses antes de que terminaran sus mandatos.

En 1989 el gobierno del doctor Alfonsín había adelantado seis eses aproximadamente la fecha de las elecciones para la fórmula presidencial y legisladores nacionales, presumiendo quizá que ello permitiría superar los difíciles momentos económicos, políticos y sociales que se vivían en ese tiempo.

Efectuadas las elecciones el 14 de mayo y resultando triunfante la fórmula Menem-Duhalde, así como también el justicialismo en las elecciones legislativas, se produjo un efecto contrario al buscado por el Gobierno, ya que se agravaron los problemas existentes, por lo que el presidente Alfonsín decidió adelantar la entrega del poder.

Se generó a partir de ese momento un clima muy difícil, realizándose intensas tratativas para resolver la inédita crisis.

Era la primera vez que un Presidente y vicepresidente elegidos democráticamente, decidían dejar voluntariamente sus cargos.

Las dificultades eran de naturaleza jurídica y política. Las primeras porque no había un mecanismo constitucional o legal preciso para conseguir el objetivo mencionado, ya que la ley de acefalía no contemplaba una situación de este tipo.

Los obstáculos políticos consistían en que de producirse el adelantamiento, el nuevo Presidente debía asumir el cargo sin contar con las mayorías legislativas de su partido obtenidas en los comicios, porque lo que no podía hacerse era cortar los mandatos de los legisladores, que recién concluían el 10 de diciembre.

Las posiciones variaban entre los que aconsejaban a Carlos Menem o asumir el cargo antes de diciembre, argumentando que además de no ser legalmente posible era el Gobierno radical el que debía asumir las consecuencias de la crisis, hasta los que afirmaban que había que dictar una ley decidiendo el adelantamiento para asumir la totalidad de los cargos electos, para lo cual se debía disponer el cese inmediato de los mandatos legislativos que concluían en diciembre.

Ambas posiciones extremas eran obviamente inaceptables.

Luego de numerosas reuniones con la participación de representantes del Presidente en ejercicio y del electo, y de autoridades parlamentarias del radicalismo y del justicialismo, se logró un acuerdo basado en la buena fe y en la confianza que se brindaban las partes recíprocamente.

Con fecha 15 de junio de 1989, se firmaron tres actas en las que sintéticamente se acordaba:

1) Que se fijaba como fecha para la asunción del nuevo gobierno el día 8 de julio de 1989.

2) Que el presidente Raúl Alfonsín y el vicepresidente Víctor Martínez elevarían sus renuncias al Congreso de la Nación el día 30 de junio, debiéndose convocar a la Asamblea Legislativa para el día 8 de julio a los fines de la aceptación de dichas renuncias y recibir el juramento del presidente y vicepresidente electos.

3) Que teniendo en cuenta que el justicialismo no contaría hasta el 10 de diciembre con las mayorías resultantes de las elecciones del 14 de mayo, "los presidentes de la Unión Cívica Radical y del Partido Justicialista y las autoridades parlamentarias de ambos partidos comprometen la sanción sin demora de todo proyecto de ley sobre temas económicos y sociales que el Poder Ejecutivo Nacional remita al Congreso de la Nación y cuente con el respaldo de los bloques justicialistas, hasta que se produzca el 10 de diciembre la renovación parcial de ambas Cámaras. Igual conducta se seguirá para los proyectos que el Presidente electo promueva a través de los bloques parlamentarios de su partido hasta la fecha de asunción del mando". Se aclaraba que este compromiso "no significa menoscabo alguno a la libre expresión del disenso y el pluralismo".

Las actas referidas, que contaban por cierto con la aprobación de Alfonsín y Menem, fueron firmadas por Antonio Cafiero, César Jaroslavsky, Antonio Nápoli, Eduardo Bauzá, José Luis Manzano y Alberto Rodríguez Saa.

Puedo dar testimonio, en homenaje al doctor Raúl Alfonsín, que los compromisos asumidos en esos acuerdos fueron cumplidos estrictamente por los representantes del radicalismo y del justicialismo, constituyendo una manifestación ejemplar del respeto por la palabra empeñada y de una madurez cívica y política que tanto se extraña en los tiempos actuales.

(*) Ex senador del PJ y hermano del ex presidente Carlos Menem.

Volanta, título y bajada: Intimidades de un hecho histórico/ Los tiempos más turbulentos, en la memoria de un adversario/ Debilitado políticamente, Alfonsín decidió adelantar en seis meses su salida del poder. Para eso debió firmar un acuerdo con Carlos Menem. Aquí, los detalles.

 Fuente: Clarín, 5/4/09

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CHACHO JAROSLAVSKY NO MERECÍA ESE AGRAVIO

Molesta porque el radicalismo había colaborado a la formación del quórum, la diputada Elisa Carrió la emprendió contra su ex partido e, incluso, contra César Jarlosvasky, presidente de la bancada ya fallecido. Aquí se pone en  contexto el papel de un hombre que cumplió con la palabra empeñada. 

