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PELEAS POR AFUERA Y ACUERDOS POR ADENTRO

La pelea por el subte abrió una serie de acuerdos turbios en la Legislatura entre el gobierno de Cristina Kirchner y el gobierno de Mauricio Macri. Franco Macri y la depredadora ambiental IRSA, están felices.

Por Armando Vidal

Más allá de que quien escribe comparte la necesidad de que no haya coronitas en la plena aplicación de la ley de medios, hay otros asuntos que transcurren al margen en la Ciudad de Buenos Aires y que conciernen a nuestros barrios.

 Por principio, Mauricio Macri siempre ha aparecido por la zona en un plano esfumado, siendo que su gran salto a la política se lo dio el club más popular de la Argentina, gracias a la ayuda inestimada de quienes hace veinte años fueron a buscarlo en la doméstica pelea que sostenían contra Alegre-Heller.

Un dúo éste al que nunca se le hubiera ocurrido poner el nombre de Alberto J. Armando al estadio en desmedro del que llevaba, Dr. Camilo Cichero, el presidente de Boca Juniors que construyó esa joya arquitectónica –que ya no lo es tanto por las reformas introducidas por Macri-, inaugurada en 1940.

Armando dejó sus sueños truncos en la Ciudad Deportiva, una obra de mediados de la década del sesenta, en tiempos en que el intendente era el radical Francisco Rabanal, sin otra planificación que la del entusiasmo, al punto que no preveía formas de acceso en materia de tránsito.

No se hablaba entonces de impacto ambiental, requisito sustancial hoy, aunque no tanto para Macri, hijo putativo de Armando, según lo demostrado con las construcciones en Casa Amarilla y la plazoleta Elisa Brown, atención del Estado porteño al banco inglés HSBC, todavía en veremos.

Es un asunto pesado por las implicancias y consecuencias en las que nadie se detiene a pensar, tomando en cuenta que lo único que hace IRSA es alterar la naturaleza en beneficio de una élite sobre terrenos ganados a un río de incierto destino.

Por un lado, algunos especialistas dicen que en años no lejanos el Plata será un lodazal ante la asfixia de las aguas con las represas brasileñas y argentinas en el norte, en tanto otros promueven la construcción de muros por el creciente aumento del caudal de los océanos.

Pues justo allí, como en Vicente López y en Puerto Retiro, IRSA tendrá en sus manos la ilusión que pagaron con sus bonos los socios e hinchas de Boca.

No es una paradoja: es la historia misma de la ciudad del puerto mal construido por Eduardo Madero, en lugar de la propuesta de Luis Huergo de hacerlo en las aguas más profundas de La Boca del Riachuelo.

A ello se suma, la curiosa iniciativa del Gobierno nacional de construir un polo audiovisual en la isla Demarchi, impensado lugar que abre al norte el barrio de La Boca y que es asiento de los peritos del río, con sus máquinas, remolques y herramientas, donde se hallan también los astilleros Tandanor (recuperado por sus trabajadores) y Pedro Domec García (de la Armada), la Central Costanera y la escuela náutica creada por Manuel Belgrano. ¿Por qué allí?

A ello, se suma la decisión de vender los terrenos del ferrocarril en otras áreas de la ciudad, que resultan imprescindibles para los talleres si, en verdad, pretendemos recuperar esa fuente de soberanía, como la definió Raúl Scalabrini Ortiz.

“Es el momento de invertir en la región” acaba de declarar a La Nación, Donald Trump.

Lo único que nos faltaba.

Volanta y título: Del palco a la calle/ Acuerdos que bajan del norte

Fuente: www.surcapitalino.com.ar, diciembre 2012.