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RAZONES DE LA DURA DERROTA ALFONSINISTA

Artículo escrito horas antes de la votación en el Senado que rechazó la llamada ley Mucci. La falta de captación del voto sapagista y la inflexibilidad del ministro Mucci son vistas aquí como las razones del fracaso radical.

Por Armando Vidal

El rechazo a la ley sindical en el Senado fue el remate de una larga partida en la cual los radicales no jugaron bien la apertura ni el final, para decirlo en la jerga del ajedrez. El complejo trámite deja varias lecciones.

Que deberán ser tomadas en cuenta en el futuro, según admiten portavoces oficialistas.

La discusión de la ley tuvo dos instancias muy definidas: en Diputados el planteo radical fue de fuerza para preservar el carácter intervencionista del Ministerio de Trabajo, justificado por los portavoces del Gobierno en la necesidad de socorrer a las bases contra la muralla de la vieja dirigencia de la cual siempre receló que tuviera una sincera vocación de democratizar a los gremios. “Esta es una obligación del Estado”, señalaron.

Así salió el dictamen de la Cámara baja, preservando ese espíritu aunque con variantes introducidas por el mismo radicalismo en un gesto de buena voluntad porque esos cambios habían sido producto de las largas conversaciones con el peronismo.

Con todo, la sesión del 10 de febrero –sin contar el papel complementario de las barras- fue un reflejo fiel de las distancias entre radicales y peronistas.

El otro capítulo, en el Senado, avanzó en el campo de las coincidencias a partir de las posiciones del Movimiento Popular Neuquino –árbitro involuntario de la cuestión-, que basó sus esfuerzos en la necesidad de dar un preponderante espacio a la justicia electoral como garantía de ecuanimidad y distancia entre Gobierno y dirigencia tradicional.

El peronismo recogió esas ideas y desde una posición de flexibilidad encaró las negociaciones con el radicalismo. Fueron casi incontables los encuentros entre Oraldo Britos (PJ, San Luis), titular de la comisión de Trabajo y Previsión, y Luis Brasesco (UCR, Entre Ríos). (NdE: Brasesco era el vicepresidente de esa comisión).

El martes 28 de febrero las partes intervinientes, con el apoyo de los restantes bloques, anunciaron las bases de una armonía que preanunció el hallazgo de un entendimiento para el despacho único. Una semana después, en un acto que varios senadores radicales reconocieron como un error, el oficialismo entregó a los justicialistas un memorando preparado en el Ministerio de Trabajo y cuya única finalidad era reforzar las argumentaciones de los senadores de la UCR en la instancia clave.

La crudeza del impacto que acusaron los peronistas reveló la sorpresa que tenían. El sapagismo se sumó a ese estado de ánimo. “Fue un paso en falso” reconoció un senador de la segunda minoría. Hubo que volver a las posiciones iniciales y los radicales lo consiguieron. Pero no pudieron borrar las secuelas.

Aún así las diferencias habían sido considerablemente reducidas. Quedaban tres artículos clave (sobre los gremios intervenidos, las comisiones transitorias y las comisiones con mandato prorrogado) donde las brechas, en esencia, sólo podían salvarse con una fe compartida que ninguna de las partes estaba dispuesta a conceder a la otra.

En los momentos clave el crédito a la confianza seguía cerrado.

El jueves 8 intermedió el sapagismo, junto con bloquistas y pactistas correntinos, para abrir una nueva instancia al efecto de ver si se podía alcanzar el despacho único. Esa misión culminó cuando el justicialismo rechazó la hipótesis ofrecida el martes.

A partir de ese momento los radicales se sumieron en un silencio que ayer rompieron para anunciar su apoyo a las ideas conciliadores de “los seis”. Si las miradas convergían en los senadores del MPN –Elías Sapag y Jorge Solanas-, con mayor razón acontecería luego. Los radicales creyeron ver una contradicción en el sapagismo ya que para ellos los neuquinos no podían dejar de respaldar la variante de “los seis”, con lo cual, deducían, el apoyo a la ley resultaba un hecho.

Pero esta interpretación no se correspondía con la realidad que reflejaban los pasos de los hombres de Neuquén quienes habían condicionado su definición a la obtención del despacho único. Pero, además, la posición radical acorralaba definitivamente a los senadores del MPN porque, explicaron sus portavoces, les restaban toda capacidad de maniobra al aceptar el oficialismo la hipótesis de los representantes de los partidos provinciales después del rechazo peronista.

Entre el fuego y la sartén, el saagismo se recluyó en su posición original en una muestra de independencia parlamentaria que también los peronistas, ocasionales beneficiarios de ello, tendrán que tomar en cuenta. Este fue el sentido del mensaje de Sapag.

Un primer balance de este traspié para el oficialismo sugiere la conveniencia de sondear primero las posiciones de las partes antes de avanzar sobre terrenos fangosos.

Según el justicialismo, para entrar en los sindicatos el oficialismo tenía dos caminos. Uno era hablando primero con los peronistas que se hallaban apostados ante sus puertas. Otra era arremetiendo contra ellos. Para el Gobierno la cuestión era entrar al efecto de normalizar la vida sindical, una bandera electoral de Alfonsín y también un compromiso. “El radicalismo eligió la segunda vía y se equivocó”, dicen los justicialistas.

Lo que los peronistas omiten confesar es que desde diciembre tuvieron por meta prolongar todo lo que pudieran la discusión de la ley, apostando primero a encontrar una estrategia de respuesta y, fundamentalmente, a atravesar el verano hasta que las fábricas pudieran poblarse de obreros luego de las vacaciones. Y esencialmente confiaban en que los problemas económicos del Gobierno patentizados en el alto índice inflacionario de febrero.

Si el Gobierno no coronó ayer con una ley el reclamo de democratización de los gremios fue porque el radicalismo no pudo desenredarse de la telaraña justicialista y que cuando lo hizo en Diputados fue a un precio quizás tan alto como el de la negativa de ayer del Senado.

Además prescindió de considerar en particular al sapagismo como una entidad diferenciada en el espectro político representado en el Senado.

La batalla, sin embargo, dejó algunas satisfacciones como por ejemplo que el peronismo aceptase la minoría en los sindicatos después de haber batido los bombos contra ella en Diputados.

El rechazo de la ley se produjo ayer sobre las mismas bases en que deberá asentarse un futuro debate de la cuestión, porque la democracia no se alimenta de fracasos sino de experiencias útiles. Y la controvertida ley de reordenamiento sindical lo fue.

Título de tapa y bajada: Rechaza el Senado la ley sindical/ El Senado se aprestaba a rechazar, al cierre de esta edición, el proyecto de reordenamiento sindical auspiciado por el Gobierno. Los miembros del Movimiento Popular Neuquino, encabezados por Elías Sapag, expresaron su apoyo al peronismo para derrotar a la bancada oficial. La ley puede ser nuevamente considerada en las sesiones ordinarias a partir del próximo mes de mayo.

Fuente: Clarín, 15/3/84.

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