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GRAN INQUIETUD ANTE LA FALTA DE IDONEIDAD

El historiador y político socialista,  representante de la generación que encausara los grandes acuerdos para salir de las dos últimas dictaduras (el único  con vida en el caso de los años setenta), dice que los miembros del gobierno macrista son tan de derecha como los de antaño, pero con la diferencia de ser "ineptos e incultos". Y da ejemplos de la Década Infame. 

Por Víctor O. García Costa

Ya lo teníamos escrito cuando escuchamos y vimos su discurso de apertura del nuevo período de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación. Nos ratificó en todas nuestras apreciaciones. Una enorme pobreza intelectual y política. Del proyecto, ni una letra. Sólo enunciados, sin cómo ni cuándo. Se lo llama “macrismo” para identifica rla actual gestión de gobierno pero en rigor de 

verdad el “macrismo” no existe y no creemos que pueda existir más allá del intencionado bocinazo mediático de Clarín, La Nación y sus adláteres.

Para existir tendría que reunir algunas características ideológicas y culturales propias y distintivas, aportadas por quien le daría la justificación de la denominación: Mauricio Macri ( 1959 - ), que evidentemente no tiene, como sí las tuvo el yrigoyenismo, con Hipólito Yrigoyen (1852/1933), y más aún, el peronismo con Juan Perón (1895/1974).

Pensar en la comparación, por si solo, ya es un exceso.

Por eso no existe y no parece posible que llegue a existir. Es, a lo sumo, la fachada o nuevo rostro político de la derecha conservadora contemporánea, carente desde hace mucho tiempo de la posibilidad de estar representada por un Partido Conservador como los que existieron hasta la primera mitad del siglo XX, al punto de habérsele reconocido, apropiada o inapropiadamente, el carácter de una Generación.

Ni siquiera se sienten capaces de soportar el admitir que, en rigor de verdad, son conservadores.

Los partidos conservadores, como hemos dicho, la representación política de las clases dominantes, fundamentalmente de la oligarquía agrícologanadera vinculada al imperio de turno, contaban, no obstante, con personalidades destacadas, esencialmente tan cultas como reaccionarias.

Un ejemplo es nuestro primer premio Nobel, el doctor Carlos Saavedra Lamas (1878/ 1959), político, jurista y diplomático. O Julio A. Roca, Julito, hijo del dos veces presidente general Julio Argentino Roca, y vicepresidente él mismo, que dejó su dolorosa huella en el famoso pacto argentino-británico Roca-Runciman, verdadero Estatuto del Coloniaje, emblema de la década infame representada por ellos.

No es el caso de la actual derecha conservadora, tan reaccionaria como aquélla, pero mayoritariamente inepta e inculta, que se presenta tras la fachada de macrismo.

Es cierto que hubo antecesores de esa derecha que tampoco llegaron a constituir un “ismo”, como la encolumnada tras el ministro Domingo Cavallo (1946 - ), que mandó a los científicos argentinos a lavar los platos (24/9/94).

A ese envío se sumaron otros de no muy alto nivel intelectual: bastará recordar que cuando se lanzó al espacio el ARSAT 1 (16/10/14), totalmente argentino, Mauricio Macri calificó la política espacial argentina como un “despilfarro”, aduciendo que “se generan empresas satelitales que no funcionan" lo que era, además de una muestra de ignorancia, una absoluta falsedad.

Su par, candidato presidencial por el Frente Renovador y acompañante a la reunión empresarial de Davos, Sergio Massa (1972 - ), por el mismo camino y similares aptitudes intelectuales, en ocasión de ser lanzado ese ARSAT 1 al espacio, calificó el hecho como “poner una heladera en órbita”, lo que muestra la obsesión cocineril y culinaria de la derecha nativa contemporánea, producto de la ignorancia supina y enciclopédica de sus representantes.

Casi como un remate, el ingeniero Mauricio Macri, hace pocos días, al inaugurar como reserva un humedal, reconoció públicamente y sin vergüenza que hasta ese día no sabía lo que era un humedal.

