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GRANDES DEUDAS

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LA ETERNA DEUDA EXTERNA

Por Omar López Mato (*)

Cuando Nicolás Avellaneda tranquilizó a los tenedores de bonos argentinos diciendo que habría de ahorrar sobre el hambre y la sed de los argentinos para honrar sus deudas (1ero de mayo de 1876), lo hizo a sabiendas que no todos se habían beneficiado por igual con el endeudamiento público.

Una parte de esos fondos había sido utilizada para soportar el crecimiento del país, pero otra parte, no despreciable, había sido destinada a gastos de la Guerra del Paraguay y posteriormente para sofocar las guerras jordanistas y hasta la misma Revolución de 1874 que Mitre había organizado para impedir el acceso de Avellaneda a la presidencia.

Al menos de este dinero se conocía el destino, pero el mismo Sarmiento reconoció que durante su presidencia, en 1872, se había contraído un empréstito que “no sabía cómo emplearlo”.

También al renegociarse viejas deudas se pactaban nuevas comisiones, con colocaciones de valores bastante inferiores al 100 %. Como la tasa de interés compuesto es exponencial (CF = C1 (1 + R)n donde “n” es años) las cifras alcanzadas llegan a ser millonarias, a punto tal que para 1889 el 66 % de las divisas que entraban al país se remitían al exterior en concepto de intereses de la deuda. Ya en 1826 con motivo del Empréstito Baring, varios miembros de oposición habían pronosticado que en poco tiempo sería imposible pagar la deuda y fue así en menos de tres años.

Acordar que las deudas se pagarían en Londres acarreaban solo más gastos y comisiones. Ya en 1863, Valentín Alsina y José Mármol habían denunciado esta condición, aunque otros diputados accedieron a la exigencia, pues temían que Inglaterra (al igual que Francia había hecho con México), reclamase por la fuerza el cumplimiento de los compromisos. Así las cosas, no resulta extraño que fuese un argentino, Luis María Drago, quien propusiese la abolición del cobro de deudas soberanas por la fuerza.

El proyecto de ley que promovía la creación de bancos privados y los mecanismos para operar con los títulos de deuda nacional, fue redactado por el Barón de Mauá en 1863. Este poderoso brasileño ya le había prestado a Urquiza el dinero para la Campaña de Caseros. Durante la discusión en el Congreso de este proyecto, llamó la atención de los diputados que el Barón manejase información que el propio gobierno no disponía. El senador Gorostiaga (uno de los juristas más lúcidos y autor de varios artículos de la Constitución) rechazó la condición de intermediario de Mauá. Sin embargo, el proyecto prosperó y el encarecimiento de esta intermediación fue en parte responsable de la crisis económica que Avellaneda debió soportar durante su gobierno.

Mauá pretendió imponer este mecanismo también en Uruguay, donde era dueño de grandes extensiones, pero las autoridades del vecino país no le concedieron tal licencia.

Los títulos, como ya dijimos, eran substituidos y canjeados. A veces se mejoraba su perfil, volviendo a su valor nominal como aconteció con los llamados Hard dollars emitidos en 1863 y canjeados con la anuencia de Avellaneda en 1880. Más tarde éstos se incorporaron a la deuda externa defaulteada en 1890.

Otros títulos emitidos en 1869 fueron sucesivamente avalados por fondos públicos, canjeados un año más tarde por papeles valuados en oro (mejorando su cotización) y 15 años más tarde fueron convertidos en deuda pública sin respaldo… Como vemos, el festival de Lebac, Letes y demás papeles reconoce un claro ancestro.

En 1904, cuando se recopilaron estas leyes y decretos al revisar si todos estos contratos de marchas y contramarchas, la comisión del Congreso llegó a la suspicaz conclusión que no tuvieron más “móvil, que sus intereses individuales y sus ilegítimas aspiraciones”.

Era obvio que tantas normativas y cambios generase confusiones, desinformación y ofreciese la oportunidad a algún pícaro (que nunca falta), a falsificar los títulos de la deuda.