Por Armando Vidal

Palabras mal pensadas ofendieron por su imprecisión e injusticia la memoria de Chacho Jaroslavsky, presidente de la bancada radical entre 1983 y 1991, fallecido hace ocho años.

Provinieron de Elisa Carrió, radical por raíz paterna y hoy al frente de una nueva experiencia partidaria, la Coalición Cívica, demasiada ladeada hacia la derecha para lo que se esperaba de la mujer que, en 1994, irrumpió desde el anonimato en la escena nacional en la convención constituyente de Santa Fe.

Fue para oponerse al Pacto de Olivos entre peronistas y radicales que había abierto paso a la ley del año anterior que declaró la necesidad de la reforma. Carrió atacó presuntos acuerdos del bloque oficialista en

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1987, POSICION DE LOS RENOVADORES

En el amplio despliegue de la edición de Clarín del 14 de mayo de 1987 aparece al pie de una página, bajo el título “No hubo ningún pacto” el siguiente artículo, sin firma, que resume la posición del bloque del peronismo renovador de la Cámara de Diputados. Un cuadro de lo que fue y no fue en aquellas horas tensas en las que la democracia enfrentaba la presión de las armas luego de la rebelión carapintada de Semana Santa y cuando la fecha del 6 de septiembre –el día que las urnas castigarían al gobierno de Raúl Alfonsín- aparecía como una meta incierta, quizás inalcanzable.

Voceros del bloque del peronismo renovador negaron enfáticamente anoche haber pactado una mecánica de acción parlamentaria con el radicalismo y menos aún haber quebrado un acuerdo al bloquear el intento de un tratamiento inmediato del proyecto de ley.

En los últimos contactos que se celebraron durante el mediodía de ayer, los renovadores insistieron en su decisión de votar negativamente la iniciativa sobre la obediencia debida, indicándose que el proyecto tiene graves fallas, como la de otorgar mayor gravedad al delito de robo que al homicidio o la tortura.

Para este sector del justicialismo, la solución posible sigue siendo el indulto selectivo del Presidente, manteniendo bajo acción penal a los presuntos autores de delitos aberrantes. Esta propuesta, ya se sabe, había sido rechazada por los radicales con el argumento de que el Presidente no podía cargar con todo el costo de la decisión.

Inclusive, dijeron altas fuentes de la bancada peronista, algunos operadores del radicalismo se inclinaban por la inclusión de todos los oficiales de mediana jerarquía en la decisión, incluidos Barreiro, Mones Ruiz, Alsina y Astiz. Esta alternativa tuvo hasta el final, agregaron las fuentes, la oposición del propio Alfonsín .

* Casi una amnistía

La redacción del proyecto de ley, finalmente, es casi una amnistía parcial en lo referente a presuntos autores de homicidios y tormentos.Los renovadores habían insistido en la noche del lunes, durante una reunión celebrada en el domicilio de Enrique Nosiglia, que había que reforzar los compromisos del acta democrática, refrendada el domingo de Pascuas, otorgándole un carácter operativo, y que la verdadera pacificación debía comenzar con una autocrítica de todos los sectores, incluidas las Fuerzas Armadas.

Al mismo tiempo, propusieron una comunicación permanente entre el oficialismo y la oposición hasta el 6 de septiembre, articulándose paralelamente una política de defensa conjunta, mediante una comisión –propusieron los peronistas- bicameral para la reforma militar.

El discurso de Alfonsín –anunciaron los voceros del peronismo renovador- anunciando que se formará una comisión en el ámbito de Defensa es otra señal de que el oficialismo descartó las alternativas ofrecidas por la principal oposición.

Reiteraron, además, que participarán activamente en el debate parlamentario del proyecto de obediencia debida, aun cuando están convencidos de que no contribuirá al objetivo manifestado.

“Este es un acto de fuerza, como dijo el Presidente en su discurso; no se explica cuál es el apuro del oficialismo por sancionarla”, expresó íntimamente el vocero del peronismo legislativo.

Fuente: Clarín, 14/5/87

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1987, LA REBELION DE SEMANA SANTA

Este es un buen resumen de los hechos que conmovieron al país en Semana Santa de 1987 generado por oficiales subalternos que se rebelaron contra la Justicia por los juicios derivados de la comisión de crímenes atroces y aberrantes en la dictadura. En junio de ese año lograron la sanción de una ley que singificó una virtual amnistía, más adelante derogada y posteriormente anulada en todos sus efectos a poco de asumir Néstor Kirchner en 2003. 

El 16 de abril de 1987 el teniente coronel Aldo Rico y un grupo que lo acompañaba, conocidos todos como los carapintadas, se amotinaron en la Escuela de infantería de Campo de Mayo resistiendo la citación que la Justicia le hiciera al mayor Ernesto Guillermo Barreiro, refugiado en un regimiento de La Calera, también en rebelión.