En noviembre de 2015, en plena campaña electoral, el candidato Macri afirmò: ''¿Qué es esto de universidades por todos lados? Obviamente, muchos más cargos para nombrar. Acá hay que hacer más jardines de infantes. Acá falta que todos los chicos tengan la oportunidad de ir al jardín de infantes. Basta de esta locura", a lo que se sumó Pablo Tonelli, diputado del PRO y aterrizado de urgencia en el Consejo de la Magistratura que, en diálogo con la Rock & Pop, remachó: "La educación no se arregla creando universidades por todos lados para que después no haya profesores".

Y continuó: "No queremos universidades donde los graduados sientan que su titulo no vale nada". Una verdadera monstruosidad.

* La idoneidad mancillada

Vista esta enorme provisión de barbaridades, nos hemos propuesto registrar en un libro esa verdadera Cronología del disparate, absolutamente documentada y en la que quedarán al desnudo los casos de evidente falta de la idoneidad que exige la Constitución Nacional para ocupar cargos públicos.

Recordemos el artículo 16. “La Nación Argentina no admite prerrogativas de sangre, ni de nacimiento: no hay en ella fueros personales ni títulos de nobleza. Todos sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad. La igualdad es la base del impuesto y de las cargas públicas”.

Parece ser una cosa simple, pero ¿qué es la “idoneidad”? Gramaticalmente, Idoneidad es un sustantivo femenino que, etimológicamente, deriva del término en latín, idoneitate, que expresa la calidad de lo idóneo, lo adecuado, y también significa capacidad, aptitud, calificación, habilidad y competencia. La voz idóneo apareció hacia 1449, tomada del latín idonéum, que significa adecuado, apropiado. De ésta derivó aquélla, algo más tarde. Reconocemos que el tema de la idoneidad no es una cuestión sencilla y que tiene sus riesgos.

El primero es el peligro de caer en la vulnerabilidad de la igualdad, citada positivamente en el mismo artículo. Pero a poco que se atienda y entienda que para determinadas funciones la idoneidad indispensable comienza en la mayoría de los casos, con la detentación de un determinado título habilitante, la exigencia de idoneidad rápidamente se explica. No se puede ser juez si no se es abogado, pero eso no basta o no debería bastar.

Tampoco se puede ser director de un Hospital si no se es médico, aunque eso no basta ni debería bastar. Mucho menos se puede construir un edificio de más de determinado número de pisos, si no se posee el título universitario de arquitecto o de ingeniero civil, aunque eso no baste o no debería bastar.

Tampoco estamos magnificando el título universitario, más allá de su carácter meramente habilitante, porque luego hay que llenarlo de conocimientos y de experiencia para que ese título sirva profesionalmente. Está a la vista que, algunas veces, si se lo tiene, no sirve. Hemos conocido sabios que apenas tenían 6º grado.

Cuando observamos que se habló de pobreza 0 y en 60 días se generó 1.000.000 de pobres.

Cuando se afirmó que había tres detenidos y no era cierto, que otro había sido detenido en Paraguay, lo que tampoco resultó cierto.

Cuando se pretendió elegir miembros de la Corte Suprema saltándose olímpicamente el requisito del Senado.

Cuando se dijo que la devaluación no iba a influir en los precios y los hizo estallar.

Cuando se dice que se ha solucionado el problema del impuesto a las ganancias y, como consecuencia, ahora son muchos más los que están obligados a pagarlo.

Cuando se piden sanciones para un país hermano, sin respaldo jurídico de disposición estatutaria internacional alguna.

Cuando se reprime la protesta social encubriendo la acción con artilugios y maniobras pseudolegales,  y cuando que se propone un acuerdo docente e inmediatamente se reniega de lo que se propuso.

Cuando pasa todo éso, admítase que hay una evidente falta de idoneidad.

Una falta de idoneidad, absolutamente peligrosa para la salud de la República, lo que nos preocupa seriamente.