A fines del siglo XIX se creó un Ministerio de Crédito Público, que tenía la difícil misión de saber a cuánto ascendía nuestra deuda. La complejidad del tema le impidió ofrecer una cifra consensuada. Ya en 1894, Guillermo Udaondo informaba que era imposible conocer el monto y el origen de la deuda, a la vez que desconocía la extensión de las tierras públicas ni las hipotecas que pesaban sobre ellas.

A una conclusión semejante llegó una comisión de expertos contables que viajaron a Londres para constatar la legitimidad del documento de la deuda de la Baring Brothers. Nadie pudo asegurar la legitimidad de dichos bonos y cupones que hacía casi 100 años venían siendo tema de discusión. La discrepancia se zanjó asentando dichas diferencias como errores contables.

Ante tamaños desordenes Carlos Alfredo D’Amicco (1839/1917) gobernador de la Provincia de Buenos Aires entre 1884/87, publicó bajo el pseudónimo de Carlos Martínez un libro muy comentado en su momento, cuando aún la sociedad argentina estaba muy convulsionada por la Revolución de 1890. Este libro se llamaba “Buenos Aires, sus hombres y su política”, donde denunciaba estas oscuras negociaciones y el manejo espurio de la economía por un gobierno cerrado a amigos y parientes que se beneficiaban por la compra de propiedades y especulaciones, gracias a la concesión de créditos con los que se pagaban favores políticos y el silencio de la oposición. En este texto, D’Amico llegaba a un sombrío pronóstico: “Cada cinco años se tendrá una crisis, cuyos peligros irán creciendo en proporción geométrica”. Estas palabras dichas en 1890 pueden aplicarse rigurosamente a los últimos 80 años de historia argentina.

(*) Historiador e investigador, también en arte, autor de varios libros, entre ellos Ciudadd de Ángeles,, Historia del Cementerio de la Recoleta -título que preanuncia su orientación ideológica,  es un un oftalmólogo recibido con medalla de oro, director del Instituto de la Visión, y colaborador de varios medios como La Pnrea, La Nación, Infobae y Todo es Historia.Porteño, nació en la ciudad de Buenos Aires, en 1956.

Título: La eterna deuda argentina

Fuente: historiahoy.com.ar, 19(10/2018.

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EL GRITO EN UN GALPÓN CERRADO

Por Roberto S. Vallejos 

En su comentario del 9 de mayo último, “El golpe, los ríos, la prensa”, Ud. hace referencia a la lucha que durante décadas ha desarrollado el ex diputado nacional y ex subsecretario de Ambiente Humano Héctor Dalmau en defensa de los derechos argentinos para que grandes represas en Brasil. o en nuestro país, no modifiquen el curso de ríos como el Paraná o el Uruguay, o bien que terminen estos y otros siendo parte de los “ríos muertos” que profetizó el ex legislador nacional, autor del libro El País de los ríos muertos. Coincido plenamente con lo señalado por el Dr. Pedro Warenycia en el prólogo de ese libro cuando sostiene que el autor “demuestra realmente las consecuencias letales de construcciones de represas en Brasil que traerán como resultado que la República Federativa del Brasil regule y controle todos sus ríos interiores y sus efluentes; cuyas aguas, de otro modo, deberían
desembocar naturalmente en el Río de la Plata”.

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LA LISTA DE VERBITSKY (2)

Batallador infatigable, periodista temido y respetado, el autor aporta los nombres de un centenar de empresarios y afines  que fugaron más de 2.500 millones de dólares en desmedro del país que les permitió pingües ganancias, en especial con Macri en el gobierno. Todos compraron y fugaron dólares, incluyendo un empleado de misiones especiales de un gran diario argentino.

