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¿CUÁL ES SENTIDO DE PEGARLE DURO A POLINO?

Un clima de agitación no es lo mejor para el oficialismo si quiere ganar con comodidad las elecciones del próximo año. Sin embargo, el secretario de Comercio Guillermo Moreno y la ex belicista Pimpi Colombo, subsecretaria de Defensa del Consumidor, la emprendieron contra el ex diputado Héctor Polino, tres veces tentado a formar parte del Gobierno. 

Por Armando Vidal

Héctor Polino pertenece al partido socialista ahora unificado que en los años liminares del kirchnerismo sufrió un cisma del estilo, aunque menor, al producido en los años cuarenta con el peronismo fundacional. Fueron en este caso tres grandes rebeldes los cabecillas de un movimiento que finalmente terminaría con ellos formando parte del Gobierno.

Todos eran del socialismo democrático, una de las ramas centrales del viejo tronco, cuyas raíces están en Juan B. Justo y que, igual que el socialismo popular, preserva su autonomía partidaria.

Así fue como esos rebeldes -Jorge Rivas, Oscar González y Ariel Basteriro- terminaron con la historia heredada de sus respectivos padres. 

Los tres, más Polino y Alfredo Bravo, habían conformaron un recordado quinteto en la Cámara de Diputados en la última década del siglo y comienzos del presente. En ese equipo, el más  formal y recatado era Polino que venía de otra vertiente del socialismo pero que con Bravo terminó siendo parte del recambio tras la conducción Américo Ghioldi, Norteamérico Ghioldi, como lo recordaba Alfredo.

Para el más joven, Rivas, barbado y marxista en los días finales de la dictadura, el PSD fue como una especie de embajada, con Ghioldi como garante porque era embajador  en Portugal.

Con la recuperación de la democracia, hubo que esperar que pasara el turno alfonsinista para que llegara a Diputados el primer exponente del socialismo clásico que fue Bravo, luego irían llegando los demás.

Diez años después, vino con el nuevo siglo la crisis y con la crisis que se devoró a Eduardo Duhalde, llegó el desabotonado Néstor Kirchner a la Presidencia, tras cuya asunción -fue al día siguiente- se produjo  de Alfredo Bravo.

Dos años después, Rivas saltó al gobierno como segundo de Aníbal Fernández en la jefatura de Gabinete, experiencia en la que lo sorprendió el destino en una esquina del sur del conurbano que lo maniató y acalló su voz pero no opacó su mente y volvió a su banca (fue reelecto el año pasado), dejándole el lugar a González.

Polino quedó más solo que antes y fuera del Congreso, él, precisamente él, que había sido el primero en quien el gobierno pensó en sumar en consideración a la minuciosidad de su trabajo parlamentario y su perfil ideológico.

Fue así que un día la senadora Cristina Kirchner le preguntó en el Salón Azul si lo había llamado Alberto Fernández, un buen modo de no caerle de sorpresa al puntilloso legislador.

Después, el bichocolorado Fernández lo llamaría para ofrecerle la Secretaría Asuntos Cooperativos y Mutuales -como luego lo haría con la de Medio Ambiente- que  rehusó aceptar al no contar con el aval del partido. Pese a eso, con el tiempo recibiría un tercer ofrecimiento, también en tiempos en que Polino se hallaba en el llano y atendiendo su obra desde hacía varios años llamada Consumidores Libres.

Y en ella estaba y hubiera continuado sin molestar a nadie y menos a un gobierno cuyas leyes fundamentales había apoyado explícitamente como el fin de las AFJP y la de medios audiovisuales y, más reciente, en la puja por los subtes con el gobierno de Mauricio Macri.

Así, tranquilo y sin aparecer demasiado en los medios Polino pasaba sus días hasta que Clarín publicó el 23 de agosto una de las evaluaciones de la entidad llamada a no tener otro destino que el de una mera estadística inflacionaria más sobre los productos de primera necesidad, como venía sucediendo desde 1994, o sea desde los tiempos en que Domingo Cavallo era, todavía, el superministro de Carlos Menem.

Como si el hobby de Polino con Consumidores Libres fuera el meganegocio de Papel Prensa, entró en acción contra él Guillermo Moreno, el secretario de Comercio y suspendó la labor de la entidad.

 “Es el primer caso en el mundo que un gobierno sanciona a una entidad de defensa de los consumidores” dijo Polino.

Perón tuvo estrechos colaboradores temidos adentro y afuera del Gobierno como Román Subiza, ministro de Asuntos Políticos y Raúl Apold, secretario de Difusión, quienes no mellaron el alto respaldo popular del Presidente que sólo pudo ser vencido por salvajes bombardeos a inocentes y un golpe posterior  con amenazas equivalentes. Pero Cristina Kirchner no puede darse el lujo de espantar a los votantes indecisos y más si la definición en torno de su sucesión depende de la cosecha que obtenga el próximo año.

Un traspié consagraría a sus enemigos, que son lo mejor que tiene el Gobierno, según dice Jorge Rivas.