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PORTAZO AL FÉNIX

No sólo se dividieron los diputados oficialistas, los intelectuales, los grupos sociales y hasta los votantes de Cristina Kirchner: también acusó el impacto de las retenciones móviles el Grupo Fenix. Aquí Marcelo Lascano pega el portazo para no quedar pegado con el Gobierno de Cristina.

Por Alejandro Bercovich

El Grupo Fénix entró en crisis. Una de las primeras usinas de economistas que criticaron la convertibilidad cuando nadie lo hacía, y que devino referente del modelo productivo, empezó a resquebrajarse. Las causas: el apoyo de varios de sus miembros al Gobierno. Y al hecho de que algunos se encumbraron en puestos de decisión en el Estado. También, como casi toda la sociedad, los académicos de la UBA quedaron cruzados por la crisis del campo y la pelea de las retenciones.

El primer portazo público lo dio días atrás Marcelo Lascano, el especialista en comercio exterior del Fénix. “Si alguno cree en esta política puede hacerlo. Pero yo no quiero quedar pegado ni un día más”, le dijo a este diario tras difundir una respetuosa pero dura carta de renuncia.

Otros miembros dejaron simplemente de asistir a las reuniones desde que se lo empezó a asociar al plan económico oficial. O desde que el plan empezó a mostrar su lado menos atractivo. En una carta al director del grupo, Abraham Gak, Lascano sostuvo que el colectivo de académicos “aparece íntimamente inclinado a favor del Gobierno frente a la opinión pública”. Y criticó del programa oficial “algunos desajustes estructurales que son la consecuencia directa e inmediata de un enfoque limitado de política económica”. Esos desajustes, a su juicio, se dan sobre todo en la energía, el transporte, las comunicaciones y la política exterior.

– ¿Cómo evalúa el manejo de la inflación?- inquirió este diario.

 – Mal. No la blanquean y no reaccionan para combatirla. A esta altura, ya ronda el 18 ó 20% anual y eso es un problema. La economía va a seguir creciendo. Se habrá perdido un punto o un punto y medio, pero el problema es de largo plazo.

 – ¿Y el conflicto con el campo?

– Yo no defiendo al agro, pero creo que no hay que ser ingratos. No se puede maltratar así a un sector que explica el 40% de la economía contando la agroindustria. Los pools de siembra son a veces grupos de pequeños productores que no pueden pagar un tractor. Y de la oligarquía bancaria no habla nadie. A los que vaciaron los bancos les siguen pagando y recibiendo en la Casa Rosada.

–¿El Gobierno abandonó las ideas que ustedes acompañaban al principio?

 – Ellos tienen una idea progresista. Pero lo están haciendo a cuenta de una deuda que crece. Regalan subsidios a tipos que viven en barrios paquetes como yo. El colectivo urbano sigue a 90 centavos y los obreros que vienen del conurbano profundo pagan tres colectivos truchos de dos pesos cada uno.

 – ¿Y los logros sociales que reivindica el kirchnerismo?

 – No los ignoro, pero no es muy distinto de lo que ocurre en el resto del mundo. Diría que avanzamos menos que la mayoría de los países de la región. Y también es cierto que no se puede hacer más. Sólo con el planteo energético equivocado estamos perdiendo 10 mil millones de dólares por año.

Para Gak, la retirada no implica la muerte del grupo. “Nosotros no somos oficialistas. Cada uno tiene su opinión. Miramos con mucha preocupación esta baja del dólar, por ejemplo. Y claramente la reforma tributaria es algo que no están haciendo”, opinó. De todos modos, el ex rector del colegio Carlos Pellegrini enfatizó que “hay una amplia mayoría que sí está inclinada a favor de las retenciones en la batalla del campo”.

Quienes aún concurren a las reuniones de los jueves del Fénix no son más de veinte. Entre ellos están Jorge Schvarzer, Benjamín Hopenhayn, Jorge Gaggero, Aldo Ferrer, Saúl Keifman, Alberto Muller y Alejandro Rofman. Rubén Berenblum, otro de los habitués, sostuvo que “muchos no estamos de acuerdo con lo que está haciendo el Gobierno”.

A su juicio, el mayor déficit “es que no ha logrado un programa estratégico de desarrollo con equidad, que era lo que nosotros pedíamos”. “La diferencia es que Lascano piensa que en el Fénix queda pegado al Gobierno y yo no. Para mí el INDEC fue destruido. No tengo ninguna duda y lo digo en todas partes. Pero nosotros somos una organización académica, no política. Yo soy un simple profesor y no una figura pública que tenga que salir a posicionarse todo el tiempo”, apuntó Berenblum.

 Javier Lindenboim, otro de los docentes de la UBA críticos del Gobierno, no abandonó el espacio pero dejó de asistir a los encuentros. Lo propio hicieron tiempo atrás Eduardo Basualdo y Daniel Aspiazu, economistas ligados a la CTA y a la Flacso, otra usina del pensamiento económico de centroizquierda. “Nosotros como grupo cumplimos un cometido cuando nadie hablaba, en 2000. Pero después no pudimos torcer un rumbo que fue de mal en peor”, insistió Lascano. “Tengo 70 pirulos y no estoy en carrera de nada, pero también por eso digo lo que quiero”, concluyó. Habrá que oír.

 * Un vuelo desde el grupo al Gobierno

De los miembros originales del Fénix, varios dejaron de participar tras haber asumido en puestos gubernamentales. Es el caso de Mercedes Marcó del Pont, presidenta del Banco Nación y estrella parlamentaria del kirchnerismo durante el mandato de Néstor. También el de Alejandro Vanoli, hoy vicepresidente de la Comisión Nacional de Valores, y el de Arturo O’Connell, director del Banco Central.

 Otro que se catapultó en el Estado fue Héctor Valle, presidente del Fondo Nacional de las Artes. El ex ministro de Economía Aldo Ferrer, en cambio, nunca dejó de ir los jueves a las tertulias en la facultad de Económicas. Pero tampoco se privó de asumir como director de Enarsa, la empresa que creó Julio De Vido y que ilusionó a algunos sectores sociales con el regreso de una petrolera 100% estatal.

Volanta, título y bajada: El grupo de académicos, dividido entre opositores y oficialistas / El Fénix vuelve a las cenizas / El conflicto con el campo, la inflación y la baja del dólar desataron una crisis en el Grupo Fénix. Fue una de las principales usinas heterodoxas que apoyó al Gobierno.

Fuente: Critica de la Argentina, 5/7/08