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SIN MATRIZ NO EXISTE MODO DE HACER PATRIA

Los argentinos no estamos condenados al fracaso sino históricamente azonzados, base ésta del análisis aquí formulado. La ideología incompleta del alma nacional y la importancia de las fuerzas armadas nacionales.

Por Carlos Aníbal Balmaceda

Somos una colonia. Un país a medio hacer. Por lo tanto, somos gente a medio hacer. Ninguna expresión industrial, artística, económica, intelectual, militar, puede alcanzar más vuelo que el que tienen las iniciativas individuales.

En ese contexto, los que se han destacado lo han hecho contra toda previsión y ayuda. Eso no es bueno, aunque nos terminamos creyendo, que, por hacerse contra viento y marea, en esos logros radicaba el genio argentino. De ahí al individualismo consagrado como ética personal y rasgo nacional, hubo un paso.

Sin matriz no hay patria, sin patria no hay argentinos completos. Por eso somos una media sombra, un alma errante, un proyecto flojo de papeles en nuestras vidas.

Cada tantos años una 1050, un corralito, un Rodrigazo te puede poner culo al norte. Por eso el signo del escepticismo, de la desconfianza, y sus expresiones cotidianas, el cinismo y el sarcasmo, son bandera aquí.

De paso, el poder ha inventado unos bonitos esclavos funcionales; hacen berrinches, protestan, tienen grandes aires, cuestionan pero solo lo disruptivo, afirman con definiciones tajantes, hablan fuerte. El sujeto ideal para sostener un proyecto de dependencia, que no quiere mirar sus grilletes en los pies mientras los disimula y camina como haciendo gambetas.

Somos siempre un poco otarios y un poco bobos. Jauretche, como siempre, lo dijo mejor que nadie: somos zonzos, pero no estamos condenados por biología, destino o fatalidad a serlo, sino que estamos históricamente azonzados por las clases dominantes.

Las zonceras suelen ser prejuicio y también ignorancia lisa y llana. Una zoncera que ha surgido con la emergencia del ARA San Juan es que las Fuerza Armadas no sirven para nada. Arraigada en el sentido antimilitarista que nos dejó la última dictadura, nos negamos por completo a todo lo que huela a verde militar.

Y les diré algo; por años fui el más prejuicioso en ese sentido. Yo hice el servicio militar durante la Guerra de Malvinas, vi lo peor de ese ejército que de sanmartiniano no tenía nada. Sufrí, me humillaron, vi la inutilidad de esa arma entrenada para la ocupación

De hecho, nos entrenaban para algo que se llamaba "combate en localidades", es decir, funcionar como un ejército de ocupación.

Conocía historias espantosas, asistí al mayor de los sadismos en los cuerpos de pibes de 18 años. Y además salí de allí como un soldado derrotado que no tiró un solo tiro.

La zoncera histórica, mi azonzamiento, me llevó a no distinguir -porque no sabemos, porque no nos enseñan, porque nos aturden, porque para convertirte en argentino tenés que atravesar una larga cadena de lugares comunes, tonterías, prejuicios, ideas compradas afuera, sazonadas con soberbia, con mucha soberbia-, la importancia de las Fuerzas Armadas en un país soberano.

Y confieso que tal vez esta semana, esa zoncera recién se me haya empezado a atenuar.

Almas bellas, gente progre, pensamientos livianitos que van apenas por arriba de las cosas, nos sitúan en una ideología crasa: lo militar es violento, lo militar es malo, hay que aspirar a la paz.

El kirchnerismo, esa ideología afectada por varias de esas cuestiones, también lo sufrió. Porque el kirchnerismo es la ideología incompleta e insuficiente de un alma nacional incompleta e insuficiente Atravesar esos años bajo ese paraguas ideológico nos llevó a desatender esta cuestión, qué digo desatender, en mi caso, a ni siquiera tenerla en cuenta.

Y leyendo a compañeros que saben, que entienden, hasta me da un poco de vergüenza "caer" en la cuenta.

Aprovechemos las ventajas de la derrota para desapegarnos de tanto kirchnerismo explícito que no es otra cosa que nuestras propias taras socialdemócratas, alfonsinistas, progresistas, de centro izquierda y hasta troskas, y situarnos en el pensamiento nacional y popular.

Sin olvidar que este país se creó alrededor del ejército, que fue un ejército creado aquí el que liberó medio continente, como dice la marcha, que la integración inmigrante se dio a través del ejército, que Rosas y Perón fueron militares, pero que Savio y Mosconi, destacados promotores de la industria, también lo fueron, que lo militar está unido a la defensa, la soberanía, la estrategia, la inteligencia, la ciencia y la técnica.

Si no podemos todavía sentir orgullo frente al paso de un "ejército popular" como cantaría Víctor Heredia, es porque todavía no creamos la patria, porque seguimos siendo tan insuficientes, incompletos y colonizados. El argentino se está haciendo, como la patria, ármense de paciencia y pongan manos a la lucha que es lo mejor y más digno que nos puede pasar.