Por Horacio Verbitsky

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MILES DE MILLONES DE NIÑOS



Por Vijay Prashad | 27/06/2020 | Mundo

Fuentes: CounterPunch - Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández - fotografía: amslerPIX / CC BY 2.0
El “gran cierre” persiste mes tras mes. El virus prosigue su marcha por todo el mundo; la enfermedad continúa infectando personas y arrancando vidas. La incertidumbre nos afecta a todos, sin saber si se ha alcanzado el pico de la enfermedad y si el “gran cierre” se levantará pronto y si lo hará lentamente. En lugares como Brasil, India y Estados Unidos, gobiernos irresponsables e incompetentes están ansiosos por abrir todos los sectores para impulsar la actividad económica; no parecen preocuparse por romper la cadena de la infección. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo que quería que las pruebas se ralentizaran, una peligrosa declaración que va en contra de todos los consejos de la Organización Mundial de la Salud. No tiene sentido terminar con el “gran cierre” si la apertura no va a conseguir más que seguir infectando a las personas y evitar un final adecuado de la pandemia.

Hay cifras inmensas de víctimas de este “gran cierre”. Los ingresos se han derrumbado para la mitad de la población mundial, mientras que las tasas del hambre van en aumento. Pero hay otras bajas, otras víctimas, de las que a menudo nos acordamos menos.

Brecha digital

Los padres de todo el mundo se han visto sorprendidos por el cierre de escuelas. Sus hijos han tenido que permanecer en casa, experimentando con diferentes formas de educación en el hogar. Las escuelas han cerrado en 191 países, con al menos 1.500 millones de estudiantes y 63 millones de maestros de primaria y secundaria fuera de las aulas. Donde se dispone ampliamente de Internet, los niños han podido seguir sus estudios a través de plataformas digitales, aunque el carácter de ese aprendizaje pueda ser dudoso. La concentración ha disminuido y la profundidad de la experiencia educativa se ha vuelto superficial.

Donde no se dispone de Internet, los niños no han podido continuar con sus estudios. Un estudio de UNICEF de 2017 mostraba que el 29% de los jóvenes en todo el mundo no disponen de conexión con Internet; en el continente africano, el 60% de los niños no están conectados, en comparación con el 4% de los niños europeos.

Muchos de esos niños pueden conectarse a través de un teléfono haciendo uso de datos celulares que les resultan muy costosos; no tienen ordenador ni conexiones inalámbricas a Internet en el hogar. Un estudio reciente de la UNESCO descubrió que la mitad de los niños que no están en un aula, es decir, 830 millones de estudiantes, no tienen acceso a un ordenador; más del 40% de los niños no tienen Internet en casa. En África subsahariana, casi el 90% de los estudiantes no tienen ordenador en casa y el 82% no puede conectarse a través de banda ancha. La brecha digital es real y continúa impactando en las oportunidades educativas de los niños durante esta pandemia.

No está nada claro que estos niños puedan regresar a la escuela pronto. Se están estudiando formas creativas para continuar el aprendizaje a distancia, como el uso de estaciones de radio y canales de televisión comunitarios. Pero no ha habido voluntad de imponer un mandato para una programación educativa en canales privados de televisión y emisoras de radio.

Violencia

En junio, la OMS, junto con otras agencias de la ONU, lanzó un estudio trascendental: «Informe Global sobre la Prevención de la Violencia contra los Niños 2020». Lamentablemente, este estudio, como la mayor parte de las informaciones sobre la situación de los niños en nuestro tiempo, no ha recibido prácticamente la cobertura de los medios.

Los datos sobre la violencia contra los niños antes del gran confinamiento son impactantes. Uno de cada dos niños de 2 a 17 años sufre cada año alguna forma de violencia. Un tercio de los estudiantes entre las edades de 11 y 15 años fueron intimidados por sus compañeros durante el último mes, mientras que aproximadamente 120 millones de niñas han sufrido algún abuso sexual antes de los 20 años (es importante tener en cuenta que no hay números globales sobre las tasas de violencia sexual contra los niños). El informe ofrece la primera cifra mundial de homicidios en niños menores de 18 años; en 2017: 40.000 niños fueron víctimas de homicidio. Existen leyes en el 88% de los países del mundo que prohíben todas estas atrocidades; sin embargo, las tasas de información son bajas, y en al menos el 47% de los países, esas leyes se aplican de forma miserable.