Los insurrectos solicitaban el cese de la campaña de los medios de comunicación contra las Fuerzas Armadas, un aumento del presupuesto, la elección de un nuevo jefe del Estado Mayor del Ejército de cinco postulantes que ellos propondrían y la exculpación para todos los participantes de los hechos que transcurrían.

Mientras tanto, en todo el país, la gente se agolpó en las calles y las plazas para expresar su apoyo al gobierno constitucional y su repudio a la actitud de los carapintadas.

Luego de varios intentos para solucionar la crisis fue el mismo Alfonsín quien tuvo que hacerse presente en Campo de Mayo y lograr que Aldo Rico depusiera su actitud.

Esto fue comunicado rápidamente a gente reunida en la Plaza de Mayo. Inmediatamente se produjo la sustitución del general Héctor Ríos Ereñú como jefe del Estado Mayor por el general José Dante Caridi.

Poco después Alfonsín envió al Congreso el proyecto de ley de obediencia debida (otra modificación) que sería aprobado por ambas Cámaras en medio de grandes debates y promulgada el 8 de junio de 1987.

 Sólo admitía el procesamiento altas jerarquías que habían impartido órdenes y contado con capacidad operativa para ejecutarlas.

Hubo sólo una excepción: era el caso de los delitos de sustitución de estado civil y de sustracción y ocultación de menores.

Las leyes de punto final y obediencia debida ponían al descubierto, ante la sociedad, la fragilidad del gobierno constitucional frente a las presiones militares, particularmente el Ejército.

Se sucedieron otros alzamientos militares. En Monte Caseros, Corrientes, entre el 16 y la de enero de 1988, Aldo Rico volvió a sublevarse. Esta vez las fuerzas leales reencauzaron la situación. Era el primer enfrentamiento entre militares, luego del de los azules y colorados en 1962 y 1963.

El 4 de junio 1988, el coronel Mohamed Seineldin fue el cabecilla de un nuevo alzamiento, esta vez en Villa Martelli.

Pugnaban por restaurar el honor y la dignidad del personal y la institución militar, reivindicar la guerra contra la subversión, lo actuado en la guerra de Malvinas y alcanzar una amplia amnistía. La rebelión fue sofocada rápidamente.

Fuente: portalplanetasedna.com.ar/alfonsin.htm

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MARCO DE UNA RESIGNACIÓN

Estos son algunos datos referenciales que en 1989 enmarcan la resignación del presidente Raúl Alfonsín –se eludió el término renuncia- para abrir con seis meses de anticipación el acceso al poder del hasta ese momento un caudillo peronista del interior, Carlos Menem, que se presentaba como un transgresor. Y realmente lo fue.

Por Fernando Sabsay (*)

En febrero la economía estalla. El dólar se dispara sin posibilidades de control, impactando directamente en el ingreso promedio y en el costo de la canasta económica.

En esas condiciones, al borde de estallidos sociales, 20 millones de electores concurrieron a las urnas.

El porcentaje de votantes fue del 85,34%. El FREJUPO, con la fórmula Carlos Saúl Menem-Eduardo Duhalde, obtuvo el 47,49%, 7.953.301 votos. La Unión Cívica Radical, el 32,45%, con Eduardo Angeloz-Juan Manuel Casella, 5.433.369 votos. Álvaro Alsogaray-Alberto Natale, 1,150.603 votos. En diputados nacionales: FREJUPO, 67 bancas; UCR: 42; Alianza de Centro, 9; Confederación Federalista Independiente, 3; y la Izquierda Unida, 1 diputado. En total: 127 legisladores.

En mayo y julio de 1989 la inflación llega al 200%. Se produjeron diversos saqueos, tumultos, y situaciones violentas difíciles de controlar.

El Congreso, por ley 23.662, declara el estado de emergencia social, ratificando el estado de sitio decretado por el Ejecutivo el 29 de mayo de 1989 (Nota: fue por la súbita y nunca más repetida ola de asaltos de gente necesitada a los supermercados).

Los electos presidente y vicepresidente debían asumir el 10 de diciembre.

Sin embargo, la imposibilidad de seguir gobernando lleva al presidente Alfonsín a acortar su período en seis meses.

Con el ministro Rodolfo Terragno como enlace entre el gobierno y el gobernador riojano electo presidente se acuerda como fecha al 8 de julio de 1989 para la transmisión del mando.

Alfonsín comenzaría el texto de su renuncia de este modo: "Mi conciencia exige que intente atemperar los sacrificios del pueblo mediante el mío personal, sin provocar demoras que puedan entorpecer la transición entre dos gobiernos igualmente democráticos (...); por ello he decidido resignar, al 8 de julio de 1989".

Asumiría Carlos Saúl Menem y Eduardo Duhalde como presidente y vicepresidente, respectivamente. Un nuevo ciclo histórico comenzaría. 

(*) Abogado constitucionalista.

Fuente: Presidencia y presidentes constitucionales argentinos. /todoargentina.net / alfonsin.pais-global.com.ar/