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LA CORRUPCIÓN, MATA

La corrupción, enfermedad incurable hasta el momento en la Argentina por falta de justicia, aparece aquí reflejada en números de causas y su grosera desproporción con el de las condenas. Ahora van cayendo sobre María Julia. ¿Y los centenares de otros casos?  El autor de este artículo, varias veces distinguido por su tarea, advierte que la corrupción también mata.

Por Daniel Santoro

En un país donde hay unas 700 causas de corrupción abiertas y solo tres condenas, la nueva sentencia contra María Julia Alsogaray es una grieta en la pared de la impunidad que han construido algunos políticos y algunos jueces.

Desde 1983 hasta ahora, se estima, que los corruptos le han robado al Estado 13 mil millones de dólares y, sin embargo, solo están condenados Carlos Menem por la venta ilegal de armas a Ecuador y Croacia y la ex ministra de Economía Felisa Miceli por la bolsa con dinero encontrada en su baño.

María Julia privatizó en forma más que irregular ENTEL y SOMISA y luego fue secretaria de Medio Ambiente de Menem hasta 1999.

Provenía de la UCEDE, el partido que fundó su padre Alvaro Alsogaray que se alió con el ex presidente cuando aquel viró hacia el neoliberalismo.

Su tercera condena abre una serie de preguntas: ¿Es justo que sea la única ex funcionaria menemista condenada?, ¿Qué pasó con otros menemistas denunciados en los 90 como el ex titular del PAMI Víctor Alderete o el ex secretario General de la Presidencia Alberto Kohan?, ¿La condenan porque no era peronista y es mujer?

No es justo que sea la única condenada pero sus tres sentencias están fundadas en pruebas.

Alderete y Kohan estuvieron procesados, pero el primer espera turno para ir a juicio oral y el segundo fue sobreseído por enriquecimiento. La clave de por qué no hay otros condenados es porque han logrado mantener esa pared de impunidad con presiones sobre jueces vulnerables o pagando los estudios de abogados más caros que logran que las causas prescriban por el paso del tiempo o se anulen por formalidades.

 Y esto pasa porque un sector de la sociedad a la hora de votar considera que hay políticos que “roban pero hacen” como si fuera algo inofensivo.

Desgraciadamente, solo la Tragedia de Once comprobó que la corrupción también mata, no solo le roba a un estado bobo.

Fuente: Clarín, 22/4/14.