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PRIMER DEBATE SOBRE EL PAÍS

El recinto otra vez como teatro con toda clase de resonancias, en una tenida que el oficialismo superó con margen estrecho, con las primeras –y pese a ellas- primeras deserciones en su seno de quienes, estando al lado, se pusieron en la vereda de enfrente. Típico cuando se siente que ha llegado el momento de diferenciarse para crecer, gracias a la gestión Kirchner en este caso, gran promotora a favor y en contra de esas acciones. Fue el segundo acto de una gran obra con vencedores y vencidos, pese a ciertos abrazos que parecieron sinceros. Quizás si los pasos de las sanciones de una Cámara a la otra hubieran sido los que existían antes de la reforma constitucional de 1994 –cinco, en lugar de tres- hubiera existido la posibilidad de germinación de un acuerdo que siempre, cuando se lo busca, es posible. Resultados que son hijos de los apuros.

Por Armando Vidal

El primer debate profundo sobre el país y no sobre sus partes. Lo generó ayer en Diputados una controvertida resolución que dio lugar a una reacción tan mayúscula en su contra que obligó a la intervención del Congreso. Ayer, cuando todo había terminado, abrazos que parecían sinceros entre autoridades del agro y del bloque oficialista sugerían tiempos menos tormentosos.

Una muestra de cuán distinto hubiera sido todo si el Poder Ejecutivo enviaba la resolución al Congreso el mismo 10 de marzo. Cuando en la Cámara de Diputados -el recinto mayor de la República-, aparecen barras en las galerías es porque caciques o jefes políticos quieren gravitar en el debate al estimular al propio y desconcentrar al ajeno. Esta vez fue una admisión del temor al contrario por parte de un gobierno de raíz peronista.

Hay que hacer historia. La última había sido el 29 de noviembre de 1973, tercer gobierno de Perón. No necesitaba el peronismo en las bancas esa hinchada pesada de la UOM -Lorenzo Miguel, conducción-, que cubrió todas galerías.

Pero era un proyecto de Perón a favor de sus sindicatos que sostenían el Pacto Social con los empresarios. La ley impedía la proliferación de esas organizaciones. "Voy a recomendar a los señores peronistas que lean el diario de sesiones dentro de diez años" dijo el lúcido diputado de entonces Francisco Falabella, un abogado conservador de Chivilcoy, que tenía la pinta de Jorge Newbery y era amigo y defensor de comunistas. El pedía más sindicatos y centrales obreras. Y hablaba para que escucharan los que tronaban en su contra.

Aquella invitación sigue vigente 35 años después. El 10 y 11 de febrero de 1984 se produjo el gran encontronazo con la "ley Mucci" que pretendió reorganizar la conducción de los sindicatos. El recinto retumbaba como una lujosa Bombonera entre los cánticos de guerra de peronistas y alfonsinistas.

La ley sucumbió después en el Senado por el voto en contra del senador Elías Sapag, padre de Jorge, hoy gobernador de Neuquén. Fue el comienzo de los problemas para el gobierno de Alfonsín. Molestan las barras, a veces demasiado. Ayer, el radical Sergio Varisco, ex intendente de Paraná, levantó la cabeza y les dijo a los jóvenes kirchneristas que le gritaban desde los altos: "Como dice la Presidenta, háganse votar y se sientan en una banca". Por un momento consiguió sofrenarlos.

Votaciones reñidas y chicaneadas hubo muchas. Pero la de ayer se ganó el título de única al tener en sus bancas a casi todos los diputados en ejercicio (254 sobre 257 del total). Nunca desde 1983.

Las votaciones valen según la materia disputa. Fueron valiosas las de la privatización de YPF y Gas del Estado (1992), las de la reforma previsional (1993), todas ellas vinculadas al modelo económico de Carlos Menem.

En esta sesión no hubo truchos, no hubo denuncias de coimas y si bien algunos votaron lo que no se esperaba, ninguno hizo exactamente lo contrario de aquello para lo cual había sido elegido, como aquel hombre de la valija del partido de los jubilados (Juan C: Sabio) que llegó a una banca para apretar la tecla no y, súbitamente, apretó la tecla sí.

Semillas plantadas son la súbita conciencia general sobre el campo y su gente, y la irrupción en el Congreso de la palabra consenso pero no como sustantivo sino como verbo de trabajo. Abrir la etapa de que los hombres lleven sus conciencias en las bancas, otra señal de la gran discusión que el país quizás haya iniciado ayer.

"Pensar en grande" recomendaba Perón allí mismo, en Diputados, hace 35 años. 

Fuente: Clarín, 6/7/08