El estudio de la OMS dice que las tasas de violencia contra los niños han aumentado durante la pandemia y que tal violencia “va a tener, probablemente, consecuencias negativas duraderas». En muchos países, como Estados Unidos, hay una disminución en la notificación de casos de abuso infantil a los servicios de protección infantil. Esto, argumentan los autores del estudio, se debe a que los “proveedores esenciales de servicios comunitarios, como los maestros, trabajadores sociales, enfermeras, médicos, que en circunstancias normales reconocerían los signos de abuso, ya no tienen contacto directo con los niños y, por lo tanto, no pueden denunciar las sospechas de abuso”. En el Reino Unido, las llamadas a la Sociedad Nacional para la Prevención de la Crueldad contra los Niños han aumentado en un 20%.

Las restricciones al movimiento, desempleo, aislamiento, hacinamiento y otros factores, señala el informe, “han aumentado los niveles de estrés y ansiedad en padres, cuidadores e hijos”. Para aquellos hogares donde la violencia familiar es ya un problema, es un escenario de pesadilla. “Las medidas para quedarse en casa han limitado las fuentes habituales de apoyo para familias e individuos, ya sean amigos, familiares o profesionales, erosionando aún más su capacidad para hacer frente con éxito a las crisis y nuevas rutinas de la vida cotidiana”. En su artículo en The Atlantic, Ashley Fetters y Olga Khazan dicen que esta es “la peor situación imaginable para la violencia familiar”.

Soluciones

Mientras el “gran cierre” prosiga, no hay buenas soluciones para la brecha digital o la violencia dentro de los hogares. Sin un sector público robusto que invierta en el acceso gratuito y universal a Internet y proporcione un ordenador a cada niño, no habrá un avance real sobre la brecha digital.

Del mismo modo, a menos que los gobiernos transformen sus sistemas de salud pública y sus programas de trabajadores sociales para que puedan tener un contacto frecuente con los hogares de las comunidades, no habrá una forma real de identificar casos de abuso infantil para proteger a los niños.

Ninguna privatización o filantropía puede resolver los problemas de la brecha digital y la violencia contra los niños. Lo que se necesita son programas bien financiados por un Estado descentralizado pero fuerte, con wifi gratuito y oficinas de salud pública y trabajo social en el vecindario. En un mundo posterior a la COVID-19, tales demandas políticas deberían estar en boca de todo el mundo. Es el único enfoque que podrá brindar protección a los niños.

Vijay Prashad es historiador y periodista, de origen indio. Ha sido profesor del Trinity College y actualmente es director del Instituto Tricontinental en Delhi. Es autor de numerosas obras, entre ellas: The Darker Nations: A People’s History of the Third World and The Poorer Nations: A Possible History of the Global South, No Free Left: The Futures of Indian Communism (New Delhi, LeftWord, 2015) y Red Star Over the Third World (LeftWord, 2017).

Título: Miles de millones de niños castigados por la pandemia

Fuente: www.counterpunch.org, 23/6/2020.

 

Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelión.org como fuente de la misma.

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LOS VIENTOS DEL SUR TRAERÁN PLATA

Periodista y director de la radio Puerto Madryn, Chubut, patagónico de raíz y alma (el que manejaba el auto con colegas en la fuga de los guerrilleros de la cárcel de Rawson, 1972) *, es un impulsor de la industria eólica que va más allá de turbios episodios (Macri/Tévez). Una industria post pandemia que genera recursos y purifica el aire. La Patagonia, una Kuwait del viento.

Por Héctor Gabriel “Pepe” Castro

Las energía eólica tiene una estrecha relación con la producción de hidrógeno. Por su casi nulo impacto ambiental, ambas energías están entre los principales combustibles del futuro. El consumo masivo de energías fósiles irá disminuyendo debido a lo que provocan y lo que ello representará para las regalías hidrocarboníferas que hoy sostienen a las provincias patagónicas.

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